Luis Enrique Martínez ha vivido este lunes uno de los homenajes más conmovedores y significativos de toda su trayectoria profesional y personal. El técnico del Paris Saint-Germain ha regresado a su Gijón natal para inaugurar un nuevo espacio público que, desde ahora, llevará su nombre: la Playa Verde de El Rinconín. El emotivo acto, que congregó a familiares, amigos y representantes institucionales, estuvo marcado por las lágrimas, el recuerdo a sus seres queridos y la espontaneidad que siempre caracteriza al exfutbolista.
La nueva Playa Verde es un área de más de 6.000 metros cuadrados recuperada para el disfrute de los gijoneses. Antes de desvelar la placa conmemorativa, Luis Enrique tiró de su habitual sentido del humor: “Ahí va Pelayín”, bromeó ante los asistentes.
Sin embargo, al contemplar el resultado del espacio, dejó clara la profunda conexión que mantiene con su tierra con una contundente afirmación que despertó las risas del público: “Mis cenizas van a ir aquí. Es una playa diferente y a mí me gusta llevar la contraria. Me encanta”. El técnico no dudó en rematar su intervención al grito de "¡Puxa Asturias, puxa Xixón y puxa Sporting!".
Luis Enrique rompe a llorar al hablar de sus padres
A pesar de los momentos divertidos, el tono de la ceremonia cambió por completo cuando el entrenador tomó la palabra para profundizar en sus raíces. Con la voz visiblemente quebrada y al borde del llanto, Luis Enrique confesó que el reconocimiento trascendía su propia figura. "En esa placa no veo mi nombre, veo el de mis padres, que lo dejaron todo para venir a Gijón", afirmó emocionado. El técnico rindió un sincero tributo al esfuerzo de sus progenitores, quienes abandonaron su pueblo natal para asentarse en la ciudad costera y darle la oportunidad de construir su futuro. "Han sido, son y serán mi referente", añadió.
El homenaje sirvió también para poner en valor su entorno más íntimo. Luis Enrique dedicó unas bonitas palabras a su esposa, Elena Cullell, su compañera indispensable durante tres décadas: "Hace ya muchos años, casi 30, que empecé mi proyecto de vida con Elena, con mi mujer, que es la persona que siempre ha estado al lado mío, que me ha apoyado en todos los momentos. Hemos formado una familia maravillosa con tres hijos: Pacho, Sira y Xana. Y no sé si le hará mucha ilusión decirle que le quedan otros 30 años mínimo conmigo, eso es jodido de verdad", ha comentado con humor provocando la risa de su pareja y madre de sus hijos.
"Pero creo que valores básicos y sencillos que nos enseñaron nuestros padres son los que llevamos adelante e intentamos enseñar a nuestros hijos y vale ya de llorar, no soy de llorar, no me gusta llorar, aunque llorar también es bonito", ha expresado el técnico en uno de los actos homenaje más emotivos que se recuerdan.









