Un año más, por las mismas fechas y en el mismo lugar. La Familia Imperial japonesa, con los emperadores Naruhito y Masako al frente, abre las puertas del Palacio de Akasaka, o Casa de Invitados del Estado, una de las dos residencias del gobierno de Japón, para celebrar el cambio de estación con la tradicional Fiesta de la Primavera. La monarquía hereditaria continua más antigua del planeta, considerados semidioses hasta la Segunda Guerra Mundial, abre sus jardines de Tokio para aquellas personas de la sociedad civil que han destacado a lo largo del año. La foto familiar, con dos hombres y diez mujeres, refleja a la perfección la situación de la dinastía Yamato y su díficil superviviencia con una ley que castiga a las princesas.
Los ceremoniales de la Casa Imperial no dejan mucho margen de maniobra, las mujeres pueden elegir entre ir con el tradicional kimono o no, y poco más. La familia se presenta sobre una colina ante sus invitados y los emperadores siempre se sitúan notablemente separados del resto de la familia que se coloca en un orden de precedencia que podría ser el de la línea sucesoria pero no lo es, ya que la Ley de la Casa Imperial no contempla la posibilidad de que las mujeres ocupen el trono a pesar de que en el pasado sí hubo emperatrices.
En esa foto estan los Akishino, los Takamado y los Mikasa, las distintas ramas de la familia imperial, pero, en resumen, diez mujeres y dos hombres, el emperador Naruhito, que tiene 66 años, y su hermano pequeño y heredero, el príncipe Fumihito, que tiene 60. Falta, por tanto, la única esperanza de la Familia Imperial, que es el hijo de este, el principe Hisahito, el único varón de su generación y que, con 19 años, todavía se encuentra en periodo de formación y para el que se seleccionan de forma cuidadosa las apariciones públicas.
Hay que recordar que la japonesa es una monarquía en la que las mujeres no pueden acceder al trono y, además, pierden sus títulos y su papel institucional en el momento de casarse. Es una renuncia obligada a unos derechos que sí reciben al nacer y que se considera un agravio si tenemos en cuenta que el propio Estado japonés les concede una indemnización para compensar esa expulsión que deriva de casarse con un plebeyo. Esta historia se ha contado muchas veces y se podría considerar que es triste ser princesa en Japón, sin embargo, esta fiesta de la primavera coincide con con el primer debate en el Cámara de Representantes que se celebra en un año para revisar el proyecto de ley para modificar la Ley de la Casa Imperial con el fin de garantizar un número suficiente de descendientes.
En los debates celebrados hasta el momento, los partidos gobernantes y de la oposición consideraron dos propuestas presentadas por un panel de expertos del gobierno que lleva años dando vueltas: permitir que las mujeres miembros de la familia imperial permanezcan en la familia incluso después del matrimonio, y/o readmitir en la familia imperial a los hombres de la línea paterna de antiguas ramas de la familia. Esto último se llama el "plan de adopción" ya que esos hombres descendientes de antiguas ramas tendrían que ser adoptados por hombres de la Casa Imperial y es por la que apuestan los partidos más conservadores de un país que ha sido "invitado" por el Comité de las Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer a revisar sus políticas sobre las mujeres.
Otro de los aspectos que tiene este debate paralizado desde hace años es que ni dentro del mismo partido político se ponen de acuerdo en el cómo. Es decir, los partidos progresistas apoyan el plan de permitir a las mujeres permanecer en la familia después del matrimonio, solo permanecer con labores de representación, no ocupar el trono, pero estan divididos sobre si otorgar estatus de familia imperial a los maridos e hijos de las mujeres.
La primera ministra, Sanae Takaichi, a la que llaman la "dama de hierro" nipona y es una de las mayores líderes del ultraconservadurismo del mundo y se sitúa en las antípodas del feminismo declaró hace un mes que "respeta" todas propuestas formuladas por el panel de expertos del gobierno para garantizar un número suficiente de miembros de la familia imperial. Sin embargo, ella se inclina por dar prioridad al plan de adoptar a los hombres pertenecientes a la línea paterna de antiguas ramas de la familia imperial. Es decir, el plan que no implica dar derechos a las princesas de la casa.
Al preguntársele si su administración consideraría una revisión de la ley para permitir que una mujer fuera emperatriz, Takaichi respondió que era "demasiado pronto para tener discusiones específicas" sobre la sucesión imperial más allá del príncipe Hisahito, quien es el segundo en la línea de sucesión al trono después de su padre, el príncipe heredero Akishino.











