La Dinastía Hachemita entrelaza el poder junto a la historia en una gobernanza que se establece como la segunda más longeva de la humanidad. Por detrás de los Yamato –dinastía del Imperio de Japón– la familia del rey Abdalá II desciende directamente del profeta Mahoma. Un hecho que ha permitido que los registros genealógicos respondan con claridad a un presente lleno de casualidades. El nacimiento de las gemelas de la princesa Imán de Jordania no es un suceso aislado dentro de la Casa Real, sino que se traduce en un encuentro genealógico con la primera reina del país, quien vino al mundo de la mano de su hermana gemela. Ambas cambiaron la historia de Oriente Próximo, pues la primera se convirtió en precursora del reino hachemita, mientras que la otra alcanzó el trono de Siria e Irak. Una herencia que deja en los miembros de la dinastía más de cinco gestaciones de este tipo que convierten la línea nobiliaria en un auténtico evento hereditario.
Una herencia gemelar en sangre real
Un lazo de amor y destino une la historia de la Familia Real hachemita. Aunque Jordania es un reino joven —por cuyo trono solo han pasado cuatro reyes—, su árbol genealógico guarda una coincidencia fascinante: el legado de dos hermanas gemelas que marcaron el rumbo de Oriente Próximo. Todo comenzó con los hermanos Abdalá I de Jordania y Faisal I de Irak, quienes cayeron rendidos ante la belleza de dos gemelas, Musbah y Huzaima bint Nasser, hijas de un importante jerife de La Meca. Fue el matrimonio del rey Abdalá I con la reina Musbah el que dio continuidad a la dinastía jordana con el nacimiento de su heredero, Talal I. Años más tarde, el recordado rey Hussein I —hijo de Talal— mantendría vivo este "gen" de forma literal. De su matrimonio con la princesa Muna nacieron las princesas Aisha y Zein, las primeras gemelas de la Corte Real hachemita y hermanas del actual monarca, el rey Abdalá II. Una hermosa coincidencia dinástica que sigue resonando en el palacio de Amán.
Pero este no es el único caso de embarazo múltiple dentro de la Familia Real. La princesa Sumaya –nieta del rey Talal– tuvo a los pequeños Tareq y Zein Al-Sharaf, nacidos en 1994. Toda una historia que, años después, se trasladó hasta las hijas del príncipe Faisal, hermano de Abdalá II, quien anunció en 1997 el nacimiento de dos pequeñas princesas llamadas Aisha y Sara. ¿Y quién lo diría? Cuando todos pensaban que se trataba de una suerte irremediable, fue el príncipe Talal –nieto del rey Hussein– quien anunció la bienvenida de Muhammad y Rajaa: un niño y una niña que pusieron el broche de oro a los embarazos múltiples dentro de la familia reinante de Jordania, una de las más poderosas del mundo. Ahora, a este historial de embarazos múltiples se suma el nacimiento de las pequeñas Talia y Rania, hijas de la princesa Imán, quienes han otorgado el título de orgullosos abuelos de unas bellas gemelas a los reyes Abdalá II y Rania de Jordania.
El "baby boom" múltiple que conquistó Europa
Esta misteriosa predilección por los nacimientos dobles no es patrimonio exclusivo del palacio de Amán; Mónaco, Luxemburgo o Dinamarca también han sido testigos de esta mágica coincidencia que redefine las líneas de sucesión. Entre estas viejas dinastías europeas destacan Nicolás y Sofía de Hannover, hijos de Alessandra de Osma y Christian de Hannover; Vincent y Josephine de Dinamarca, benjamines de Federico y Mary; Gabriella y Jacques de Mónaco, hijos del príncipe Alberto y Charlene; Nicolás y Aymric de Bélgica, sobrinos de los reyes Felipe y Matilde e hijos del príncipe Laurent y Claire; y Juan y Margarita de Luxemburgo, los mellizos más longevos, hijos de Josefina Carlota de Bélgica y Juan de Luxemburgo.
Una casualidad entre árboles genealógicos que ahora, con la llegada de las hijas de la princesa Iman, añade un nuevo capítulo a esta historia que parece repetirse generación tras generación. Un hecho que recuerda, inevitablemente, a los embarazos múltiples que han sucedido en las casas reales de Europa y que tanto han logrado sorprender.








