Brihuega (Guadalajara) es mucho más que los campos de lavanda que florecen a finales de junio y visten de un morado intenso esta localidad de La Alcarria, impregnándola de su aroma. Este espectáculo estival le ha valido el sobrenombre de la Toscana española, pero las similitudes con la región italiana van mucho más allá del paisaje. Ambas comparten un estilo de vida hedonista, elegante y mediterráneo. Aquí la dolce vita no se limita a este reclamo y catalizador del famoso Festival de la Lavanda, que durante el mes de julio invita a disfrutar de cenas y conciertos al atardecer en mitad de estas plantaciones. Brihuega es también gastronomía, descanso y cultura. A solo setenta y cinco minutos de Madrid, esta tierra de la que se enamoró Camilo José Cela merece una visita en cualquier estación. He aquí algunas las razones por las que vale la pena coger carretera y manta y escaparse un fin de semana.
Una villa medieval con mucho encanto
Declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1973, el casco antiguo de Brihuega está salpicado de monumentos de interés que descubrir de día y por los que pasear de noche. Conserva parte de la antigua muralla de los siglos XII y XIII, está regado de pintorescas fuentes —como la de los Doce Caños, cuya leyenda cuenta que hay que beber por todos ellos para encontrar el amor— y sus soportales típicos de la arquitectura alcarreña dan sombra y cobijo ante un clima castellano de contrastes. ¿Algunas de sus paradas obligatorias?
- El Castillo de la Piedra (o Peña) Bermeja: una fortaleza medieval ubicada en un risco, sobre el río Tajuña, que en su interior contiene una capilla gótica de gran valor y un cementerio.
- Sus preciosas iglesias, entre las que destacan los templos de Santa María de la Peña, San Felipe y San Miguel, ejemplos de la transición del románico al gótico con ciertas reminiscencias mudéjares.
- La Plaza del Coso, en su momento ocupada por los principales comercios y hospederías del pueblo, hoy sigue sirviendo de punto de encuentro para sus habitantes, reuniendo a su alrededor el ayuntamiento, la antigua cárcel de Carlos III y el acceso a las cuevas árabes, una red subterránea de galerías excavadas bajo el centro que se utilizaron como refugio y almacenaje.
- El Convento de San José, antaño habitado por los frailes franciscanos descalzos, ahora alberga la Sala de Exposiciones, el Museo de Historia de Brihuega y el Museo de Miniaturas del Profesor Max.
Un hotel balneario que sirve de destino
No se nos olvida la Real Fábrica de Paños, un edificio industrial del siglo XVIII que mandó construir Fernando VI y finalizó Carlos III durante su reinado. Desde 2023, se emplaza aquí el hotel de cinco estrellas Castilla Termal Brihuega. Rehabilitado respetando su valor patrimonial, sus paredes de piedra y sus techos de vigas a dos aguas albergan siglos de historia. Hospedarse en una de sus habitaciones es como retroceder al pasado con las comodidades del presente, entre las que destacan las piscinas, los jacuzzis y los tratamientos de su spa, que lo han convertido en uno de los destinos de bienestar favoritos para quienes buscan una escapada tranquila.
Una gastronomía para mojar pan y también pastas
Aunque almorzar en La Redonda, el gastrobar de Castilla Termal Brihuega, es una excelente opción para saborear la cocina de La Alcarria, los briocenses son de buen comer y no faltan las direcciones en las que probar los productos y las recetas de la zona. Desde los platos de tierra, huerta y brasas más tradicionales de Peña Bermeja (Calle Molinillo) y Princesa Elima (Paseo de la Fábrica, 15) al Kiosko de la Alameda (Parque de María Cristina), que comenzó como un food truck de molletes sin gluten y hoy es uno de los restaurantes más recomendados del lugar, en cuya terraza acristalada se venera la despensa castellano-manchega con guiños andaluces.
Pero si hay un imprescindible gastronómico en Brihuega, es probar su repostería, y es que La Alcarria destaca por conservar dulces centenarios elaborados en horno de leña, que combinan masas clásicas castellanas con ingredientes locales como la miel y la lavanda: los tontos, las tortas de la Virgen, las harinosas, los bizcochos borrachos, las rosquillas de anís y, por supuesto, las pastas de mantequilla y los mantecados de lavanda. Los encontrarás en Panadería de San Felipe (Plaza San Felipe, 2) y Panificadora Cepero (Calle Mayor, 9); esta última es un obrador con tres generaciones a sus espaldas que surte al hotel y que, además, ha creado “Los Pablitos”, unos hojaldres crujientes rellenos de crema y cabello de ángel.
Un viaje que invita a dejarse sorprender
Aprovecha el camino de ida y vuelta para visitar algunos de los pueblos de los alrededores, como Hita, que conserva la puerta de Brihuega, organiza cada julio su popular festival medieval y pertenece a la asociación de Los Pueblos Más Bonitos de España. Otros altos en el camino que puedes hacer son el Castillo del Cid en Jadraque, la gran cascada del río Cifuentes que atraviesa Trillo o el Palacio Ducal de Pastrana; porque la dolce vita también es parar en Torija a hacerse una foto, alojarse en un hotel que parece un palazzo rodeado de jardines y conducir, con la ventana abierta y la música bien alta, un coche que invita a colorear el día a día de la misma manera que la lavanda colorea Brihuega de púrpura.
Fabricado en Turín (Piamonte, Italia) y alineado con este espíritu hedonista, ese coche es el Fiat 500 Hybrid, que rinde tributo a sus raíces con un diseño renovado y mayores prestaciones. Disponibles en tres carrocerías (Hatchback, 3+1 y Cabrio) y tres acabados (Pop, Icon, La Prima y la serie especial de lanzamiento Torino), los nuevos modelos urbanos celebran la belleza y el placer de echarse a la carretera con ganas de que la vida te sorprenda.








