Marta Fernández: "Yo no me aburrí de la televisión; es que la televisión se aburrió de mí"


Hablamos con la periodista y escritora de su último libro 'Y Bad Bunny ganó a las máquinas' (Editorial Debate), una reflexión de lo que nos hace humanos frente a la Inteligencia Artificial


Marta Fernández en un photocall© GTRES
2 de julio de 2026 a las 21:07 CEST

Seamos honestos. A todos, en alguna ocasión, nos ha dado vértigo asomarnos a un mundo que avanza de forma trepidante, en el que todo cambia en un instante. La mayoría nos hemos convertido en meros espectadores de una revolución histórica con la Inteligencia Artificial (aunque, quizá, eso también pensarían quienes antes que nosotros vivieron la Revolución Industrial), pero Marta Fernández encontró una estrella que le hizo recordar todo aquello que "nos hace humanos": Bad Bunny. "Era perfecto para contar lo que yo quería", nos cuenta la periodista y escritora, que nos presenta su última aventura editorial, Bad Bunny ganó a las máquinas (Editorial Debate). Un libro que nos descubre la historia de un niño que ha puesto el planeta a sus pies y una especie, la humana, que no debería olvidar su esencia. "No me preocupa tanto que las máquinas se parezcan demasiado a los humanos como que nosotros nos empecemos a parecer demasiado a las máquinas y empecemos a ser aburridos, sosos… que no nos atrevamos a arriesgarnos con las cosas". 

Marta Fernández en una imagen de su instagram© pynchonesque

Marta Fernández, Bad Bunny, la Inteligencia Artificial y un salto generacional

¿En qué momento se te ocurrió escribir sobre Bad Bunny? 

Pues creo que esto es lo interesante. Entre tú y yo hay un salto generacional. Yo tengo una edad que no se relaciona con Bad Bunny y probablemente tampoco mi currículum, pero a mí me gusta mucho y me parecía que su música, lo que hacía artísticamente él, como personaje, su biografía, sus inquietudes, y, sobre todo, lo que provoca en la gente. Era perfecto para contar lo que yo quería de lo que nos hace humanos frente a la Inteligencia Artificial. Y luego, además, claro resulta que tuvo ese triunfo en los Grammy, lo que hizo en la Super Bowl… Yo estaba emocionadísima y nerviosísima como si hubiera actuado en la Super Bowl. A mí me gusta mucho el fútbol americano. Estaba viendo el partido nerviosa por que llegara el concierto y me pareció que era el momento ideal para escribir esto.

¿Llevas siendo entonces mucho tiempo fan?

Sí, sí. No sé, le descubrí por casualidad. No tanto por su música, sino porque vi, en YouTube, el día que él va a Jimmy Fallon, canta Estamos bien y habla del huracán María, y yo pensé: este chico, tan joven, ¡qué poderío tiene! Cómo mola y qué interesante. Entonces la curiosidad me llevó a escuchar su música y dije: es que está muy bien. Creo que hay veces que nos cerramos ventanas porque generacionalmente no nos corresponden o porque tenemos ciertos prejuicios y que debemos ser más curiosos porque así descubriremos cosas que nos hagan disfrutar mucho.

Portada de Bad Bunny ganó a las máquinas© EDITORIAL DEBATE

El prejuicio contra la música urbana y el veredicto del tiempo

¿No crees que también a los artistas del género urbano, quizá, se les mira todavía con cierta condescendencia?

Sí, hay un cierto prejuicio y hay un capítulo del libro que quería dedicar a eso, sobre cómo, al final, el tiempo hace justicia sobre estos géneros musicales. Porque claro, ahora la gente ya no se acuerda que cuando surge el bepop a los grandes popes de la música les parece que es esa aberración del jazz que están haciendo esos músicos terribles, ¿no? Y esos músicos terribles son los que luego han pasado a la gloria jazzística. Y cuando surge el hip hop, claro, todo son críticas. Y qué hacen esos chavales? Que encima, por favor sea gente de otras razas quejándose con la música. Y tan jóvenes y tan jóvenes. Y claro, han pasado décadas y ahora el hip hop y el rap ya está aceptado no solo como una música, sino como un arte de la palabra también. Y creo que esto también ha pasado con las músicas urbanas más recientes o con el reguetón, pero el tiempo pasará y siempre termina poniendo las cosas en su lugar. Igual que puso en su lugar la salsa, que al principio parecía un género de emigrantes marginados en Nueva York y que puso en su lugar al bepop, terminará poniendo en su lugar el reggaetón, el trap y todas estas músicas urbanas.

La experiencia en directo y la polémica de 'La casita' con Ester Expósito

¿Cómo viviste el concierto? ¿Qué impresiones te llevas?

Además, fui al primer concierto y al último en dos lugares distintos del estadio. En el primero estaban en primera fila, al lado del escenario, y en el segundo estaba en grada. Y me gustó mucho porque lo que él provoca en el público es tan absolutamente especial… Provoca esa especie de hermandad entre todo el mundo, esta fiesta, esta parranda boricua elevada a la enésima potencia, en la que todo el mundo parece que de repente está hermanado por el baile, el disfrute, el perreo… Y fue muy divertido porque, en la primera, al estar en pista con una amiga, terminamos haciendo un pequeño grupo de chicas que no nos conocíamos de nada y perreando juntas. En el otro estaba en grada y había más familias… Era muy bonito ver de repente a los padres con sus hijos y sus hijas, o a chavalitos más jóvenes con esta cosa intergeneracional que está muy presente en sus conciertos. Y me dejó absolutamente fascinada porque en directo él tiene el control absoluto del público y tiene ese efecto de luz, la luz le ha tocado y no puedes mirar otra cosa, pero él reparte salud entre su audiencia y lo hace de una manera tan generosa y tan bonita que al principio te dice: el concierto lo vais a hacer vosotros y tú ya te sientes, ha implicado y claro, ya estás absolutamente rendida a sus pies.

¿Y qué opinas de la casita? Se ha formado una gran polémica, también con Ester Expósito

Bueno, pobre Ester Expósito porque ahora no van a hacer más que preguntarle de esto a la pobre, por canciones y cantantes más que por lo que ella hace, lo cual me parece bastante machista, por otra parte. La polémica de La casita dice bastante más de cómo somos nosotros y cómo somos los medios y de dónde ponemos el foco a veces. En el primer concierto, yo estaba allí y tú veías la casita entera. Y claro, la primera fila son las bailarinas y los bailarines de Bad Bunny, que son absolutamente preciosas, espectaculares, ellos guapísimos… Y estaba Ester Expósito, que es una conocida española. Todos los focos, todos los fotógrafos, todos los cortes de plano se van al momento en el que está Esther con Bad Bunny, pero en la caseta había mucha gente y había también chicos... Y ese día Benito sacó a un chavalito muy joven que estaba con su madre y luego sacó a dos chicas que le habían visto cuando vino la otra vez a España y que eran muy jóvenes… Había mucha gente en la casita, pero nosotros pusimos el foco en eso porque yo creo que, en el fondo, lo que nos gusta es una polémica y criticar. Pero también fue bonito, como haciendo un poco gala de lo que hizo en la Super Bowl, ¿no? De ese mensaje de cariño, de amor... Y me da igual si me criticas, porque yo estoy aquí para hacer lo que quiero y siguió adelante, sacando a gente muy distinta a hacer el Acho PR y la polémica, en el fondo, se fue desvaneciendo.

Bad Bunny en uno de sus conciertos© GTRES
Bad Bunny en uno de sus conciertos

Activismo en Puerto Rico: la lucha contra la gentrificación

¿Piensas que también hubo un punto de intentar señalar? Porque había mucha gente que hablaba de la hipocresía de lo que representaba la casita

Pero yo creo que eso no es real, porque además él lo ha demostrado en todo momento. No sólo tiene una fundación para defender a los niños en Puerto Rico y hace muchísimas cosas allí, no solo además de su música y de toda esta serie de cortos y de vídeos que hace para luchar contra la gentrificación en su isla. No solo en este disco se ha puesto en contacto con un historiador para contar la historia de Puerto Rico, sino que ha llevado el nombre y la música de Puerto Rico y a los músicos jóvenes de Puerto Rico al mundo entero. Entonces, la casita en la residencia de Puerto Rico era parte de esa esencia puertorriqueña, de cuando los puertorriqueños hacen una parranda y van a casa de sus amigos a cantar. Y así se veía. Y así fue en la Superbowl, quiero decir, el lugar donde invita a sus amigos y allegados… Porque, claro, cuando vas a otro país no tienes tantos amigos y allegados para llenar la casita durante 15 días, entonces tienes que llevar a mucha gente, pero me llama mucho la atención porque estas dos críticas que aquí hemos seguido con tanta virulencia como que se nos han olvidado (un titular cae encima del otro y se nos olvida) y España no es un lugar donde tengamos más problemas de vivienda que en Puerto Rico, donde él ha luchado contra esa gentrificación. Yo animo a la gente que hace estas críticas a que entre en la página de Rimas en YouTube y vea los vídeos que Benito produce y crea junto a todo su equipo. Contra la gentrificación en la isla. Contra el machismo. Contra la homofobia y todo este trabajo que yo recojo un poquito en el libro.

El 'carpe diem' frente al algoritmo: el impacto de la tecnología en nuestra atención

También reflexionas de lo mucho que está avanzando el mundo, sobre todo ahora que parece que vamos a mil por hora y que con la irrupción de la IA parece que nos convertimos más en máquinas a veces. Como periodista y escritora, ¿llevas mucho tiempo pensando sobre esto?

Sí, yo creo que todos estamos reflexionando sobre este cambio y pensando sobre ello, y más nosotras, por ejemplo, que nos dedicamos al periodismo, a la escritura o cualquier persona que se dedique a una labor más puramente creativa. A mí me preocupa no tanto lo que haga la Inteligencia Artificial, sino más que nosotros nos olvidemos de lo que nos hace humanos y por eso el trabajo de Bad Bunny es tan interesante. Sobre todo, lo que él reclama en este último disco, que es un poco la culminación de lo que viene reclamando en otros momentos, es que estemos pendientes de cuando somos felices, de lo que vivimos y de lo que pensamos en ese momento; que estemos pendientes de lo que nos une a los demás, que seamos conscientes del carpe diem que reclama cuando dice: ‘vamos a perrear, que la vida es corta’. Pues eso es exactamente lo mismo que decía Horacio y que se nos olvida muchas veces en este mundo híper tecnificado, en este mundo en el que cogemos el teléfono y scrolleamos, pasamos pantalla, pantalla… y si alguien te pregunta qué has visto… ‘pues no sé muy bien porque, claro, son tantas cosas, que ya no sé’. Reclamar la atención, el asombro y estar presentes me parece que es necesario y Bad Bunny es un artista que lo personifica muy bien por su mensaje, por lo que hace, por reclamar el cuerpo, el bailar, el contacto con otros, el compartir entre todos, que es algo que nunca harán los algoritmos.

"No me preocupa tanto que las máquinas se parezcan demasiado a los humanos como que nosotros nos empecemos a parecer demasiado a las máquinas y empecemos a ser aburridos, sosos… que no nos atrevamos a arriesgarnos con las cosas"

¿Te da 'miedo' que llegue un momento en el que la IA nos sustituya en todo?

Es curioso, porque a mí lo que no me preocupa tanto que nos vayan a suplantar los algoritmos y las máquinas, porque además en el libro lo cuento. Cuando uno lee, lee porque quiere saber qué piensa otra persona, porque es la única manera de ponernos en los zapatos, en la mente y en el corazón de otra persona; y porque muchas veces es otro con sus palabras el que explica lo que nosotros sentimos y sentir es la palabra que le da sentido a todo eso. Y esto nunca lo va a hacer una Inteligencia Artificial. Así que yo tengo esperanza, tengo una segunda esperanza y es que pienso que la Inteligencia Artificial (al menos de momento) nunca destaca, nunca hace nada nuevo, nunca nos sorprende. Y nosotros, los humanos, cuando escribimos o cuando creamos algo, lo que queremos es primero sorprendernos a nosotros mismos, encontrar algo nuevo… y luego sorprender a los otros. Pero hay algo que me preocupa mucho más, y es que este uso de la IA termine despojándonos a nosotros de ciertas creatividades, que empecemos a perder sensibilidades… Y me doy cuenta que quizá ya las estemos perdiendo. No me preocupa tanto que las máquinas se parezcan demasiado a los humanos como que nosotros nos empecemos a parecer demasiado a las máquinas y empecemos a ser aburridos, sosos… que no nos atrevamos a arriesgarnos con las cosas.

¿A ti te ha llegado a pasar que, en algunos momentos, hayas notado más falta de concentración o has tenido que poner algún límite a ese uso de pantallas?

Bueno… Yo me concentro de una manera bastante fácil y me gusta mucho leer, pero sí que es verdad que notas esa fragmentación de la atención. No se nota mucho, por ejemplo, en la velocidad de las cosas. Cuando yo era muy joven no había nada más gracioso que Monty Python y tenía un programa que se llamaba Flying Circus. Si tú ahora lo ves, aquello que recordamos como una cosa graciosísima y el chiste súper rápido, son sketchs de diez minutos… Ahora te quedas absolutamente sorprendido, me hacía gracia los diez minutos continuados y aguantaba hasta que llegaba el punto final, ¿no? En esto, cuando comparo me doy cuenta de cómo ha cambiado nuestra capacidad de atención. Seguro que la mía ha cambiado más y seguro que ahora hay cosas que me cuestan mucho más y películas que veíamos antiguamente y nos parecían trepidantes, a lo mejor ahora nos parecen lentas… A mí no me suele suceder, pero es que también las cosas lentas me gustan y los libros de mil páginas… Es que yo soy muy intensa, pero sí que es cierto, y es verdad que hay veces que, en determinadas circunstancias, por ejemplo, esperando el metro, te pones a mirar Instagram, no te das cuenta de cuánto tiempo llevas mirando esto…  

Marta Fernández en un photocall© GTRES

La pasión por los libros y las historias que nos definen como humanos

Te defines, ante todo, como una gran lectora. ¿Cuándo descubriste tu pasión por las letras?

Me vino de muy pequeña. Me gustaba mucho. En mi casa había muchos libros. Mi madre era una grandísima lectora. Y a mí de pequeña siempre me regalaban libros, y recuerdo uno de mis primeros libros, que era uno de Federico García Lorca para niños. Podías dibujar, copiar los dibujos de Lorca… y venían muchos poemas suyos que todavía los guardo como un tesorito, pero, claro, ¡también eran otros tiempos! Aparte de esas típicas lecturas que teníamos todos los chavales de la época, de los Cinco, El barco de vapor… y por supuesto, mucha ciencia ficción, muchas aventuras, muchos clásicos. También eran unas épocas en las que a los niños nos daban a leer nuestros padres unas cosas que eran totalmente inapropiadas para nuestra edad, pero divertidísimas. De repente te daban Fortunata y Jacinta y tú tenías diez años y te parecía graciosísimo. Claro, no entendías la mitad (sonríe). Creo que siempre me han gustado mucho las historias. Me gustaba mucho el cine, el teatro y es lo que me sigue gustando, porque creo que, en el fondo, las historias son lo que nos definen como humanos.

De los informativos de televisión a la radio y la literatura: la reinvención de Marta Fernández

¿Te dio un poco de vértigo dar el salto como escritora? Porque todos te conocimos más como presentadora de informativos, pura actualidad

Eso fueron circunstancias porque yo empecé en la tele muy joven. Estuve 20 años presentando entre informativos y otras cosas… Hice muchas cosas, pero yo no me aburrí de la tele. Es que la tele se aburrió de mí y las circunstancias vinieron y me fui. A mí me gusta mucho la tele porque me gusta mucho los trabajos en equipo y porque creo que la tele es un gran trabajo en equipo y porque es muy divertido y porque hice gran parte de mi carrera, pero, bueno, la tele se acabó. También creo que a veces lo que echo de menos esa tele del pasado, que es una tele que ya no existe. Echo mucho de menos aquellos tiempos de CNN+, cuando hacías un directo y pasaba lo que pasaba y tú lo tenías que contar en el plató. Entonces, ¿me dio vértigo? Es una decisión que no tomé yo, se tomó por mí. Entonces tuve que reinventarme. No pasa nada. Los periodistas es algo que tenemos muy asumido que este es un negocio que siempre ha estado en crisis, en el que siempre hay que reinventarse un poco, así que ya está… Y las historias se pueden contar de muchas maneras. Por una pantalla o por escrito.

Y también está la radio

La radio me gusta mucho y siempre me ha gustado mucho, también ese trabajar en equipo y con otros tiempos. Tengo la suerte de trabajar con Carles Francino y su equipo, que son magníficos como profesionales y como personas. Fíjate, creo que la radio es un medio que está sabiendo adaptarse muy bien a todos estos nuevos tiempos, por muchos motivos, pero también porque es el medio inmediato, cercano, como que te habla más personalmente siempre y porque creo que la radio nunca ha menospreciado a sus oyentes, cosa que sí ha hecho la televisión con sus espectadores… y que los oyentes agradecen eso.

"Los periodistas es algo que tenemos muy asumido que este es un negocio que siempre ha estado en crisis, en el que siempre hay que reinventarse un poco, así que ya está…"

Claro, mientras vas caminando, conduciendo… puedes ponértela. En la tele tienes que estar pendiente de la pantalla

Claro, efectivamente, y luego también porque la tele, durante mucho tiempo, para abaratar sus propios contenidos, lo que ha hecho es radio televisada. Es decir, señoras y señores, sentados en un plató hablando, pero es que, para hacer eso, no necesita estar aquí sentadas mirándonos por muchas cosas que me pongáis en la pantalla para tener mi atención. Para eso escucho la radio que es, efectivamente, un medio que te deja mucha más libertad.

Ahora mismo, ¿qué te gusta más? ¿La radio o escribir?

Bueno, me gusta todo. Es que son cosas distintas, creo, pero que, en el fondo, tienen todas el mismo corazón, que es ese contar historias del que hablábamos, ¿no? O sea, en la radio, esta sección que tenía en La ventana, de Academia de Saberes Inútiles, en el fondo es contar historias un poco sorprendentes, buscar la sorpresa, pero cuando me toca ir al café de las cuatro a hablar con gente, descubrir a gente y hacerles preguntas en una entrevista, también es descubrir su versión de la historia. A mí me gusta todo. Soy bastante disfrutona en general, así que eso está bien.

Has hecho trabajos muy diferentes en el mundo editorial. ¿Te animarás otra vez a volver a hacer alguna novela?

Pues me gustaría mucho volver a la novela. De hecho, tengo un proyecto ahí desde hace un tiempo, pero el problema es que, con el trabajo que tengo ahora, la novela exige una fidelidad al ritmo de escritura y al estar uno metido en ese ritmo y no dedicarse a estas cosas que mi trabajo actual, no me permite. No me permite encerrarme dos meses a no hacer o más, a no hacer nada más que la novela y a escribir constantemente, pero sí me gustaría volver a escribir novela, claro, porque es muy divertido. Eso sí que es como un patio de recreo, juegas con los personajes, les haces maldades, les hace salir de las maldades... Es fantástico.

Marta Fernández con un premio Antena de Oro© GTRES

¿Por qué tipo de historias sientes debilidad?

Creo que a todos nos gustan estas historias de perdedores que luego se redimen o de personas que aprenden algo y terminan siendo algo muy distinto a lo que creían en principio. Aunque escribiendo este libro de Bad Bunny, pensé que hay un tipo de historia que me gusta mucho porque es un tipo de personaje que me atrae mucho y es el del niño que tiene un talento especial y termina siendo un genio de ese talento cuando es mayor. Porque eso es lo que le sucede a Bad Bunny, que es un niño que se encierra en su habitación a hacer sus cosas creativas y que luego de mayor resulta ser una gran superestrella de eso. Pero es, por ejemplo, lo mismo que le sucede a Spielberg y esa historia que emociona tanto de ese chavalito que descubre el cine de pequeño, hace sus películas, y que luego termina haciendo sus películas, rindiendo ese homenaje al niño que era. Esa historia del niño que descubre con asombro algo y que luego de mayor resulta que ese algo es lo que le permite triunfar en su vida o se convierte en una genialidad que marca su existencia. Es una historia que me gusta mucho.

A tu Marta de niña, ¿qué le asombraba? ¿Contar historias y la comunicación?

(Se ríe) Bueno, sí, mi Marta de niña… Yo era una niña muy payasa, que me gustaba mucho leer, contar historias, hacer teatros y sigo siendo un poco ‘payasa’ (mis amigos lo saben).

¿No te has planteado a lo mejor tirar más al cine o al teatro?

Yo estudié teatro de joven, mientras que estudiaba Periodismo... Una cosa es reinventarse, pero no sé si tengo ya edad para reinventarme totalmente. Sería demasiado reinventarse, pero sí, me encantaría. A veces trabajo con mi voz, hago audiolibros y esas cosas… A todo le puedes dar otros matices que se salen de lo que hacía cuando solo ponía mi voz para para contar noticias. Es divertido también.

Marta en una imagen de archivo© GTRES

El misterio de Mar de Marchis y la crisis de la televisión tradicional

Estos días en redes sociales se está hablando mucho de La Bola, de Daniel Verdú, no sé si has tenido ocasión de leerlo…

Lo he leído, lo he leído.

Como tú eras colaboradora de Jot Down, quería preguntarte porque se ha formado muy grade con este tema…

Me llama la atención. Yo colaboré mucho tiempo en Jot Down. Era muy amiga de Mar, yo la conocí en persona, y además, respetaba mucho que ella no quisiera ser conocida en público y nunca jamás le pregunté nada sobre cómo era, ni le dije que quería conocerla ni nada… Salió de ella decirme: 'Oye, vamos a conocernos un día, ¿no?' Me llama mucho la atención porque Daniel lo cuenta desde una perspectiva muy personal y que tiene que ver mucho con él y con su historia de El País, pero Mar es infinita y creo que lo que está sucediendo ahora en Twitter demuestra eso, que es infinita y que fue muy importante en la vida de mucha gente… Entonces hay mucha gente que quiere hablar y quiere contar su versión de Mar, porque Mar fue muy importante para mucha gente y porque se preocupó y le dio oportunidades a muchos de escribir. A mí Mar me dio la oportunidad de escribir cuando todo el mundo veía en mí una presentadora de informativos, y yo eso lo agradecí mucho. Esto es un triunfo póstumo más de Mar, que nos tiene bailando a su ritmo cuando ya no está entre nosotros. Era alguien muy especial, como demuestra todo lo que está sucediendo con ella. Todo este debate sobre lo que pasaba, cómo llegaban los colaboradores, quién era Mar, ese misterio que forma parte también del personaje… Era un poco como el personaje de Jude Law en la serie The Young Pope, de Sorrentino, que te acuerdas de ese Papa, maravilloso, joven, que va a revolucionarlo todo, pero que no se quiere mostrar al público porque él conoce además el poder de esa imagen y del misterio, pero creo que hay algo que se nos está olvidando y es lo que Mar y el equipo, todos los que hacían la revista, defendieron, cuando la sacaron, primero en web y luego en papel, ese tocho, que se podían hacer textos de 5.000 palabras en un mundo en el que los textos cada vez eran más cortos (hace más de diez años ya hablábamos de que estábamos perdiendo la atención), y que se podían hacer entrevistas de diez páginas y la gente las leía. Es decir, lo que ellos demostraron es que lo que hablábamos antes, que no había que subestimar al lector, que no había que darle textos muy masticados o muy cortos, que al lector, si el texto estaba bien contado y le enganchaba, se le podía hablar de cualquier cosa. O sea, yo llegué a hacer un texto de Fletcher y Beaumont, que eran dos dramaturgos de la época de Shakespeare a los que nadie recordaba ya. Y Mar nunca me dijo: '¿Cómo vas a escribir de eso?' Me dijo 'qué divertido', cuando ya lo leyó, y era un texto sobre la tragedia jacobina de dos autores ya olvidados. Y ellos defendían que se podía hablar de cualquier cosa y hacerlo en un formato largo, siempre que estuviera bien hecho. Es decir, que defendían la calidad de las historias y de sus colaboradores. Y creo que eso hay que seguir reivindicándolo.

¿Crees que estamos subestimando a los telespectadores, los lectores? ¿Tiramos la toalla antes de tiempo?

Yo creo que eso es claramente lo que ha pasado con la televisión. Que la televisión durante mucho tiempo pensó que sus espectadores no son lo suficientemente listos, ni cultos, ni que no les iba a interesar nada. Entonces, por ejemplo, los informativos en las secciones de cultura, dejaron de aparecer las informaciones sobre libros y empezaron a aparecer las informaciones sobre el desfile de Victoria's Secret. Pero claro, ¿qué pasa? Que después hay una especie de democratización del producto audiovisual y llega YouTube. Entonces descubrimos que un youtuber puede hacer una entrevista de una hora y media a Juan Luis Arsuaga hablando sobre la evolución y la gente la ve porque lo quiere ver. Porque le gusta ver es personas interesantes que saben de lo que hablan, que a veces o que nos gusta es una cosa muy festiva, por supuesto. Pero que si le das a un catedrático de literatura medieval hablándole de textos ingleses y de cómo se cortejaba a las damas en aquella época, pues a lo mejor si lo cuenta bien, la gente también se queja. No sé. Digo, por poner un ejemplo, los podcasts de hora y media de entrevistas larguísimas a personajes que tienen algo que contar han demostrado que la televisión estaba equivocada y que dejó de hacer ciertas cosas porque dejó de confiar en sus espectadores y que entonces esos espectadores han dejado de ver televisión y ven otros productos como, por ejemplo, Netflix, porque les ofrece ficciones de calidad o ven grandes documentales seriados en distintas plataformas... Van allí donde quien ofrece el producto no les desprecia. Creo que no ha pasado tanto con los medios escritos, pero no se pueden dejar llevar por el clickbait, porque al final, si tú insultas a tus espectadores o a tus lectores, tus espectadores y tus lectores van a terminar buscando lo que quieren en otros sitios. Tenía una amiga que siempre decía ante la duda al periodismo. Ante la duda, contemos la historia bien, contemos una historia buena, pongamos un buen titular. Porque al final creo que la gente llegará. Y eso también tiene que ver con el disco de Bad Bunny. Ante la duda, haz buena música y llegará a la gente a escuchar tu disco y bailará contigo.