Desde que Joaquín Sabina decidió poner punto final a una de las trayectorias más intensas y longevas de la música en español, su vida ha transcurrido tranquila, centrada en su familia y alejada del foco mediático. Y es que, tras casi cinco décadas componiendo himnos generacionales, grabando discos y recorriendo escenarios de medio mundo, el cantautor de Úbeda (Jaén), que el pasado 17 de febrero cumplió 77 años, el primero como jubilado, vive ahora una etapa completamente distinta: mucho más tranquila y doméstica.
Su retirada definitiva de los escenarios a finales de 2025 ha marcado el inicio de un tiempo nuevo en el que el artista ha ido delegando responsabilidades y reduciendo su exposición pública. En ese proceso, Jimena Coronado, su compañera desde 1999 y esposa desde 2020, se ha convertido en la figura central de su día a día… y también en la persona en la que ha depositado la gestión de su patrimonio.
Un patrimonio consolidado y un relevo histórico en su empresa matriz
La retirada de Sabina no solo ha supuesto un punto final a su vida sobre los escenarios, sino también el inicio de una reorganización profunda de su estructura profesional y empresarial. Su carrera —casi cinco décadas de discos, giras y derechos de autor— ha generado un patrimonio sólido que el artista ha gestionado tradicionalmente a través de su sociedad matriz, Relatores SL. Esta empresa concentra el grueso de sus ingresos y ha sido durante años el eje de su entramado financiero.
Hasta ahora, la administración de la misma había estado en manos de Isabel Oliart, su exmujer y madre de sus dos hijas. Tal y como recuerda Vanitatis, la relación entre ambos siempre fue excelente pese a su separación en 1998, basada en una confianza mutua que permitió que Oliart continuara gestionando la sociedad incluso en los años de mayor actividad del músico. Su papel fue clave en la estabilidad del negocio durante décadas.
Sin embargo, con la retirada definitiva del artista, Sabina ha decidido reordenar su universo profesional. Según la información publicada por este medio, en el Boletín Oficial del Registro Mercantil (BORME) ya consta el cese de Oliart como administradora única de la sociedad y el nombramiento de Jimena Coronado en su lugar. Ahora es ella quien figura como administradora única de Relatores SL. El relevo, discreto pero simbólico, marca un antes y un después en la vida del cantautor: Jimena es hoy la persona que mejor conoce su presente, sus necesidades y su ritmo vital.
Este paso no sorprende en su entorno. Coronado ha sido su apoyo más constante, la figura que ha acompañado al artista en sus momentos más delicados y quien, según él mismo ha contado en entrevistas, “le salvó la vida”. Que ahora tome las riendas de su sociedad principal es la formalización de un rol que ya ejercía en su día a día.
Una nueva vida lejos del foco: centrada en su mujer, Jimena, y sus hijas
Sabina ha explicado en varias ocasiones que necesitaba “bajar el ritmo” y vivir sin la presión de los compromisos profesionales. Su salud, siempre delicada, y los accidentes sufridos en los últimos años reforzaron esa decisión. Ahora, instalado en una rutina tranquila en su casa del barrio de La Latina, disfruta de una vida más pequeña y más suya: lecturas interminables, sobremesas con amigos de siempre, paseos cortos por Madrid y la música que sigue escribiendo “sin obligación”, como él mismo ha contado.
En esta etapa, la familia ocupa un lugar central. Jimena Coronado, hija del expresidente del Banco Central de Reserva de Perú, lo acompaña desde 1999, años después de conocerse en Lima durante una sesión fotográfica para el diario El Comercio. Él mismo ha reconocido que Jimena ha sido clave en sus momentos más difíciles. Su boda civil, celebrada por sorpresa el 29 de junio de 2020 en Madrid en el registro civil de la calle Pradillo de Madrid, fue un gesto de amor y protección: “Si me pasa algo, quiero que tenga todos los derechos. Y además, cómo la quiero”, confesó entonces el artista.
Sus hijas, Carmela y Rocío, fruto de su relación con Isabel Oliart, mantienen una relación muy cercana con él. Carmela, directora de producción y académica de cine, ha trabajado en títulos como Cámera Café o Tiempo después. Rocío, mucho más discreta, escribe poesía, practica yoga y es una apasionada de la gastronomía japonesa. Ambas forman parte de ese círculo íntimo que ahora acompaña al artista en su retiro.
Quienes lo conocen aseguran que Sabina está disfrutando de esta etapa más que nunca. La intensidad profesional que lo acompañó durante medio siglo ha dado paso a una vida más pausada y más centrada en lo esencial. Jimena, discreta y constante, es la pieza fundamental de ese equilibrio.
La decisión de poner en sus manos la gestión de su patrimonio no solo habla de la confianza que ha depositado en ella, sino también de una nueva etapa donde su mujer juega un papel determinante en su día a día.









