Hay momentos que se quedan guardados para siempre en la retina, pero lo que pasó a las dos de la tarde en el jardín de la casa de Sandra Barneda y Pascalle Paerel en Candeleda (Ávila) fue, directamente, de piel de gallina. Bajo la sombra de un imponente abeto y con la brisa del campo, la presentadora y la empresaria holandesa se pusieron frente a frente para decirse, mirándose a los ojos y con la voz temblando de emoción, por qué se eligen para toda la vida.
Nada de discursos encorsetados ni frases hechas. Lo que allí sonó fue un diálogo a corazón abierto, en el que se mezclaron el español, el inglés y holandés, y donde el humor, la nostalgia y el romanticismo más puro se dieron la mano.
Sandra Barneda: “Pensé que ya no encontraría a la persona que estaba esperando”
Sandra rompió el hielo recordando cómo empezó este torbellino de amor. Con una frase sencilla que hoy suena a profecía: “Hi, love, how are you?”. La escritora arrancó dando las gracias a su "tribu" de amigos —Marta, Álvaro, Paz y Roger— por haber sido los celestinos que la empujaron a perder el miedo y abrir de nuevo la puerta al amor cuando tenía el corazón un poco tiritando.
“Una pregunta sencilla que significó el principio de todo”, confesó Sandra. “Dejé que la magia del universo se pusiera en funcionamiento y, en un solo 'click', todo comenzó a suceder hasta encontrarnos hoy aquí. Rodeadas de la gente que nos quiere para celebrar nuestro amor y nuestras promesas”.
Mirando a Pascalle con una mezcla de devoción y paz absoluta, la periodista no quiso guardarse sus sentimientos: “Sé, no tengo ninguna duda, que eres la persona que había estado esperando. Y como bien sabes, pensé que ya no la encontraría. Me gusta cómo me quieres, tus valores, tu cariño, tu fuerte personalidad de voz suave pero firme. Cómo me empujas cuando me faltan las fuerzas, cómo me abrazas cuando más lo necesito... Te miro y siento un profundo amor. Una certeza desconocida, un querer compartirlo todo, contigo descubrir juntas nuevos universos”.
El mechero perdido y el recuerdo de Neo
El momento en el que a más de uno se le escapó una lágrima llegó cuando Sandra empezó a desgranar sus promesas de futuro. Un recital de intenciones donde hubo espacio para la poesía, para las pequeñas cosas del día a día y para el recuerdo más especial de su vida: su sobrino Neo, fallecido hace dos años.
“Te prometo estar a tu lado cuando la luz del sol se te haga pequeña y los miedos no te dejen dormir. Cuando la vida te pese y los golpes te arañen el corazón... Prometo remar junto a ti. Prometo estar a tu lado para cumplir sueños, para soplar velas, para subir y bajar maletas allí donde, como dice la novela, el corazón nos lleve”.
“Estaré a tu lado más allá de las discusiones, de los momentos donde parece que la chispa se pierde. Prometo cogerte de la mano para buscar el mechero que se perdió para volver a hacer fuego. El que hoy sonríe desde arriba (su sobrino Neo) me dejó una gran lección: no hay control de nada en esta vida. Por eso dejo los miedos a un lado y elijo la vida y el amor como la carretera en la que seguir. Y tú eres mi gran amor. Te quiero. 'Ik hou van jou. I love you'”.
Pascalle Paerel: “Amo tu mente y cómo me enseñas a ver la vida”
Llegó el turno de Pascalle y la magia volvió a flotar en el ambiente. La exbailarina del Dutch National Ballet arrancó recordando, casi sin creérselo todavía, cómo la distancia entre Madrid y Ámsterdam terminó saltando por los aires a base de teclear en el móvil.
“Estar aquí frente a ti hoy, eligiéndonos para toda la vida, es probablemente lo último que esperábamos cuando empezamos a escribirnos. Todavía me pregunto: ¿cómo pudo ser que nos enamoráramos antes incluso de conocernos? Sin llamadas, sin videollamadas. Solo mensajes que se convirtieron en cartas de amor de los tiempos modernos”, rememoró en inglés.
“¿Cómo pudo ser que lo que sentimos al escribirnos se hiciera realidad tras nuestro primer abrazo, sabiendo que estábamos en casa? Sabía que te había encontrado a ti, Sandra. El amor de mi vida. No me estoy casando con una woman fácil, pero me estoy casando con la mujer más extraordinaria, talentosa y amorosa, que nunca deja de sorprenderme”.
El valiente discurso en español para sus suegros y el pacto de los 114 años
Uno de los momentazos más aplaudidos (y entrañables) de la tarde fue cuando Pascalle respiró hondo, cambió al castellano y se dirigió directamente a los padres de Sandra, Miguel y Blanca, provocando que se levantaran a abrazarla:
“Sé cuánto os quiere Sandra y lo importante que es para ella que estéis aquí hoy. Gracias por recibirme con tanto cariño y por hacerme sentir parte de vuestra familia, incluso cuando casi no entendía nada... Os prometo que estaré a su lado, que cuidaré de ella y que mi español va a mejorar”.
Y para rematar, la holandesa volvió a dirigirse a su ya esposa con una mezcla irresistible de ternura y guasa que desató las risas de todos los presentes: “Prometo apoyar tus sueños, sacar lo mejor de la otra y elegirte una y otra vez. Prometo que yo conduciré. Y como nos hemos prometido antes, haré todo lo posible por cumplir 100 años, siempre y cuando tú hagas lo posible por cumplir 114. Después de eso, nos encontraremos en la siguiente vida. Ese es nuestro trato. Mi amor, te amo tanto. Te amo. 'Non Stop”.
Un “sí, quiero” sellado con un beso de película, entre aplausos, pétalos al aire y la sensación compartida de que, efectivamente, lo que está destinado a ser, simplemente fluye.










