Fue el azar. O… no. En realidad, ocurrió por el algoritmo de una app. Una ecuación matemática. Un número. ¿El 111? Quién sabe. O a lo mejor tampoco fue eso… Quizás obró el destino. Por ese hilo rojo que, según una antigua leyenda de la mitología oriental, el dios Yue Xia Lao ata al meñique de las personas que están predestinadas a encontrarse y a enamorarse. Un hilo a veces larguísimo, de miles de kilómetros, que se puede estirar, tensar o enredar con el paso de los años, pero jamás se rompe. Esas almas están unidas y, más tarde o más temprano, acabarán cruzándose. Por eso la frase "lo que está destinado para ti se dará" tiene tanto sentido para ellas. Significa que tendrás aquello que realmente te corresponde.
Cuando Sandra Barneda y Pascalle Paerel eligieron el 10/10/2026 para darse el "sí, quiero", no hubo lugar para las casualidades. Lo hicieron con total convicción. Porque, si miran esta fecha, hay un 1, otro 1 y la suma de los dígitos de 2026 da como resultado 10. O sea, otro… 1. Y el número 111 es ese que simboliza la alineación espiritual, los nuevos comienzos, el fluir sin forzar. Una bendición. Porque así viven su amor. Como un don divino que ahora hay que cultivar. Sandra venía de una época triste, con el corazón "un poco partido", nos cuenta, y sin ganas de conocer a nadie que echara pegamento entre tanto añico para que comenzara a latir de nuevo, hasta que sus amigos la animaron a probar una aplicación de citas.
Ya saben, el signo de los nuevos tiempos para los corazones dañados o solitarios… Y allí apareció Pascalle. Grácil, luminosa, como un ángel. Aunque Sandra aún no lo supiera. Porque solo hablaron. Por escrito. Y no hubo nadie más. Enamorándose, como en otros tiempos: con "cartas" en donde daban rienda suelta a sus cosas, sencillas o con hondura, reviviendo aquellas pasiones antiguas de otras mujeres que no tuvieron la suerte de vivir con las puertas y ventanas abiertas: Virginia Woolf y Vita Sackville-West, Elizabeth Bishop y Lota de Macedo Soares, Frida Kalho y Chavela Vargas…
Sandra y Pascalle, de personalidades y estilos distintos, se sorprendieron de las similitudes entre sus vestidos: de Alvarno, para Sandra; de Rosa Clará, para Pascalle
"Fue… como encontrar una aguja en un pajar", nos confesaba la periodista sobre ese clic mecánico que un día cambió sus vidas para siempre. Pero hubo otro en que quisieron dejar aparte la pantalla para convertirse en carne y hueso. Y como en una comedia romántica de Doris Day, decidieron conocerse "en un punto intermedio entre Madrid y Ámsterdam. Nos encontramos en París. Y París nos unió".
Cuatro años y medio después de aquel primer abrazo, y a 1.346 kilómetros de distancia de la Torre Eiffel, este fin de semana nos encontrábamos celebrando su boda. Y, otra vez, el escenario elegido para declarar su amor incondicional tampoco era fruto del azar. Elegir Candeleda, en Ávila, en su casa, tenía todo el sentido: es su refugio natural, ese lugar donde una deja de ser la presentadora de La isla de las tentaciones y la otra la exbailarina de la Compañía Nacional de Danza de los Países Bajos; ese donde, tiempo atrás, Pascalle le pidió matrimonio a Sandra al atardecer y con una carta lacrada. Nos regalaban un trocito grandísimo de su intimidad. La boda de Sandra Barneda y Pascalle Paerel forma parte ya de nuestra historia. Porque si algo nos gusta en esta revista, es reivindicar el amor.
Las alianzas llevan en su interior una inscripción con un gran significado: la fecha de la boda Y la frase 'Non stop': "Nuestra propia forma de decir que nos amamos"
Todo ocurría alrededor de las 14:00 horas. En el jardín de la casa, bajo un abeto imponente. Comenzaba la ceremonia ante más de 150 invitados, entre familiares y amigos, llegados desde Holanda y distintos rincones del mundo. Y lo hacía con la mítica Over the rainbow, de Judy Garland como banda sonora. En primera fila, sus familias: Manon, la madre de Pascalle, por ejemplo, o la hermana de Sandra, Yolanda, y sus sobrinos Bruno, Andrea, Junior, Laia y Paula.
Sandra era la primera en recorrer el pasillo que separaba la casa del altar, del brazo de sus padres, Miguel y Blanca; minutos después, ahora con los acordes del clásico de Elvis Can’t Help Falling in Love, lo hacía Pascalle del brazo de su padre, Paul. Y lo que estaba a punto de suceder, sucedió: el abrazo entre las novias. Ante el aplauso de todos para, después, no poder desasir sus manos en ningún momento. Y en ese esperado cruce de miradas y caricias se descubría también el secreto mejor guardado de toda novia que se precie de serlo, y ¡teníamos dos! Sandra apostó por una creación de Alvarno.
Durante la ceremonia, hubo un recuerdo para Neo, el sobrino de Sandra que falleció recientemente. "No es una ausencia, sino una luz brillante", dijo Latre
El tándem compuesto por Arnaud Maillard y Álvaro Castejón confeccionó para ella un vestido en crepé triple drapeado y gasa de seda, con una capa con cuello drapeado que flirteaba con la estética disco. Pascalle, por su parte, confió en Rosa Clará. Fiel a su pasado como bailarina, la empresaria lució una lección de arquitectura minimalista de corte al bies, confeccionada en raso de seda, con una cola de dos metros de raso de seda y un velo de tul de seda de tres metros.
Alianzas y complicidad
Mientras sonaban las notas de Here Comes the Sun, Lana, la hija de Pascalle, caminó hacia el altar para llevar los anillos acompañada por Leo, el perro de ambas, que seguía sus instrucciones en holandés. Tal y como nos contaron las novias, las alianzas llevan una inscripción con un gran significado: "Non stop", "nuestra propia forma de decir que nos amamos".
Carlos Latre, amigo personal de las novias, era el encargado de ejercer de maestro de ceremonias, aunque fuera el alcalde de Candeleda, Carlos Montesino Garro, quien se encargara de oficializar la unión legal de la pareja. "Dos mujeres. Dos países. Dos idiomas. Una aplicación privada. Dos meses escribiéndote y ni una sola videollamada. Y después... París", relataba Latre, que bromeó sobre las dudas iniciales de Sandra, el retraso del tren de Pascalle y la fama de impaciente de Sandra que debió de "empezar a pensar si Pascalle existía de verdad...", bromeó el humorista.
Los invitados llevaban anudada una pulsera de hilo rojo para hacerlos partícipes de la conexión entre la pareja, unidas por el destino según una antigua tradición oriental
Pero también hubo lugar para los sentimientos, las promesas y el recuerdo. De hecho, el momento más emocionante se produjo cuando mencionaron a Neo, el sobrino fallecido de Sandra. En catalán, Latre señaló que "Neo no es una ausencia, sino una luz brillante". Después, Yolanda, hermana de la presentadora, tomó la palabra para volver a emocionar a la pareja: "Pascalle, eres casa para mi hermana, y sé que Sandra es casa para ti".
El hilo rojo y los votos
Pero antes del intercambio de promesas, invocaron al hilo rojo que unía a las protagonistas, con el que comenzábamos esta crónica, y que, en forma de pulseras, los invitados lucían en sus muñecas. Sandra tomaba después la palabra para recordar aquella primera frase con la que empezó todo: "Hi, love, how are you?". "Te prometo estar a tu lado cuando la luz del sol se te haga pequeña y los miedos no te dejen dormir —añadió—. Prometo cogerte de la mano para buscar el mechero que se perdió para volver a hacer fuego". Era el turno de Pascalle: "¿Cómo pudo ser que nos enamoráramos antes de conocernos? Eres la mujer más extraordinaria, talentosa y amorosa; nunca dejas de sorprenderme". Después, en castellano, se dirigió a los padres de Sandra: "Gracias por recibirme con tanto cariño... Prometo que estaré a su lado, que cuidaré de ella y que mi español va a mejorar".
De la mano y mirándose fijamente, ambas pronunciaron su "sí, quiero". "Que el corazón no se pase de moda, que los otoños os doren la piel. Que lo que unió París no lo separe nadie", cerraba Carlos Latre con versos de Joaquín Sabina. Solo quedaba… el beso. Tímido al principio, tierno, y luego, apasionado. Sonaban entonces The Ronettes y su Be My Baby. Comenzaba la fiesta y los pétalos de rosas y los aplausos eran el preludio de una celebración en la que Bodas Colorín se ocupó de recrear la sensación de una casa "para los de casa", natural, relajada e íntima.
Cumbre de amigos
Candeleda se convertía en un plató improvisado, también en el escenario de un teatro de ópera. En una gran reunión de amigos entre los que se encontraban Jorge Javier Vázquez; Ion Aramendi; Beatriz Archidona; Verónica Dulanto; Pepa Fernández; Terelu Campos y Carmen Borrego con su marido, José Carlos Bernal —que sufrió un desvanecimiento del que pudo restablecerse—; Alberto Herrera, y Xuso Jones, además de las actrices Marta Torné y Elia Galera y los diseñadores del vestido de Sandra y amigos, Alvarno. Sin olvidarnos de Paz Torralba, directora de The Beauty Concept, quien además ejerció de testigo de Sandra.
Ante más de 150 invitados, entre familiares y amigos, llegados desde Holanda y distintos rincones del mundo, las recién casadas hicieron su entrada en el convite entre vítores y el tema 'Sarà perché ti amo', de Ricchi e Poveri
Durante el cóctel, con la música en directo de Stereo Star Band, los invitados disfrutaron de una propuesta gastronómica con tapas clásicas revisitadas, como las esferificaciones de gilda, churros rellenos de gambas al ajillo o "panipuri" de sobrasada. Empezaba el banquete y la entrada de las novias al salón al ritmo de Sarà perché ti amo, de Ricchi e Poveri, fue apoteósica. Bajo el lema 15 maneras de decir te quiero / 15 ways to say I love you, cada una de las quince mesas rendía homenaje a la diversidad lingüística con la frase te amo escrita en 15 idiomas.
Llegaba el momento de mover el esqueleto. Pero cuando todos, incluso Sandra, pensaban que era su momento de salir a la pista con el clásico de Shania Twain Man! I Feel Like A Woman!, la presentadora se quedaba con la boca abierta: Pascalle, por sorpresa, interpretaba un espectacular número musical junto a diez bailarines. Porque de eso trata el amor, ¿no? De no dar nada por sentado. Cher decía que "el verdadero amor exige mantener el interés despierto y no conformarse nunca con el piloto automático". Va a ser que hay permitir que el azar haga de las suyas.
Hablamos con Sandra y Pascalle
¿Qué os ha llevado a dar el paso ahora?
SANDRA.—Creo que, simplemente, llega el momento. No hay un porqué concreto; es un conjunto de cosas que te hacen sentir que es ahora.
Pascalle.—Teníamos muchas ganas de casarnos mientras nuestros padres pudieran estar con nosotras. No queríamos esperar otro año.
¿Casaros estuvo siempre en vuestra cabeza?
S.—Casarme no era algo que tuviera siempre en mi cabeza. Sí hubo alguna tentativa anterior, pero no era algo que persiguiera. Ahora, quizá porque soy más mayor, entiendo cada vez más la belleza de ese compromiso y de ese momento. Es como un símbolo, como un clic: "Te elijo a ti".
P.—Siempre había soñado con tener hijos, pero no con el matrimonio. Todo cambió cuando Sandra me lo propuso. Por primera vez pensé: "Sí, contigo, querría". El sueño no era casarme; el sueño era casarme con ella.
¿Qué es lo que más admiráis la una de la otra?
S.—Muchísimas cosas. Tiene muchísimo talento y una determinación y una fortaleza mental enormes. Cuando se propone algo, va a por ello. Y admiro su humildad. Con todo el talento que tiene, no necesita demostrarlo.
P.—Está constantemente creando y pensando. Me encanta que no deje de sorprenderme. Pero lo que más admiro es lo realista y auténtica que se mantiene. A pesar de todo lo que ha conseguido, le encantan las cosas sencillas, la naturaleza, la familia y las amistades de verdad. Es cualquier cosa menos una diva.
Antes de su primer baile juntas, al ritmo de Shania Twain, Pascalle dejó a Sandra con la boca abierta con un número espectacular en el que la acompañaban diez bailarines
¿Qué cambia hoy al formalizar esta unión?
S.—Para mí es un símbolo de elegirnos y de seguir construyendo juntas, desde la solidez que da habernos hecho unas promesas y habernos dado el "sí, quiero".
P.—No creo que el matrimonio sea necesario para tener una relación fuerte, pero sí creo que la promesa en sí puede tener un gran significado y hacerte elegir a la otra persona aún más conscientemente en tiempos difíciles.
¿Dónde os vais de luna de miel?
S.—¿Te puedes creer que todavía no lo tenemos cerrado?
P.—Queremos pasar al menos una semana juntas en algún lugar hermoso, preferiblemente en la naturaleza, ya sea junto al mar, en una ciudad o en un lugar completamente diferente, simplemente para disfrutar de estar juntas y asimilar lo que acaba de pasar.
¿Qué significa para vosotras que la revista ¡HOLA! se convierta en vuestro álbum de boda?
S.—Es la primera vez que comparto tan abiertamente un pedazo de mi vida privada. Para mí significa mucho. Es, de alguna manera, un cierre de ciclo. Que una revista como ¡HOLA! quiera compartir la boda de dos mujeres me hace sentir que, en muchas cosas, el mundo es muchísimo mejor que aquel en el que crecí. Siento que es abrir una nueva ventana para las generaciones futuras.
P.—Si compartir nuestra boda puede contribuir, aunque sea un poco, a una mayor aceptación o ayudar a que una sola persona se sienta más cómoda con su propio amor, entonces ya es suficiente. Somos dos personas que se aman. Nuestro amor merece existir abiertamente.



































