Lo reconocemos: no es la primera vez que habíamos contactado con Patricia Pardo y Christian Gálvez para entrevistarles juntos. Les llamamos a principios de 2022, cuando se hizo pública su relación; también después de que tuvieran al pequeño Luca, en diciembre del año siguiente… Sin embargo, esta ocasión es especial para ellos: acaban de presentar el encuentro diocesano del Papa León XIV, en el estadio Santiago Bernabéu, durante la primera visita oficial del sumo pontífice a España. "Como la Iglesia de Madrid, sabemos que nuestra misión también es evangelizar. En cierto modo, hemos adquirido ese compromiso y visto de qué manera podemos ayudarles", nos explica Patricia.
"¡HOLA! es la revista más prestigiosa de este país y nuestras palabras van a llegar a mucha gente. Con que podamos transmitirle a una sola persona esperanza, fuerza o algún valor positivo, ya habrá merecido la pena", apunta Christian, para luego hablar de la fe con su mujer y de repasar su historia de amor. "Después de un divorcio, hay vida. Existen las segundas oportunidades y la vida puede regalarte milagros", añade ella.
Así vivieron el encuentro diocesano del Papa León XIV
Tras una semana de emociones, ¿cómo os encontráis?
CHRISTIAN.—Seguimos abrumados. Ha sido muy bonito.
PATRICIA.—Me cuesta recordar y aguantar las lágrimas. Por ejemplo, hoy de compras, una dependienta me dijo "qué bonito" y me puse a llorar con ella. Lo mismo con compañeras de trabajo. No ha habido ni un solo día que no haya llorado.
C.—Por ejemplo, el miércoles salieron las revistas y, viendo el reportaje en ¡HOLA!, nos venían muchos recuerdos.
¿Cómo definiríais todo vivido?
C.—¿En una palabra? Gratitud. Gratitud por haber sido elegidos, por haber estado juntos, en un escenario. Y a Pati por ser una profesional como la copa de un pino.
P.—Para mí, la palabra es milagro. Los milagros existen. También gratitud a la archidiócesis de Madrid y al público por la complicidad, la magia… Fue bestial.
C.—Ya fue abrumador en la lectura de guion, el sábado, y en el ensayo, el domingo. Aunque el estadio estuviera vacío, mirabas hacia arriba y decías: "Es muy imponente".
Christian: "Cuando nos llamó y nos entregó los dos rosarios, tuvimos la absoluta certeza de que el Papa estaba feliz. Nos trasmitió muchísima paz y gratitud"
¿El momento más emocionante?
C.—Diría dos: cuando su santidad nos da las gracias y cuando nos cogemos de la mano y aparecemos en el escenario.
P.—Me quedo cuando aparecemos por primera vez. Al verme en ese estadio, y ante 80.000 personas, pensé: "Madre mía" (ríe).
C.—Además, hubo una gran participación del público desde el primer momento.
¿Y el más impactante?
P.—Cuando sonó Alzar la mirada. No podía contener la emoción. Con Bustamante, Diana Navarro, Daniel Diges, y ese Bernabéu que se caía… Además, veía a Chris y decía: "¡Qué brillante! ¡Me lo como!". Ay, que lloro (se emociona). Es que se lo dediqué a mis hijas, que estaban en la grada.
C.—(Ríe). Ya había lágrimas en el ensayo general, sin el Papa…
P.—Ese día lloré más. Recordé a mi abuela, que fue quien puso la semilla de la fe en mi corazón y lloré como una magdalena. Chris me dijo: "Todas las bailarinas de Diana Navarro están llorando". Bajamos y nos abrazamos. Fue superemotivo.
¿Quién estaba más nervioso?
P.—Desde el primer día, él me decía: "Disfrútalo, es la experiencia de nuestra vida". Chris estaba eufórico y yo, histérica, porque necesitaba saber todo: nuestro papel, por qué nos habían elegido, quién iba a estar, si saludaríamos al Papa… Por eso, el lunes, cuando yo ya lo tenía todo controlado, estaba tranquila y él, histérico.
Cómo Patricia Pardo y Christian Gálvez acabaron presentando el encuentro diocesano del Papa León XIV
Haber vivido algo así juntos habrá sido increíble.
P.—Nunca habíamos querido trabajar juntos. Cada uno tiene su carrera y es diferente: él hace entretenimiento, es el showman, y yo, la periodista seria. Por otro lado, estaba la incertidumbre al vernos en el escenario: ¿a quién me encontraría? ¿A mi marido, Chris? ¿O a Christian Gálvez? En el segundo paso a testimonio, me emocionó verle presentando. Es que estaba impecable, guapísimo y lo hizo de diez.
¿Os costó aceptar la propuesta?
P.—No, no. ¡Cómo íbamos a decir que no! Pero necesitaba que me explicaran por qué nos habían elegido.
C.—Por honestidad.
P.—Sí, por el tema de la nulidad. Yo me casé por la Iglesia, pero Chris no. Necesitaba saber que ellos conocían nuestra historia y la letra pequeña.
C.—Somos exdivorciados.
Patricia: "Antes pensábamos que no pegábamos ni con cola en un escenario, pero estuvo muy bien. Ha sido la parte más positiva y la gran sorpresa"
De hecho, se ha comentado mucho que no estáis casados por la Iglesia y que tampoco erais la típica familia cristiana.
P.—No somos San José ni la Virgen María y no pretendemos ir de beatos impostados. Tenemos una vida muy normal.
C.—Es como la de miles de familias de hoy en día. Nos dijeron que lo sabían todo y que éramos perfectos: que éramos presentadores, que nos amábamos de verdad y que éramos papá y mamá.
P.—Ya somos inmunes a las críticas, pero no queríamos que esas desvirtuaran un acto tan solemne e histórico. Pero fue precioso que nos eligiesen siendo divorciados, porque tiene un significado muy aperturista. Después del acto, no sabes la de mensajes que recibimos. Es verdad que en las redes ves a los locos, el hate y la gente que critica, pero hay muchos mensajes muy bonitos. También privados de gente que se siente identificada con nosotros. Y es la parte bonita, que hace que haya merecido la pena.
¿Os encontrasteis a alguien?
C.—Vimos a Colate ya casi al final. Ni nos dimos cuenta del momento de su sobrino (Roscón) con su santidad.
P.—Tampoco sabíamos que estaba Almeida, ni la presidenta, ni Florentino… Ni Bad Bunny, que nos lo pregunta todo el mundo.
¿Por su encuentro con el Papa?
P.—Para que León XIV se fuese del Bernabéu, teníamos que continuar la gala y hubo un poco de incertidumbre. Entendimos que ahí fue cuando se reunieron. Por lo visto, fue en una estancia privada del Bernabéu, y con Florentino.
C.—Lo supimos 24 horas después. Ni lo sabía la gente de la organización.
¿Quién os acompañó ese día?
P.—Mi madre, mi hermana, las dos niñas y la mejor amiga de Aurora con su hermana.
C.—Luca se quedó en casa con mi padre. Es muy pequeñito.
Patricia: "No somos San José ni la Virgen María y no pretendemos ir de beatos impostados. Tenemos una vida muy normal"
Patricia, ¿qué te han dicho tus hijas tras el evento?
P.—Están muy orgullosas. Sobre todo, porque muchas mamás y profesoras les han hablado de ello y han sido más conscientes, pero ese día se lo pasaron muy bien.
C.—Me las imagino en el Bernabéu, viendo a su madre y a su "Cacho"…
¿'Cacho'?
C.—Sí. "Cacho", de cachorrito.
P.—Cuando Chris vino a casa, Sofía empezó a decir que él era un cachorrito abandonado al que teníamos que acoger (ríe). Para las niñas, Chris es "Cacho".
¿Quién es realmente Robert Prevost? Las dos caras de León XIV que vio Patricia en Roma y en Madrid
¿Tuvisteis alguna recepción privada con el Papa?
C.—Nada. Si hasta el último momento no supimos si le íbamos a recibir, saludarle en el escenario o acercarnos. La sorpresa fue que su santidad subió sin seguridad y sin arzobispo. Ahí entendimos que teníamos que recibirle.
P.—A todos los que actuaban, el Papa les pedía que se acercaran, los bendecía y les regalaba un rosario. Pero nosotros no estábamos ya en esa parte.
C.—Cuando nos llamó y nos entregó los dos rosarios, tuvimos la absoluta certeza de que estaba feliz. Por su expresión y por sus palabras, nos trasmitió muchísima paz y gratitud.
¿Qué sentisteis vosotros ahí?
C.—El orgullo de decir "lo hemos hecho bien".
P.—Me dio la sensación de que tenía los ojos transparentes o azules. Y luego pensé: "Imposible, los tiene marrones". No sé… Estaba muy emocionado. Hacía 15 años que no venía un Papa a España. También me transmitió cercanía.
Patricia: "Lo primero que hago por la mañana es ir a mi altar y hablar con Dios. Al igual que hay gente que medita, se pone la esterilla y hace yoga. Estoy convencida de que Dios me oye y me responde"
¿La sensación fue muy distinta de cuando le viste en Roma?
P.—Totalmente diferente. En la recepción de los periodistas en el Vaticano, vi a Robert Prevost, el cardenal. Era la primera vez que llevaba el atuendo de Papa y vi un hombre muy cohibido, retraído. Quizá, la situación fue muy apabullante, pero fue muy protocolario: cumplió su papel, leyó su discurso y se fue. En el Bernabéu fue distinto, por lo que sintió y porque venía de la vigilia de los jóvenes. Creo que se ha ido con la certeza de que España es un país profundamente creyente, por mucho que digan. Aun siendo un país aconfesional, en los últimos años hay un fervor religioso que va más allá de la moda.
¿Cómo os preparasteis?
P.—Nos dieron libertad para hacer nuestras las palabras, pero no era un discurso pensado por nosotros. Éramos las voces transmisoras de la Iglesia de Madrid. Por nada del mundo íbamos a hacer un papel que no nos correspondía.
¿Todas las metáforas del fútbol venían dadas?
C.—Exacto. La parte del fútbol se ha criticado mucho, porque se ha descontextualizado, pero era totalmente pertinente al estar en el Bernabéu. De hecho, las primeras palabras de León XIV fueron que la Iglesia de Madrid había marcado un golazo. Es decir, lo recogió y lo ensalzó.
P.—Siempre critican a la Iglesia de si es rancia, de si su discurso siempre es exactamente el mismo y que, quizá, está alejado de los tiempo en los que vivimos.
C.—Estando en el Bernabéu, ¿es pertinente hablar de goles? Sí.
P.—Todo estaba muy bien hilado. Me hubiera gustado que se le hubiera propuesto ir a una portería y que chutara mientras Manolo Lama hablaba de los goles de la Iglesia: la caridad, los migrantes, hacer familia… Pero era un espacio gigantesco y las medidas de seguridad eran tan férreas que hubiese sido demasiado arriesgado. Luego, desde la Archidiócesis ni sabían con qué Papa nos íbamos a encontrar. A lo mejor, dentro de cinco años, cuando conozcamos más la personalidad de Robert Prevost, se atreven. Aun así, el ejercicio de creatividad y de cercanía con la gente ha sido brutal, de diez.
C.—El storytelling completo, de principio a fin, estaba perfecto.
¿Cómo os ofrecieron la propuesta?
C.—El origen fue el viaje a Jerusalén con Pati. Gracias a ella, di el viraje literario a la novela histórica cristiana. Tras mi primer libro, me llamaron desde la Archidiócesis para dar una charla a los jóvenes católicos y funcionó muy muy bien. Como ya tenían mi contacto, me llamaron en Semana Santa, estando nosotros en Venecia. Cuando tuvimos el "sí" por parte de la Santa Sede, nos invitaron a Roma. Pero allí todo fue mucho más serio, más estricto y más protocolario.
P.—En Madrid, estaba muy cómoda por salir con Chris. Más allá del encuentro con el Papa, fue la parte más positiva y la gran sorpresa. Antes pensábamos que no pegábamos ni con cola en un escenario, pero estuvo muy bien.
La fe perdida y recuperada de Christian Gálvez: del documental en Camboya y la apostasía a la reconversión
Hablemos de fe. Patricia siempre ha sido creyente, pero Christian, no.
P.—Me gusta rezar y entrar a una iglesia. Para mí, ir a misa no es una obligación, porque siento calor de hogar. Por eso, si quieres estar conmigo de verdad, va un poco implícito. Y a él no le costó.
C.—Pati me devolvió la fe en todo y también en Dios.
P.—Chris siempre dice que fui un ángel para él, pero él también lo fue para mí. Cuando le conocí, me encontraba en mi peor momento. No hay nada peor en la vida que divorciarse con niños, porque te separas de tu pareja, pero no de tu familia, de tus hijos. Cuando apareció Chris, me encontraba sola, frustrada y en un momento terrorífico. Y él me rescató. Fue el milagro de mi vida.
Curiosamente, ahí Christian quería firmar su apostasía.
C.—Me enfadé con Dios cuando fui a Camboya e hice ese documental (sobre explotación sexual a menores). Fue más casi una actitud negacionista que una pérdida de la fe. Y sí, me enfadé tanto que pedí a mi madre los papeles de la apostasía. A mi madre le costó muchísimo porque es creyente. La parroquia tampoco lo puso fácil y retrasó todo muchísimo.
Patricia: "La gente se piensa que somos la familia cristiana ideal… No voy de eso. ¡Y con el carácter que tenemos! Chris parece un príncipe, pero es un Miura. Yo también tengo carácter. Discutimos muchísimo"
Siendo Patricia tan creyente, ¿os supuso algún tipo de conflicto?
C.—No. Me apasiona el arte y la historia. Por ejemplo, cuando íbamos a Galicia, me fascinaba la historia de Santiago Apóstol y de la catedral de Santiago.
P.—En esos sitios, a Chris le gustaba la arquitectura y lo artístico. Ya fuese en Viena, Florencia o París, él me veía tan feliz poniendo mis velitas o rezando. Poco a poco, se fue dando cuenta de que ese mundo interior también encajaba con él. Y el punto de inflexión fue Jerusalén. Ahí volvió extasiado.
¿Qué ocurrió en Jerusalén?
C.—Volví absolutamente fascinado, con la obstinación de querer escribir sobre aquello. Había conocido lugares increíbles, pero ese viaje lo tenía pendiente porque nadie me quería acompañar. Y Pati, que ya había estado, me llevó.
P.—Fue un viaje muy bonito. En el río Jordán, nos bautizaron a los dos y renovamos los votos. Allí conocimos a un franciscano andaluz. Le habló a Chris desde su experiencia, de sus crisis de fe y lo que le suponía estar en la Iglesia, con sus contradicciones y discrepancias. Le hizo ver que no somos un club de personas perfectas ni vamos con el discurso de la superioridad moral. Todos hemos pecado, todos tropezamos y, aun así, ese es el lugar. Ahí Chris entendió por qué soy católica.
C.—No era el Dios que me habían contado, el de "si crees en Dios, todo va a ir bien". Si lees la Biblia de verdad, con madurez y distancia, Jesús es el primero que dice que le van a arrestar y que le van a crucificar. Dice que cada uno tiene que cargar con su cruz, pero que, al final, Él estará con nosotros. El Nuevo Testamento es la historia del mayor de los sacrificios por un propósito. Y esa necesidad de perderlo todo para ganarlo todo es lo que no me habían contado.
P.—Hay gente que piensa que, rezando y yendo a misa, no le va a pasar nada porque tiene un manto protector de Dios, que le aleja de todo el mal. Y esa no es la lectura del catolicismo. Tú tienes una fortaleza, la certeza de que Dios existe y que estás aquí para un propósito, lo cual no te blinda de sufrir.
Patricia: "Chris siempre dice que fui su ángel, pero él también lo fue para mí. Cuando le conocí, me encontraba en mi peor momento y me rescató. Algo similar le pasaba a él. Nos salvamos mutuamente"
Patricia, ¿cómo fue encontrarte a Christian leyendo la Biblia?
P.—Es verdad que Chris, cuando le da por algo, se obsesiona mucho (ríe). Además, él no lo sabe, pero yo sí: es una persona de altas capacidades, pero de manual. No necesito que le hagan ningún test, porque su capacidad para organizar, para gestionar su tiempo y para crear no es normal. Cuando volvimos de Jerusalén, sabía que escribiría de ello… Pero, como Jesús tiene una implicación y genera también mucha controversia y mucho rechazo, le advertí: "Cuidado". Me preocupaba mucho que sufriese. Al final, ha sido todo lo contrario. ¡Fíjate, hemos acabado en el Bernabéu con el Papa! (Ríe).
Christian, parte de tu familia no es creyente. ¿Cómo ha vivido tu conversión?
C.—Mi padre es agnóstico. Hubo un momento en el que él no sabía si yo estaba apasionado, obsesionado o las dos cosas. Pero cuando me ve hablar con esa pasión y esa seguridad... Pero mi padre jamás me ha dicho: "Hijo, ¿estás seguro?".
Patricia, tienes fe y no es postureo. ¿Vas a misa cada semana?
P.—No va por ahí. Por eso digo que no soy una beata impostada.
C.—Ella va cuando le apetece.
P.—Exacto. Está en mi día a día, mi manera de comportarme y mi mundo interior. Creo que hay algo más fuerte que nos trasciende y que tengo unos pilares y una fortaleza espiritual que me transmite la fe cristiana.
¿Rezáis a menudo o solo cuando pasan cosas malas?
C.—Todos los días, y siempre para dar las gracias.
P.—Lo primero que hago por la mañana es encender mis velas y acudir a mi altar para hablar con Dios. Doy las gracias, pero también pido mucho. Al igual que hay gente que medita, se pone la esterilla y hace yoga o algo superexótico que todo el mundo aplaude, yo tengo una habitación "ex profeso" donde rezo cada día de rodillas. No me da ninguna vergüenza decirlo. Tengo mis figuras, mis medallas, mis imágenes y soy profundamente creyente. Y me viene fenomenal. Estoy convencida de que Dios me oye y me responde.
Siendo tan creyentes, ¿barajáis la posibilidad de casaros por la Iglesia?
P.—Dios dirá… Está en las manos de Dios.
C.—Tarde o temprano, lo haremos.
Christian, ¿qué opinas de testimonios como el de Tamara Falcó, que habla de la fe sin filtros y sin pensar en el qué dirán?
C.—Lo valoro porque formo parte de esa corriente, que no moda, que no tiene pudor ni vergüenza para decir lo que piensa y lo que siente. Además, los valores asociados a la fe son todos positivos y nos hacen mejores personas: intentamos estar en un camino bonito, de luz y correcto.
Cuatro años de amor: "Después de un divorcio hay vida y existen las segundas oportunidades"
Lleváis más de cuatro años juntos y os han pasado muchas cosas.
P.—Parece que llevemos 20 juntos... (Ríe). Ha sido muy intenso, sí.
C.—También porque hay familia y te marca unos ritmos.
De todo este tiempo juntos, ¿qué es lo que más os sorprende?
P.—Hombre, lo del Papa ha sido un hito (ríe)… Pero el nacimiento de un niño es insuperable. Sobre todo para Chris, porque fue su primera vez. Jamás pensé que volvería a casarme y mucho menos ser madre otra vez. Me quedo con el nacimiento de Luca, que ha sido el gran milagro de mi vida, y haber formado esta familia. Si nos vieses en nuestro día a día, con las niñas... (Se emociona). Ay, que voy a llorar.
C.—Afortunadamente, a día de hoy, nos amamos más que el primer día. Y eso es lo más importante.
"Mis hijas le llaman 'Cacho', de cachorro. Cuando él vino a casa, una de las niñas empezó a decir que Chris era un cachorrito abandonado y teníamos que acogerle"
¿No fue una locura casaros a los meses de salir?
—No (responden a la vez).
C.—No. En el momento en el que Pati me presentó a las peques, ahí apostamos por esto de verdad y nos sentíamos casados.
P.—Estando divorciada, el gran paso fue presentarle a mis hijas. Reconozco que, al hacerse pública la relación tan pronto, nos rompió nuestros tiempos y lo aceleró todo muchísimo.
C.—Era el inicio de una relación, por mucho que digan tonterías de tiempos y calendarios.
P.—El otro día lo hablaba con mi hermana: "Si me llegan a contar todo esto en diciembre de 2020, que fue cuando me divorcié, hubiese dicho: 'Imposible'". Venía del momento de mayor oscuridad de mi vida, de estar en un pozo muy profundo… Similar a lo que le pasaba a él. Al final, nos hemos encontrado. Por eso, decimos que nuestro lema es "luz y camino".
C.—Y fíjate que hablar bien de una persona no significa siempre hablar mal de otras, que eso es lo que no entiende la gente. Nunca ha habido, ni hay, ni habrá mensajes indirectos a nadie que haya formado parte de nuestras vidas. Jamás. Esto es el aquí, el ahora y celebrar el amor.
P.—Exacto. El amor de ahora no significa desvirtuar lo vivido antes.
Precisamente, la exmujer de Christian (Almudena Cid) decía el otro día que no paraban de preguntarle por él y se plantó en un evento.
C.—Eso es cosa del periodista. Pero no me refiero a alguien en concreto, sino a todas las personas de nuestras vidas. Jamás he hablado mal de nadie y jamás lo voy a hacer.
Christian: "En el momento en el que Pati me presentó a las 'peques', ahí apostamos por esto de verdad y ya sentíamos como que estuviésemos casados"
Volvamos a hablar de vosotros: ¿quién es más detallista?
P.—Chris es muy detallista.
C.—¿Y tú no? Siempre empatamos.
P.—Mira, ya tengo su regalo de Reyes… (Christian se sorprende). Lo tengo encargado desde hace cuatro meses (ríe). Y sé que se va a quedar con esta misma cara cuando lo vea (ríe).
C.—Flipo muchas veces. Me regaló un cuadro que pintó Burés a partir de una foto mía. Salgo con nuestro peque, en el parque de la Alameda y con vistas a la catedral de Santiago, que es donde nos pedimos matrimonio.
P.—Es un cuadro hiperrealista que le regalé el primer Día del Padre. Si no te acercas, crees que es una foto.
C.—Es brutal. Me impactó muchísimo por todo: el encargo, la calidad de la pintura, la foto que eligió, con quién aparezco, el lugar...
P.—Y el primer tatuaje que se hizo por mí… Me dejó como «¿perdona?».
¿Qué es lo mejor del otro?
P.—Buf, te podría decir tantísimas cosas… (Se emociona). Le damos mucha importancia a lo material, pero lo maravilloso de Chris es su capacidad de entrega y sacrificio por la familia. Sobre todo, por mis niñas, que es fundamental. Sentir y ver todos los días que las trata como hijas suyas… No hace ningún tipo de distinción entre ellas y Luca. El mayor milagro es ese: encontrar a otra persona que las cuide y las ame profundamente. Por supuesto, mis hijas tienen su padre biológico, pero Chris se sacrifica por ellas.
"Al principio de salir, eran apabullantes los comentarios y el odio. Ni somos dos delincuentes ni asesinos"
Habrá quien lea esta entrevista y piense: "Qué intensos", o diga: "No me trago este cuento".
P.—¿Crees que somos perfectos? La gente se piensa que somos la familia cristiana ideal… No, cariño, no voy de eso. ¡Y con el carácter que tenemos! Chris parece un príncipe, pero es un Miura. Y yo también tengo carácter. Discutimos muchísimo.
C.—Si hay algo que admiro de Pati, es su franqueza, su honestidad y su transparencia, independientemente de cómo te puedas tomar las cosas. Siempre que te dice algo es desde la bondad, porque es lo mejor para ti. Y ese instinto de protección me fascina.
P.—A veces, soy muy brusca…
C.—¡No, no! ¡Al revés! Es muy honesta y es una virtud.
P.—Siempre le insisto en que hay que decir las cosas a tiempo, no hay que guardarse nada. Si algo te sienta mal o no marcha bien, dilo en ese momento. Si no, las cosas se enquistan y, cuando te quieres dar cuenta, el amor ya está muerto. Para mí, esa honestidad es fundamental. Por eso, lo único que le pido a Chris como pareja es: "Si algo no te gusta, aunque te parezca una nimiedad, dímelo, porque hay que arreglarlo a tiempo". Si te lo guardas, a lo mejor dentro de tres meses es peor.
¿Os veis siendo padres otra vez?
P.—Lo digo de corazón: si tuviese 30 años, querría cinco hijos, pero tengo 42…
Bueno, tu jefa, Ana Rosa, tuvo mellizos con 48 años…
P.—Es verdad. No voy a decir "de esta agua no beberé", pero no está en nuestros planes. Damos la misma respuesta que con lo de casarse por la Iglesia: "Si Dios quiere".
Frente al 'hate': cómo viven las críticas por no ser 'la familia cristiana ideal'
Da la sensación de que habéis luchado mucho por vuestro amor.
C.—No, hemos tenido que luchar mucho con nuestro amor. Es lo mejor que nos ha pasado.
P.—Y ha sido nuestra fortaleza para hacer frente a muchas críticas y a cosas muy desagradables. Esa fortaleza nos la ha proporcionado el amor absoluto y tan fuerte que sentimos.
C.—Corrijo mis palabras: hemos resistido con amor.
Christian: "Me enfadé con Dios por el documental de Camboya (sobre explotación sexual a menores) y estuve a punto de firmar la apostasía, pero Pati me devolvió la fe en todo y en Dios"
¿Os han llegado a sobrepasar los comentarios y el 'hate'?
P.—No. Al principio, era apabullante… Ni somos dos delincuentes ni asesinos.
C.—Algo falla en las redes y en la gente, que tiene mucho tiempo libre y la piel muy fina.
P.—Igual es por el momento que estoy viviendo con la fe, pero veo ese odio y el vomitar rencor desde otro lugar. Cuando no me encontraba bien y vivía con rabia y frustración, era más irascible y tendía a juzgar. O me comportaba de una manera, quizá, no correcta. Por eso quiero ver en esas personas que transmiten odio, ya sea en televisión o en redes, que deben sentir mucha frustración interior. Algo les pasará, porque una persona que está sana y bien no te odia.
C.—Ni te llama "mamarracho".
P.—Yo lo gestiono muy bien y lo único que me preocupa es cómo puede afectar a los niños.
Christian, Telecinco ha puesto en marcha 'El Rosco', la prueba que había en 'Pasapalabra'. ¿Cabe la posibilidad de que lo presentes?
C.—Yo no sé nada. Te puedo jurar que no me han llamado. Ojalá.
P.—También puedo jurar que, todos los días, mis compañeros de Telecinco me preguntan: "¿Ya le han llamado?". Y respondo que no tengo noticias. Pero siempre me transmiten que ojalá vuelva Christian Gálvez.














