Mako de Japón y Kei Komuro, 5 años después de una triste boda que hoy podría haber sido muy diferente (o no)


La pareja vive en Nueva York lejos de la casa imperial


© AFP via Getty Images
Lucía FernándezCoordinadora de actualidad y realeza
26 de octubre de 2026 a las 6:28 CET

Mako y Kei Komuro protagonizaron hace cinco años todo lo contrario a lo que se espera de una boda real. No hubo carruajes, vestidos ceremoniales, ni siquiera una ceremonia nupcial imperial. Lasobrina del emperador Naruhito se casó su novio de la universidad, en un enlace civil y discreto envuelto por una pátina de tristeza que ponía fin a cuatro años de compromiso, controversias y aplazamientos. Aquel día, además de dar el 'sí, quiero', dejaba de pertenecer a la familia imperial japonesa. 

Rueda de prensa de Mako de Japón y Kei Komuro tras su boda el 26 de octubre de 2021© Getty Images
Rueda de prensa de Mako de Japón y Kei Komuro tras su boda el 26 de octubre de 2021

La novia llevó un sencillo traje de con la falda hasta poco más abajo de la rodilla, en un tono verde pálido y un pequeño bouquet de rosas. A las puertas de su residencia se despidió de sus padres y su hermana Kako, a la que dio un cariñoso abrazo antes de meterse en el coche. El príncipe heredero Akishino y su mujer Kiko esperaron a que el vehículo se perdiera de vista antes de entrar en su residencia. La pareja se inscribióen el registro civil en un acto profundamente sobrio y después comparecieron ante la prensa en un hotel, donde Mako explicó cómo se sentía tras su enlace y se refirió a la controversia que este había causado. "Siento los inconvenientes que he causado y estoy agradecida por el apoyo que he recibido. Para mí, Kei es irremplazable, el matrimonio era una opción necesaria para nosotros" señaló entonces.

Rueda de prensa de Mako de Japón y Kei Komuro tras su boda el 26 de octubre de 2021© Getty Images

Dos aplazamientos y una presión que ha acabado por pasarle factura a Mako

Tras su compromiso en 2017, la boda se anunció para noviembre de 2018, pero un problema económico de la madre de Kei lo trastocó todo. Su expareja le reclamaba 31.000 euros que según ella fueron un regalo y, según él fueron un préstamo para poder hacer frente a los estudios de Derecho de su hijo en los Estados Unidos. La polémica generó un gran revuelo y el escrutinio mediático fue implacable. En 2020, el príncipe heredero Akishino, padre de Mako, dio su aprobación al enlace, aunque poniendo como requisito que el conflicto financiero se resolviese, lo que también fue muy cuestionado. Tanta tensión terminó pasando factura a la Princesa, que sufrió un cuadro de estrés postraumático. 

Mako de Japón se despide de su familia tras su boda el 26 de octubre de 2021© Getty Images
Mako de Japón se abraza a su hermana Kako una despedida antes de salir de la Familia Imperial tras su boda con un plebeyo

No era la primera princesa en renunciar a su título y sus funciones por amor. En Japón se habla incluso de fuga de princesas, una situación que ha acabado por comprometer la supervivencia de la dinastía. Hasta hace unos meses, la norma era clara: para las mujeres de la casa imperial, casarse con un plebeyo suponía la pérdida automática de los derechos con los que nació y toda la capacidad de representación institucional para la que había sido formada. En compensación por la renuncia a su estatus, recibían un monto económico, al que Mako renunció en un intento por conseguir más aceptación.  También renunció a la tiara de diamantes y a sus joyas imperiales, que se le entregaron cuando cumplió 20 años para poder ser "presentada" ante su abuelo y empezar con sus tareas oficiales.

Japón cambia las reglas del juego

Cinco años después, el contexto legal japonés ha cambiado. El 17 de julio de 2026 se aprobó una reforma de la Ley de la Casa Imperial que permite a las mujeres de la familia conservar su estatus tras casarse. Sin embargo, una cláusula polémica establece que sus cónyuges y sus hijos quedarían fuera de la familia imperial, mientras ellas sí seguirían dentro ya que las mujeres ni tienen derechos sucesorios, ni los trasmiten. Además, se trata de una medida de carácter excepcional ya que no se aplicará a la siguiente generación que nazca. La modificación forma parte de un debate más amplio sobre cómo mantener el número de miembros de la institución en un momento en que la familia imperial afronta dificultades para garantizar su continuidad. 

Mako de Japón y Kei Komuro el 7 de junio de 2022© GTRES
La vida de princesa ha quedado atrás para Mako, ahora el matrimonio Komuro hacen una vida tranquila en Nueva York, centrados en sus carreras profesionales

La novedad invita a imaginar un escenario distinto para Mako. Si una mujer de la familia imperial puede casarse sin perder automáticamente su condición, la boda con Komuro ya no tendría necesariamente la misma consecuencia jurídica que tuvo en 2021. Si se casase hoy, podría elegir quedarse en la casa imperial, pero aún hay muchas incógnitas sobre lo que ello implicaría. El hecho de que nada de lo que estipula la nueva ley se haya llevado aún a la práctica deja en el aire preguntas como las funciones públicas que desempeñaría una princesa casada con un ciudadano, la posición de su marido y el grado de autonomía personal que tendría. Además, hay que tener en cuenta que se trata de una medida de carácter excepcional ya que no se aplicará a la siguiente generación que nazca. 

El juicio público ¿habría cambiado hoy?

Esta reforma no es más que un intento desesperado por solventar la crisis dinástica sin pasar por dar derechos sucesorios a las mujeres. Si bien esta modificación de la ley no cuenta con un gran apoyo popular, como tampoco lo tuvo Mako cuando anunció su intención de casarse con un compañero de la universidad sin sangre azul. La sociedad japonesa sigue siendo conservadora y alrededor de dos tercios creen que es prioritario garantizar la estabilidad de la casa imperial, por lo que su postura a favor de derogar la ley sálica respondería más a una cuestión pragmática que de igualdad de género. Es imposible saber, por tanto, si ese juicio público que tanto daño le hizo habría cambiado realmente hoy y es eso, quizás, lo que hubiera marcado la diferencia para la hija del príncipe Akishino que hoy vive en Nueva York la vida que nunca le habría permitido vivir la casa imperial.