En una de las calles más duras de Nepal, un niño sobrevivía cómo podía entre la pobreza, la enfermedad y el abandono, sin imaginar que su destino estaba a punto de cambiar en el momento más inesperado. A miles de kilómetros, un aventurero español recorría el Himalaya sin saber que aquel pequeño, con su ingenio callejero y su instinto de supervivencia, acabaría cambiando su vida tanto como él cambiaría la suya. Ese encuentro, casi casual, dio origen a una historia real que parece escrita para ser contada: la de Ganesh Manlama y su vínculo indestructible con Jesús Calleja.
Fue precisamente en ese contexto, durante las expediciones de los años 90, cuando Ganesh coincidió con el presentador. Por aquel entonces, se buscaba la vida como podía en unas condiciones extremadamente complicadas, moviéndose entre la supervivencia diaria y la astucia que le permitía salir adelante: “Era salado como él solo, se inventaba todo y era un mentirosillo, pero se buscaba la vida”, recordaba el propio Calleja en una entrevista con Bertín Osborne en Mi casa es la tuya, al rememorar aquellos primeros encuentros que marcaron el inicio de todo.
Cuando el explorador se enteró de que aquel niño, guía suyo, vivía en un hospicio en condiciones extremadamente precarias, rodeado de ratas y afectado por tuberculosis, tomó una decisión que cambiaría sus vidas para siempre: traerlo a España para intentar salvarle la vida. Consiguió gestionar su traslado y tratamiento médico, y el menor logró recuperarse progresivamente gracias a los cuidados recibidos. Aquella decisión no fue solo un gesto de ayuda puntual, sino el inicio de una historia mucho más profunda.
Una vez en España, el niño no solo se curó, sino que comenzó una nueva etapa completamente distinta. Se instaló en el entorno familiar de Calleja en León, donde inició su integración en la vida cotidiana, aprendió el idioma, se escolarizó y empezó a construir una infancia estable por primera vez. Sin embargo, tras su recuperación, no quiso regresar a su país natal. Fue entonces cuando el aventurero, con el apoyo de sus padres, decidió hacerse cargo de él de forma definitiva, asumiendo una responsabilidad inesperada que marcaría su vida. “Cuidé a un hijo, sin tener mucha idea de cómo se hacía”, confesó en una ocasión, reflejando la mezcla de impulso, incertidumbre y compromiso que definió aquel momento.
Con el paso del tiempo, aquel vínculo inicial se transformó en una relación inseparable. Terminó adoptándolo, convirtiéndose en su padre legal y emocional, mientras que el joven nunca dudó en llamarle “papá”. Desde entonces, su historia ha sido contada como uno de los relatos más humanos y conmovedores asociados al leonés. El gesto no quedó ahí: el vínculo con aquel niño fue más amplio y, según se ha publicado en diversos medios, también se extendió a su entorno más cercano en Nepal, en una historia de apoyo que trascendió lo individual.
Integrado en León, Ganesh creció como cualquier otro, fue al colegio y se formó con normalidad hasta obtener el título de Formación Profesional en electrónica. En esa etapa, la adaptación fue total, no solo al idioma y la cultura, sino también a una rutina estable que le permitió construir un futuro propio. En este contexto, el propio Calleja ha contado en más de una ocasión una anécdota que refleja el carácter y la determinación del joven. “Le dije que si aprobaba todo, le compraba una moto”, recordaba. “Pues sacó todo matrícula de honor y me dijo que sabía que le había prometido la moto, pero que no la quería, que lo que quería era que trajera a su mejor amigo, Sunat, que también tenía tuberculosis y se estaba muriendo”.
Aquella petición marcó profundamente a Jesús Calleja, no sólo por el rendimiento económico, sino por la madurez y generosidad que demostraba a tan corta edad, priorizando la vida de su amigo por encima de cualquier recompensa personal.
En el plano personal, en 2013 se caso en la catedral de León, en una ceremonia muy especial a la que llegó incluso en helicóptero. Años después, en 2017, la pareja dio la bienvenida a su primer hijo, Nyamgal, que se convirtió además en el primer nieto de la familia. Sobre los otros dos hijos de Calleja, Sunat y Sundari, también adoptados, su edad no ha sido hecha públicaz ni ha sido detallada en medios, ya que el propio presentador ha mantenido siempre un alto nivel de discreción para proteger su vida privada y la de su familia.
A sus 38 años, Ganesh es hoy un gran amante de la aventura. La montaña, el mar, viajar y comer están entre sus aficiones favoritas, algo de lo que además puede disfrutar también en su trabajo, ya que su vida profesional está profundamente ligada a las expediciones y a los viajes por todo el mundo como mano derecha y representante de su padre. Su papel dentro del equipo combina lo técnico con lo emocional, sustentando en una relación de confianza absoluta que ha ido mucho más allá del trabajo.








