La relación de Isabel Pantoja y Kiko Rivera parecía imposible de reconducir. La crisis que atravesaron en 2020 a costa de la herencia de Paquirri no fue un problema aislado. Al revés. Fue solo el detonante de la ruptura familiar. El paso del tiempo ha hecho que la brecha se agrande, provocando una distancia insalvable, física y emocional. Cuando la reconciliación se daba por perdida, ha llegado la gran sorpresa: madre e hijo han tenido un acercamiento que podría cambiar el rumbo de su historia. Un paso al frente que ha pillado a todos por sorpresa, incluida a Isa Pantoja, que se ha pronunciado acerca de este inesperado movimiento.
Todo ha empezado este 5 de marzo, una fecha llena de significado y nostalgia al ser el día en el que Paquirri hubiera cumplido 78 años. Kiko ha sorprendido compartiendo una foto de su infancia en la que aparece en brazos de su madre. La imagen la ha adornado con un corazón azul, a juego con los looks que ambos llevan, y le ha puesto banda sonora: Mi pequeño del alma, la canción que Isabel lanzó en 1985 y que se hizo viral cuando ni siquiera existían las redes porque durante uno de sus conciertos subió a su hijo al escenario para cantarla juntos. Aquel momento ha pasado a la historia. Se da además la circunstancia de que era uno de los primeros shows de la artista tras la trágica muerte de su marido a causa de una cornada en la plaza de toros de Pozoblanco, una noticia que conmocionó a todo el país.
La reacción de Isa Pantoja no se ha hecho esperar. Durante una conversación telefónica con El tiempo justo, se ha mostrado completamente incrédula. "¿Cómo? ¿Quién?", ha empezado a preguntar cuando le han comenzado a hablar de la publicación de Kiko. "¿Es verdad? No sé nada. Esto me ha dejado un poquito en shock. Me has pillado un poco así, lo voy a mirar y todo", ha dicho la influencer, que no tiene relación ni con su madre ni con su hermano. De hecho, ninguno de ellos conoce a su hijo pequeño, Cairo, que nació el pasado junio.
El gesto del DJ ha causado una gran revolución y ha sido la primera pista de que algo ha cambiado con su madre. Nadie lo esperaba, no solo por el tiempo que han pasado sin tener contacto, sino porque las últimas palabras de Kiko no invitaban a pensar en la reconciliación: "El consejo y la lección de vida que le voy a dar a mi madre espero que, aunque no quiera verla, se lo hagan llegar. Necesita ayuda urgente, psicológica. Que se dé cuenta de que no es el ombligo del mundo y que no siempre tiene que tener la razón", comenzó a decir el pasado noviembre en De Viernes.
"Me extraña que antes de irse a la cama y despertarse por las mañanas no haga conciencia y piense las cosas que ha podido hacer mal, porque yo sí sé las cosas que he hecho mal y me arrepiento. Todos tenemos derecho a equivocarnos, pero no pone remedio, y ya tiene unos años. A veces hay que afrontar los errores que uno comete y eso solo depende de ella... Desde aquí decirle que, todo lo malo que me haya podido hacer a mí, yo sí la perdono, pero no olvido. Sobre todo, una de las cosas que no olvido es que en estos últimos años no haya tenido la decencia de levantar el teléfono para hablar con sus tres nietos. Vuelve a hacer lo mismo que ya hizo en 1984, porque a mí me quitó la posibilidad de conocer a mi familia paterna y ahora ella lo está haciendo con mis hijos", finalizó.
La distancia entre madre e hijo parece haberse acortado ahora que Kiko atraviesa un momento vital muy diferente. El intérprete de Quítate el top ha encontrado la ilusión (y la inspiración) al lado de Lola García, a la que incluso le ha hecho una canción. El amor ha llegado a su vida tras separarse el pasado verano de Irene Rosales, madre de sus dos hijas, Ana y Carlota. La influencer sevillana, que ha rehecho su vida al lado de Guillermo, cuenta las horas para hablar por primera vez de su ruptura en De Viernes.







