La propiedad de los Auchincloss-Coats, en Mayfair, sale a la venta por 25 millones de libras. La vivienda fue usada como base para el viaje europeo por quien después se convertiría en primera dama de EEUU. “La procedencia de esta mansión de Mayfair, con vistas a Hyde Park, es excepcional”, afirma Peter Wetherell, cuya firma comercializa la propiedad junto con Knight Frank.
Para los agentes inmobiliarios, comercializar esta propiedad a ese precio no se plantea como una misión imposible ni como un ejercicio de especulación desmedida. Cuando una vivienda ha estado ligada a una figura icónica, el valor trasciende los metros cuadrados: se vende también el imaginario de habitar un lugar con historia. Así lo confirman precedentes célebres como la mansión de Brad Pitt en Los Ángeles, vendida por 40 millones de dólares; la residencia de los Beckham en Beverly Hills, que alcanzó los 33 millones; o la casa de Stranger Things, adquirida por más de 500.000 euros. Vivir donde una vez vivió alguien extraordinario sigue siendo, indiscutiblemente, un poderoso reclamo.
Esto es lo que se espera con el número 26 de Upper Brook Street, situado en el barrio londinense de Mayfair, a pocos minutos de los espacios verdes de Grosvenor Square y Berkeley Square, donde se encuentran exclusivos clubes privados como Annabel's y restaurantes recientes como Bonheur y Carbone. El edificio pertenecía a la familia Auchincloss, de gran influencia, vinculada desde finales del siglo XIX a la banca, la industria textil y la política, con presencia destacada tanto en Estados Unidos como en el Reino Unido.
La casa fue encargada en 1908 por el industrial James Monro Coats y diseñada por Arnold Bidlake Mitchell, un arquitecto que también trabajó con Ernest George y Harold Peto. A él se le encargaron obras como la de St. Luke's, una iglesia ya demolida, y casas de campo de estilo Arts and Crafts. Además, realizó encargos en el extranjero, como los del rey de Bélgica, Leopoldo II.
En el anuncio de venta de la inmobiliaria se pone describe explícitamente como la oportunidad que representa restaurar esta mansión eduardiana catalogada de Grado II (catalogada como propiedad histórica), que ofrece casi 13.500 pies cuadrados (1.255 m²) de alojamiento, con 7 baños, 6 salas, 7 dormitorios, un patio central con jardín y una casa de caballerizas contigua.
La casa contrapone varios estilos, va de habitaciones con estilo eduardiano, pasando por salones neo-rococó, hasta interiores de Arts & Crafts (la huella de Mitchell). Se cuenta que entre esos muros, pernoctaron huéspedes como Ernest Cassel, la figura social Edwina Ashley (posteriormente condesa Mountbatten de Birmania) y el arquitecto Edwin Lutyens. También lo hizo Jackie y su hermana Lee.
Jackie Kennedy, era una de las hijas del matrimonio Bouvier. Su madre, Janet Lee Bouvier, tras 22 años de matrimonio y constantes disputas, le solicitó el divorcio a su padre, John Vernou Bouvier III, en 1940, debido a las relaciones extramatrimoniales y los problemas de su esposo, casándose dos años más tarde en Virginia con el millonario Hugh D. Auchincloss.
El verano de 1951, el banquero, ya padrastro de Jackie y su hermana Lee, decidió enviarlas a ambas a la citada mansión para comenzar un viaje de tres meses que las llevó por Italia, Francia y España.
Un año más tarde, una Jackie, reportera del Washington Times-Herald, y aún comprometida con John Husted Jr., un corredor de bolsa de Nueva York, conoció a John Fitzgerald Kennedy, un congresista demócrata de Massachusetts, en una cena organizada por el periodista Charles Bartlett, futuro ganador del Pulitzer, y su esposa Martha en su casa de Georgetown. Ese fue el punto de partida a un romance de los más trágicos que, incluso ahora, la pantalla le vuelve a rendir homenaje con Love Story, bajo la dirección de Ryan Murphy.
A partir de ese momento, los Auchincloss-Coats han estado fuertemente vinculados a los Kennedy que, tras el matrimonio de Jackie con John Fitzgerald Kennedy, el 12 de septiembre de 1953 la unión se acabó por consolidar.
A mediados del siglo XX, con la muerte de James y su esposa Anne, la propiedad cambió de propietario y pasó a convertirse en las oficinas del Banco de África. Ahora se encuentra en otro punto de inflexión. Los urbanistas de Westminster han mostrado su apoyo a la vuelta al uso residencial, lo que ofrecería a un futuro propietario la oportunidad de reimaginar la propiedad como vivienda privada.








