Gustavo Oliva ha fallecido este lunes a los 58 años tras una larga batalla contra un cáncer colorrectal con metástasis en hígado, bazo y numerosos ganglios. La vida del histórico jugador y entrenador de pádel, referente de esta disciplina en Cataluña y en España, se apagó al mediodía, después de que los facultativos lo sedaran por la mañana, según ha informado el diario La Vanguardia. El velatorio se abrirá mañana martes a las 12 h en la Funeraria de Terrassa y la ceremonia de despedida se celebrará el miércoles a las 11 h en la Catedral del Sant Esperit de Terrassa, su ciudad de origen y donde residía junto a su familia.
El sentido homenaje de Álex Corretja
Uno de los primeros en despedir públicamente a Gustavo Oliva ha sido el extenista Álex Corretja, con quien le unía una profunda amistad. El exnúmero dos del mundo ha querido recordar al histórico jugador y entrenador de pádel como una persona excepcional, dentro y fuera de las pistas. "Se ha ido un gran ser humano, un gran amigo y un gran profesional. Te echaremos mucho de menos", ha escrito Corretja en un mensaje cargado de emoción y respeto. Sus palabras reflejan la cercanía que mantenían ambos deportistas, unidos por años de amistad y por su pasión por el deporte de raqueta.
Corretja ya se había mostrado muy cercano a Oliva cuando este anunció, el pasado 7 de octubre, que su enfermedad se encontraba en una fase irreversible. Entonces le dedicó unas sentidas palabras: "Es difícil encontrar palabras para un momento tan triste. Te vamos a extrañar mucho, pero mantendremos todo lo vivido y aprendido de ti. ¡Gracias por tu amistad!".
Su última entrevista
Gustavo Oliva había hecho pública su situación el pasado 7 de octubre, cuando compartió una emotiva carta de despedida en la que reconocía que "su vida en la Tierra llega a su fin en breve". En el mensaje, escrito con una serenidad conmovedora, agradeció a su familia, amigos y a todas las personas que habían formado parte de su camino, y subrayó lo afortunado que se sentía por haber vivido una vida muy completa y feliz. Hace apenas unos días Gustavo concedió una última entrevista al diario La Vanguardia cuando no sabía el tiempo que le quedaba de vida. Desde la Unidad de Cuidados Paliativos del hospital Pere Virgili, en Barcelona, respondió con la intención firme de concienciar a la gente sobre la importancia de hacerse las revisiones a tiempo, ya que consideraba que, de haberlo hecho, no estaría en estas circunstancias. "Si mi mensaje sirve para salvar una sola vida, ya me doy por satisfecho", decía el reconocido deportista.
Oliva admitió que cuando conoció el diagnóstico sí sufrió, sin embargo poco tiempo después dejó de hacerlo. Por eso pudo escribir, desde el hospital, la publicación que se difundió masivamente, enseguida sus hijas le dijeron que llevaba miles de likes, una barbaridad. Pero las cifras no son lo que le importaba, a él le interesaba salvar vidas.
La paz de ver felices a sus hijas
Su voz, según la entrevista, era firme y serena. Hablaba de Imma, su mujer, con un amor profundo, y de sus dos hijas, de 33 y 30 años. "El ver a mis dos hijas felices, el ver que las cosas les van bien, me ha ayudado a sentirme en paz", confesaba. Pero al mismo tiempo había algo que le entristecía profundamente y era saber que no llegaría a ser abuelo. "Lo único que me entristece es que no llegaré a tiempo de ser abuelo. Cada día estoy más débil, llevo días despidiéndome de todos, así nos hemos ido haciendo a la idea".
Gustavo Oliva no sentía miedo, en absoluto. "He tenido tiempo para prepararme, he tenido conciencia de todo, he hecho mil cosas junto con la familia". Según los médicos, el deporte le había hecho llevarlo mejor. Él decía que, de haber tenido unos padres más afines al deporte, y no tanto por los estudios, podría haber sido buen tenista. Pero estudió Esade, se casó pronto, vino su primera hija y con todo ello dejó el deporte hasta que alcanzó los 30 años... Luego le empezaron a hablar del pádel. Lo probó, se aficionó y a los 40 años estaba en el Top 10 catalán.
"Fue culpa mía"
Con total sinceridad, también admitió que estar enfermo era culpa suya: "Fue culpa mía. Y por eso quiero ayudar a todos los que pueda ayudar". Explicó que la prueba de cribado de cáncer de colon es sencilla y que la Generalitat la facilita a partir de los 50 años. Él recibió el kit, pero lo pospuso. " Al cumplir los cincuenta años recibí el tubo y podía recoger una muestra de heces e ir a la farmacia, pero me dije: ‘Ya lo haré’. Y no lo hice. Y tampoco lo hice a los 52. Hasta que un día, al volver a Barcelona, fui con mi mujer a urgencias", recordó Oliva.
"Me hicieron la analítica y una muestra de orina y a los tres días me dijeron: ‘Ven corriendo’. Ya era tarde para la colonoscopia, la sonda no pasaba, tenía dos tumores enormes y riesgo de obstrucción intestinal y metástasis en el bazo, el hígado, ganglios infectados... Ya no había nada que hacer".
Un agradecimiento final
Oliva reconoció, ante todo, sentirse muy afortunado por haber vivido "una vida muy completa y feliz", y esto le ayudó a marcharse con una paz y tranquilidad que ni él mismo se hubiera imaginado. Al despedirse, solo quiso hacer una petición: "Por favor, subraye el excelentísimo trato que he recibido en todo momento desde todo el personal sanitario del Hospital de Terrassa, de la Vall d’Hebron y del Parc Sanitari Pere Virgili". La entrevista de La Vanguardia terminó con una frase sencilla y emotiva: "Así será, querido Gustavo".









