Jaime Lorente es uno de los actores del momento. Desde que saltó a la fama por su papel de Denver en La Casa del Papel, el intérprete se ha consagrado como un indispensable del séptimo cine, ya no solo a nivel nacional, sino a nivel internacional también. El joven, de 34 años, ha conectado con el público no solo por su innegable talento, sino también por su inspirador carácter y sus férreos valores, los cuáles defiende a cal y canto. Desde hace tiempo, Jaime se ha sincerado sobre los pensamientos que ocupan su día a día y cómo su fe le ha ayudado a mejorar en innumerables aspectos de su vida, siendo uno fundamental en su paternidad. Ahora, el intérprete ha hablado como nunca de su faceta como padre y lo que le intenta enseñar a sus dos hijos —los cuales comparte con su mujer Marta Goenaga—.
Si bien la estilista y el actor no coinciden en multitud de aspectos —él siempre ha manifestado su vínculo con Dios, mientras que ella siempre se ha pronunciado como no creyente—, hay algo en lo que sus valores no tienen diferencias: sus dos hijos. "Compartimos los ideales más básicos para que una familia pueda llevarse a cabo", ha confesado Jaime, subrayando que "el respeto absoluto" a las creencias del otro es uno de los pilares fundamentales dentro de su familia. Algo que, sin ninguna duda, están tratando de traspasar a sus hijos, Amaia y Luca.
Delicado momento personal
En una íntima y distendida conversación con René ZZ en su podcast ZZEN TALKS, Jaime ha desvelado que está viviendo una profunda etapa de transformación interior en las que el crecimiento personal y el cerrar las heridas del pasado se han convertido en su día a día. Un momento de "luz" y claridad el cuál le ha llevado a cuestionar algunas de las decisiones de su pasado y cómo estas podrían haber afectado a la forma en la que ha criado a sus hijos.
Tal y como indica, esta nueva consciencia —que ha adquirido a raíz de aceptar al completo su vínculo con Dios— le ha hecho revisar algunos episodios de su vida que, si bien pueden llegar a generar sentimientos contradictorios, han sido fundamentales para ver cómo podría mejorar su relación con sus dos hijos. "Hay días que se me arruinan por pensamientos de que no he sido el padre que debía ser", admite, emocionado y arrepentido. Además, Jaime señala que, desde hace años, carga con una "mochila" de la que se intenta desprender; y si bien por el momento no puede decirle adiós del todo, sus esfuerzos están puestos en ello.
Se ve reflejado en sus hijos
El intérprete también ha explicado que, para él, la paternidad funciona como un espejo. Jaime subraya que a través de sus hijos ha revivido aspectos de su propia infancia, la cual tiene un regusto agridulce. No es la primera vez en la que el actor confiesa sus pensamientos y sentimientos negativos respecto a si era merecedor o no de las alegrías que llegaban a su vida y, si bien en muchas ocasiones se refería a ocasiones específicas relacionadas con el ámbito laboral, también ha confesado que estas sensaciones podían extrapolarse perfectamente a su pasado.
Es por eso que, en muchas ocasiones, le recorre el miedo de que sus hijos puedan experimentar el mismo vacío que le ha acompañado durante tantos años. "Veo cosas en ellos que también vienen de mí", le confesaba al conductor del podcast.
La culpa, muy presente
Lamentablemente, la culpa es uno de los sentimientos con los que Jaime ha lidiado más a lo largo de su vida, y durante su entrevista con René ZZ ha admitido que esta podría haber calado en su papel como padre. "Quieres sentirte buen padre y acabas tomando decisiones que no siempre les hacen bien", confiesa, expresando como haber descubierto este patrón que realizaba casi de forma inconsciente ha sido uno de los puntos de inflexión más importantes de su vida.
Uno de los remedios que ha incorporado a su día a día para evitar esto es poner límites, ya que, tal y como subraya en la entrevista el amor y la crianza van más allá de consentir, ya que en muchas ocasiones están más ligados a ofrecer a los pequeños de la casa un marco seguro dentro del cual puedan crecer. "Los límites son el terreno de juego", explica, indicando que en ellos proporciona seguridad emocional a sus hijos, así como desarrollarse no solo físicamente con confianza.









