El desierto del Kalahari está muy lejos de la imagen tradicional que se tiene de un desierto, porque aquí no hay dunas infinitas de color ocre, este es una vasta región semiárida que se extiende por Botswana, Namibia y Sudáfrica, donde la vida se abre paso entre la arena rojiza, la sabana infinita y una vegetación que sobrevive en condiciones extremas. En su tramo botsuano, este paisaje pasa por ser uno de los escenarios naturales más fascinantes del planeta, al que han viajado Carla Pereyra y Diego Simeone para vivir una experiencia que, según ella misma ha confesado, terminó convirtiéndose en algo mucho más profundo que unas vacaciones. “África me cambió la mirada»” resumía la modelo argentina, reflejando el impacto que el continente ha tenido en ella.
UN VIAJE PARA MIRAR HACIA DENTRO
“Llegué pensando que venía a descubrir un lugar y, sin darme cuenta, terminé encontrándome conmigo misma y todo lo que traía en mí”, explicaba Carla a sus seguidores. Lejos del ruido cotidiano, el paisaje parece tener un efecto inesperado para quienes lo recorren. “Aquí el silencio no incomoda, enseña. La inmensidad de la naturaleza pone todo en perspectiva. Los amaneceres, los árboles centenarios, los animales en libertad y el ritmo pausado de la vida te recuerdan algo esencial: no somos el centro de todo”.
Elefantes, jirafas, antílopes o leones forman parte del ecosistema de Kalahari, donde la vida salvaje aparece en medio de una inmensidad casi hipnótica. “Con cada día que pasa siento que el ruido se apaga y la vida se vuelve más clara. Menos prisa. Menos expectativas. Más presencia. Muchísima más gratitud”, confesaba.
África, reconoce, le ha enseñado una forma distinta de vivir. “La paz no es algo que se encuentra afuera, sino algo que aparece cuando dejamos de luchar por controlar cada detalle y simplemente aprendemos a estar”.
MODELO DE CONSERVACIÓN
Mientras otros destinos africanos han apostado por el turismo masivo, Botswana eligió hace décadas una filosofía distinta: menos visitantes y mayor protección de la naturaleza. El resultado es uno de los últimos reductos del planeta donde todavía es posible contemplar enormes extensiones salvajes prácticamente intactas y vivir safaris con una sensación de exclusividad y aislamiento difícil de encontrar en cualquier otro lugar del mundo.
Los safaris se realizan al amanecer y al atardecer, cuando la fauna está más activa. No hay rutas establecidas ni garantías de avistamientos. Cada jornada es distinta y es precisamente esa incertidumbre la que forma parte de su magia.
JACK’S CAMP, UN CAMPAMENTO EMBLEMÁTICO
Carla y Simeone eligieron para su estancia Jack's Camp, uno de los alojamientos más icónicos de Botsuana, situado en las salinas de Makgadikgadi, en pleno corazón de Kalahari. Fue fundado por el explorador Jack Bousfield y décadas después fue renovado manteniendo el espíritu de las expediciones africanas clásicas. Sus enormes tiendas de campaña privadas, de unos 270 metros cuadrados, mezclan alfombras persas, muebles coloniales, antigüedades y piscinas privadas.
Si por su atmósfera, el campamento parece sacado de una película ambientada en la África de mediados del siglo XX, más espectacular aún es el entorno. Las salinas de Makgadikgadi son los restos de uno de los mayores lagos prehistóricos del continente. Hoy forman una inmensidad blanca y dorada que se extiende durante kilómetros y ofrece una de las sensaciones de aislamiento más impresionantes de África.
UNA EXPERIENCIA DIFERENTE
Jack's Camp no es un lugar pensado únicamente para observar grandes felinos, también pueden observarse cebras migratorias, hienas pardas, zorros orejudos, cerdos hormigueros y miles de flamencos cuando llegan las lluvias. Las experiencias de este campamento van mucho más allá. Entre las actividades que ofrecen a los alojados están los encuentros con suricatas salvajes habituadas a la presencia humana, las caminatas con miembros del pueblo san —considerados uno de los pueblos más antiguos del planeta— y las excursiones en quad sobre las salinas durante la estación seca.
EL CONTRASTE CON EL DELTA DEL OKAVANGO
Una de las particularidades de Botswana es la posibilidad de combinar dos mundos completamente opuestos. Mientras el Kalahari representa la inmensidad seca del desierto, el delta del Okavango ofrece uno de los ecosistemas más extraordinarios del planeta.
Las aguas del río Okavango forman un laberinto de canales, islas y vegetación exuberante en mitad del desierto, creando un refugio natural para elefantes, hipopótamos, leones, leopardos y cientos de especies de aves. Por eso, muchos itinerarios combinan ambas regiones para descubrir dos caras completamente distintas del país.
Pero más allá de los paisajes y la fauna, Carla Pereyra asegura haberse llevado a casa algo mucho más valioso. “Me voy con fotografías, recuerdos y experiencias inolvidables. Pero sobre todo me llevo una nueva forma de mirar el mundo, su inmensidad y de habitar mi propia vida”. Y añade una de las frases que mejor resumen la esencia de su experiencia: “África no te pide que seas nada. Solo te invita a observar, sentir y recordar quién sos”. Una reflexión que culmina con una conclusión casi poética: “África no se visita. África te atraviesa”.
GUÍA PRÁCTICA PARA VIAJAR A BOTSWANA
Cómo llegar
Johannesburgo, en Sudáfrica, conectada con vuelos directos desde España, es la principal puerta de entrada al África austral. Desde allí existen conexiones con Maun, considerada la capital de los safaris de Botswana, o con Kasane, al norte del país.
Una vez en el destino, muchos lodges organizan traslados en avionetas ligeras conocidas como bush planes, que aterrizan en pequeñas pistas privadas situadas en medio de las reservas naturales. En otras ocasiones, los desplazamientos se realizan en vehículos todoterreno organizados por los propios alojamientos.
Mejor época para viajar
De mayo a octubre (estación seca) es la temporada más popular y la mejor para realizar safaris. La vegetación es menos densa, los animales se concentran alrededor de las zonas de agua y las temperaturas son más agradables. De noviembre a abril (temporada de lluvias), el paisaje se transforma completamente. Aparecen los tonos verdes, llegan miles de aves y disminuye la afluencia de visitantes. Aunque la fauna está más dispersa, es una época especialmente apreciada por fotógrafos y amantes de la observación de aves.
Otros alojamientos exclusivos
- Tswalu Kalahari Reserve (tswalu.com), considerada una de las reservas privadas más exclusivas del continente, ofrece safaris completamente personalizados, villas privadas y un nivel de privacidad excepcional.
- La compañía Wilderness (wildernessdestinations.com) dispone de varios campamentos repartidos por diferentes regiones de Botsuana, especialmente en el delta del Okavango, y permite combinar distintos ecosistemas en un mismo viaje.
Empresas especializadas
Algunas de las compañías más prestigiosas para organizar un viaje de este tipo son: Great Plains Conservation (greatplainsconservation.com), African Bush Camps (africanbushcamps.com) o &Beyond (andbeyond.com). Estas empresas diseñan itinerarios a medida que combinan el Kalahari, las salinas de Makgadikgadi, el delta del Okavango y otras reservas del país.
¿Cuánto cuesta una experiencia similar?
Botsuana es uno de los destinos de safari más exclusivos del mundo. Los viajes de lujo como el que han realizado Carla Pereyra y Simeone suelen oscilar entre los 10.000 y los 25.000 € por persona para una estancia de entre 7 y 10 días, incluyendo vuelos internos, alojamiento, comidas y actividades.
Algunos campamentos de referencia, como Jack's Camp, pueden superar los 2.000 o incluso los 3.000 € por persona y noche.














