La infanta Cristina ha comenzado ya una nueva etapa de su vida que coincide con la celebración de su 61 cumpleaños: ha finalizado su etapa laboral en Ginebra, con la Fundación Aga Khan, donde se la considera un referente para el mundo de la cooperación, y regresa de nuevo a Barcelona, donde vive Pablo Urdangarin, uno de sus cuatro hijos. Ahora reaparece en Madrid en la gala conmemorativa del 75º aniversario de ACNUR, la agencia de Naciones Unidas para los refugiados, y lo hace llevando un detalle cargado de simbolismo.
Igual que su madre, la reina Sofía, la infanta Cristina es aficionada a llevar amuletos, medallas y piezas de valor sentimental y espiritual: coleccionarlos, cambiarlos y regalarlos. En su primera aparición tras su regreso a España lució uno que llamó mucho la atención: la medalla del Cristo Mutilado, una pieza poco conocida pero que guarda un profundo valor sentimental ya que está unida a la labor solidaria impulsada por Enrique Figaredo, el jesuita español que lleva años trabajando para mejorar la eduación, la sanidad y la inclusión social y laboral de aquellos que han sido víctimas de minas antipersona en Camboya.
Si alguien ha dado a conocer en España la labor de "Kike" Figaredo es la infanta Cristina, un labor humanitaria y de rehabilitación que se realiza en el Centro Arrupe y la Prefectura Apostólica de Battambang. Ella ha visitado la zona en numerosas ocasiones y dos de sus hijos, Juan e Irene Urdangarin, han estado trabajando como voluntarios en el que es uno de los países con más minas antipersonas del mundo. Fue el devastador régimen de los Jemeres Rojos, que gobernó Camboya con brutalidad entre 1975 y 1979 bajo el liderazgo de Pol Pot el que utilizó las minas com una herramienta de terror para controlar a la población. Un legado del que país nunca se ha recuperado porque el campo camboyano sigue plagado de explosivos sin detonar.
Kike Figaredo creó este símbolo, el cristo mutilado, como un símbolo de esperanza e inclusión que identifica a aquellos que impulsan su labor y la dan a conocer. Esta medalla que llevó la infanta Cristina en su regreso a España, también la ha llevado Irene Urdangarin y la reina Sofía, quizá de otro modelo pero siempre el mismo Cristo al que le falta una pierna que identifica y agrupa la extensa labor que lleva el misionero español comenzó a hacer después del genocidio.








