Palma de Mallorca se ha consolidado como el enclave estival en el que los miembros de la Familia Real española viven sus días más señalados de la temporada. Un periodo en el que Felipe VI y doña Letizia cumplen con un compromiso dividido entre la agenda institucional y diversas intervenciones de carácter más privado. Sin embargo, aunque la estancia estival del núcleo familiar ha llegado a su fin, don Felipe romperá la tradición. En lugar de abandonar definitivamente el emblemático Palacio de Marivent, permanecerá en la isla para retomar una de las pasiones que cultivó desde que era apenas un niño.
El príncipe que soñaba con los telescopios
Este miércoles, 12 de agosto, se consolidará como una de las fechas más señaladas de nuestra historia reciente. Europa aguarda con expectación uno de los fenómenos astronómicos más relevantes del siglo. Será un eclipse solar total que alcanzará una gran visibilidad. España será uno de los lugares privilegiados donde la ocultación del Sol por la Luna durará hasta un minuto y medio, lo que ha llevado al rey Felipe VI a interrumpir sus vacaciones privadas para ser testigo directo de este hito. Aunque para muchos este interés resulte novedoso, en el entorno del monarca es bien conocida su pasión por la astronomía. Se trata de una afición que se remonta a su infancia, cuando la reina Federica de Grecia, su abuela materna, le regaló su primer telescopio.
Aquel regalo al entonces príncipe de Asturias supuso todo un descubrimiento. Fue a partir de entonces cuando el futuro monarca comenzó a pasar noches en vilo para contemplar el firmamento, una afición que se convirtió en una constante durante su infancia y adolescencia. Su interés, además, iba más allá de la mera observación, pues el joven Felipe seguía de cerca los hallazgos espaciales, los avances tecnológicos y los descubrimientos astronómicos que marcaban la época. Sin embargo, su exigente preparación como heredero al trono terminó por dejar atrás esta pasión. Un gran admirador por la ciencia, tuvo que volcarse en una estricta formación académica y militar que le dejó sin tiempo para continuar siguiendo de cerca los secretos del universo, lo que supuso renunciar a una de sus grandes pasiones.
Un gran admirador de la ciencia
Don Felipe nunca ha ocultado su pasión por la ciencia ni su fascinación por los avances que amplían nuestro conocimiento del universo. Tanto en su etapa como príncipe de Asturias como tras su proclamación como rey de España, ha actuado como un constante divulgador y referente de la astronomía española. Este compromiso se ha visibilizado a través de su presencia en la inauguración de algunos de los telescopios más importantes del país, así como en las distinciones honoríficas que ha recibido a lo largo de los años. De hecho, siendo aún un joven príncipe, el Instituto de Astrofísica de Canarias lo nombró "astrofísico de honor", lo que sin duda supuso un antes y después para el entonces joven heredero.
En aquel momento se mostró sumamente agradecido y prometió contribuir a fomentar el interés por la astronomía entre los ciudadanos. A lo largo de los años, ya como monarca, ha mantenido intacta la devoción que cultivó en su infancia. Muestra de ello fue su visita en 2015 a Santa Cruz de Tenerife para inaugurar dos radiotelescopios del Instituto de Astrofísica de Canarias, una jornada especialmente emotiva para él en la que volvió a interesarse de cerca por los últimos hallazgos sobre los misterios del universo. Ahora, el Rey seguirá este eclipse solar muy de cerca, mostrándose, una vez más, como uno más para contemplar esta pasión que tanto le caracteriza.







