La tragedia ferroviaria de Urda (Toledo) ha vuelto a poner de manifiesto la solidaridad de quienes no dudan en ayudar cuando más se les necesita. Los primeros en socorrer a las víctimas del choque entre un AVE y un Iryo fueron los vecinos de esta pequeña localidad toledana, de 2.454 habitantes. Entre ellos estaba Antonio García, el farmacéutico del pueblo, que se volcó con los heridos. Salió corriendo y llegó al lugar de los hechos sin saber a lo que se enfrentaba. Según ha contado él mismo en el programa Mañaneros, de Televisión Española, apareció "con las manos vacías". Ante la magnitud del accidente, regresó rápidamente a su farmacia para coger material y avisó a sus familiares para que le acompañaran. Lo que vio allí fue dantesco, nunca lo olvidará. Pero sus calmantes aliviaron el dolor de las víctimas y sus caricias les proporcionaron cierta calma.
"Fui a ver qué estaba ocurriendo. Cuando llegué allí, al principio vi una cosa muy leve: no había coches ni ambulancias. Sin embargo, vi a los dos trenes parados y la curiosidad me llevó a acercarme a la cabina del AVE. Conforme iba avanzando, iba viendo a más afectados y de mayor gravedad. Pero cuando llegué a la hipotética cabina, porque allí ya no había cabina, era un amasijo de hierros, de cadáveres y de gente moribunda, aquello era dantesco", ha contado.
Antonio ha recordado que en el lugar de los hechos "había un silencio sepulcral". "Quizás porque no tenían fuerzas para hablar, algunos movían las manos entre cadáveres de otros", ha lamentado. "Aquello me derrumbó. Me derrumbó también un señor, una víctima, que se estaba despidiendo de su familia. Le coloqué la cabeza un poco para que pudiera estar más cómodo, sin tocarle mucho. Y cuando dijo esas palabras de 'Dios es bueno', yo creo que Dios hoy ha hecho un milagro, porque el señor me ha llamado para decirme que estaba vivo", ha dicho entre lágrimas.
A la ayuda de Antonio se suma la de Cruz, concejal y carnicero de Urda. Él también tuvo un papel destacado en los primeros instantes del choque de trenes. Según ha contado en Canal Sur, en cuanto se enteró de lo sucedido se trasladó al pabellón del pueblo para ver qué necesitaban los afectados. "Nos pusimos en contacto con un bar del pueblo, preparamos pollo, jamón, hicimos caldo... la solidaridad ha sido increíble. No ha faltado nadie del pueblo a la cita de ayudar. Ha colaborado todo el mundo", ha relatado. Entre lágrimas, ha recordado la imagen que más le impactó, la de "un señor que vino a buscar a su mujer, parecía un alma en pena dando vueltas, eso es impresionante".
José Miguel Fernández, párroco de Urda, se encontraba en Toledo en el momento del accidente y no dudó en trasladarse inmediatamente al pabellón municipal de su pueblo para consolar a las víctimas. En un momento así, según explicó en Onda Cero, lo único que podía hacer es estar a su lado. "No hay palabras de consuelo, sí hay palabras de cercanía, de acompañarles, de hacerles sentir que no estaban solos, que sintiesen ese abrazo de amor de Dios", ha dicho. Tal y como ha recordado, los familiares de los desaparecidos "me pedían que rezara para que estuvieran vivos". "En esos momentos, aunque no seas muy creyente, todos miramos al cielo y pedimos esa necesidad tan imperiosa que estamos buscando".
Pepa Muñoz, chef de World Central Kitchen, en Urda
La ONG World Central Kitchen, fundada por el chef José Andrés, ha desplegado su solidaridad en Urda, donde reparte comida entre los numerosos efectivos que participan en las labores de emergencia. Desayunos con chocolate y churros, bocadillos, platos calientes, fruta o bollería: el objetivo es ofrecer sustento a los equipos de rescate. "Estamos en la zona de Urda para atender a los servicios de emergencia de la catástrofe que ha acontecido en el choque de trenes. Estaremos aquí ayudando a la comunidad afectada, apoyando a los familiares como siempre, con comida, con café caliente, con agua, con fruta y con todo nuestro cariño", ha dicho Pepa Muñoz, chef de World Central Kitchen.
Récord de donaciones de sangre
La solidaridad también se ha hecho patente en los puntos de donación de sangre, donde cientos de personas han acudido para ayudar a las víctimas del accidente de Urda. El llamamiento urgente movilizó a la ciudadanía y se tradujo en una respuesta multitudinaria: los centros de transfusión de Castilla-La Mancha recogieron 2.000 donaciones en un solo día. Pero se necesitan más. Así lo ha confirmado el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page. "Quiero transmitirles un agradecimiento personal y muy sincero a toda la gente que, a título personal, se ha volcado, empezando por el récord absoluto de donaciones. Aprovecho para decirle a la gente que tenga interés, y lo pedimos de verdad, que siga donando, que lo haga en los siguientes días, por la caducidad de las plaquetas, que es de cinco días, y porque, por tanto, se va a seguir necesitando sangre", ha declarado.








