José Mota se ha puesto serio. Bueno, más o menos. Esta vez no hay personaje televisivo ni sketch de por medio, sino su debut detrás de las cámaras. El humorista estrena el 16 de octubre Arriba Tutto, que también protagoniza junto a Karra Elejalde, Olivia Molina y el pequeño Pablo Cabello. Ambientada en 1905, la película sigue a Michi, un hombre que se reencuentra con su amor de infancia y recupera el sentido del humor que su padre le inculcó desde niño. Un estreno que vuelve a colocarle en primera línea de actualidad y que descubre una faceta menos conocida de uno de los rostros más populares del humor en España.
Y hay otra que tiene bastante menos que ver con sus personajes y mucho más con las piedras centenarias: José Mota es, junto a Santiago Segura y el productor teatral Luis Álvarez, uno de los tres propietarios del castillo medieval de Pedraza, uno de los pueblos más bonitos de España y de los más cinematográficos, que algo tendrá que ver. Los tres adquirieron la fortaleza con la intención de rehabilitarla y convertirla en un espacio cultural dedicado a las artes escénicas y la música clásica, con conciertos, festivales, rodajes y otras actividades.
La iniciativa forma parte de un plan más amplio para recuperar y transformar lugares emblemáticos en auténticos referentes culturales, como la antigua Estación del Norte de Madrid, que se está convirtiendo en el Gran Teatro Príncipe Pío.
El castillo de José Mota está escribiendo un nuevo capítulo en su larga historia, que comenzó en el siglo XIII, cuando fue levantado en una ubicación estratégica para controlar el territorio en plena Edad Media. La fortaleza románica pasó por manos de importantes linajes nobiliarios, desde la familia del mariscal de Castilla García González de Herrera y Duque —nombrado señor de Pedraza por el rey Juan I —a la poderosa familia de los Velasco, que lo transformó en residencia nobiliaria. Mucho después, en el siglo XVI, también tuvo como huéspedes forzosos a Enrique II de Francia y su hermano Francisco, duque de Bretaña, retenidos entre sus muros cuando solo tenían 8 y 9 años.
La torre del homenaje, robusta y sobria, es el elemento más representativo del castillo, al que no le falta su leyenda. La protagonizan Elvira y Roberto, dos amantes cuyas almas dicen que vagan errantes por sus estancias. Para sentir su presencia y conocer toda la historia de esta construcción de 680 metros cuadrados aquí resumida, hay que apuntarse a las visitas guiadas o con audioguía que van descubriendo sus patios, estancias y mazmorras, algunas abiertas por primera vez en su totalidad. El recorrido sube a sus murallas para contemplar excelentes vistas panorámicas del paisaje castellano, con sus tonos ocres y horizontes abiertos.
Después de descubrir el castillo, hay que seguir visitando el pueblo medieval, con una única puerta de entrada que se cierra cada noche. Paseando por las empedradas calles Real y Mayor, se llegará siempre a la plaza Mayor, con soportales y balcones de madera, o a alguno de sus restaurantes para degustar un buen asado, que tiene buena fama.
En la misma plaza abre sus puertas Casa Taberna, el restaurante y casa de huéspedes que regenta Samantha Vállejo-Nájera (casataberna.com), otra de las celebridades que vive enamorada de este pueblo; esta con más razón, pues es el lugar donde nació su madre. La gran embajadora de esta villa tiene ahora un nuevo compañero: José Mota.











