Elisabeth confirma su papel de futura reina ante Japón con una joya histórica: la tiara de laureles de 631 diamantes de la reina Matilde


La heredera al trono debuta en una visita de Estado mientras continúa preparándose para convertirse en la primera reina reinante de Bélgica


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Actualizado 23 de junio de 2026 a las 20:51 CEST

La histórica visita de Estado de los Emperadores de Japón al territorio belga está dejando imágenes tan elegantes como sofisticadas, en las que la princesa Elisabeth de Bélgica ha conseguido captar toda la atención con su debut en un banquete de Estado. A pesar de que la heredera al trono del país ha participado en actos relevantes, tales como su puesta de largo —o la de sus propias homólogas—, no había participado nunca antes en una velada de estas características, una visita de Estado cuyo fin es reforzar las relaciones bilaterales entre el país visitado y el país visitante. Una ocasión en la que la futura reina de los belgas ha deslumbrado en el Gran Salón del Castillo Real de Laeken ante la atenta mirada de la Familia Imperial japonesa y de sus hermanos, los jóvenes príncipes que también han protagonizado su primera vez en un banquete de honor.

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La heredera debuta en una gran velada diplomática 

La residencia oficial de la Familia Real de Bélgica se ha convertido en el telón de fondo de esta velada histórica que ha acogido el banquete de Estado ofrecido por los reyes Felipe y Matilde con motivo de la visita de los emperadores Naruhito y Masako. Un momento que ha supuesto un hito para la princesa belga, que debuta por primera vez en una visita de Estado y que dio comienzo —aunque informalmente— el pasado sábado, momento en el que la princesa heredera al trono dio la bienvenida a los emperadores de Japón desde el Aeropuerto Militar de MelsbroekUn hecho que ahora ha tenido continuidad acompañándoles en esta gran velada diplomática, que pone de relieve el futuro papel que la joven de 24 años desempeñará cuando ascienda al trono.

Para la ocasión, la primogénita de los reyes de Bélgica se ha enfundado en un elegante atuendo que ha combinado con joyas históricas. Un hecho por el que ha querido desempolvar algunas de las alhajas más imponentes del joyero real, tales como la tiara de laureles de Brabante. Esta pieza, fabricada por la firma británica Hennel & Sons en 1912, está compuesta por 631 diamantes engastados en platino, recreando la forma de ramas de laurel con hojas y bayas. No obstante, la pandemia dificultó que la joven princesa tuviese su característica puesta de largo, por lo que la primera vez que llevó tiara tuvo que esperar hasta 2022, momento en el que el Palacio Real de Oslo acogió las celebraciones por el 18.º cumpleaños de la princesa Ingrid. Además, la joven luce en este banquete de Estado el Gran Cordón de la Orden del Crisantemo, la condecoración honorífica más alta y prestigiosa de Japón concedida por el Gobierno japonés. 

Una identidad forjada entre diamantes

No obstante, a pesar de que la princesa heredera al trono de Bélgica ha tenido una gran presencia diplomática, así como numerosos actos en su agenda desde que alcanzó la mayoría de edad, su participación en una visita de Estado —el viaje oficial de mayor rango que realiza un jefe de Estado a otro país— se ha retrasado hasta este momento, suponiendo así su debut en una cita de estas características. Una gran velada en la que también estarán presentes el resto de miembros de la Familia Real, como los reyes de los belgas, así como sus hermanos, los príncipes Gabriel, Emmanuel y Eléonore, que también han debutado en un banquete de Estado junto a la duquesa de Brabante.

Posado oficial de la Familia Real de Bélgica junto a los Emperadores de Japón© Getty
Posado oficial de la Familia Real de Bélgica junto a los Emperadores de Japón

Esta ocasión ha servido para que la heredera al trono desempolve una joya que ya hemos visto en varias ocasiones sobre la testa de Matilde, aunque antes había estrenado otra. Su gran alhaja de diamantes, conformada en diamantes y platino, vio la luz por primera vez en Noruega, también se trasladó hasta Jordania, donde la duquesa de Brabante la lució en el banquete ofrecido tras la boda del príncipe heredero Hussein y la princesa Rajwa, celebrada en 2023. Esta misma pieza pudo verse durante el ascenso al trono de los Grandes Duques de Luxemburgo el pasado mes de octubre, por lo que, poco a poco, la princesa va forjando una identidad propia ligada a esta histórica diadema. Esto no significa que Elisabeth no haya desempolvado otras tiaras a lo largo de su corta trayectoria. El 15 de octubre de 2023, durante la cena de gala celebrada en el Castillo de Christiansborg con motivo del 18º cumpleaños del príncipe Christian de Dinamarca, la princesa belga lució la tiara-collar Wolfers, una pieza compuesta por más de 200 diamantes. Originalmente perteneció a su tía abuela, la reina Fabiola, quien la recibió como regalo de bodas en 1960.

La princesa Elisabeth de Bélgica.© Getty
La princesa Elisabeth de Bélgica en Luxemburgo junto a la tiara de diamantes

La princesa Elisabeth, al igual que sus hermanos, ha ido entrelazando los sucesos de su vida más personal con su propia formación. El pasado mes de mayo se graduó en la Universidad de Harvard tras completar el máster en Políticas Públicas impartido por la Harvard Kennedy School, una de las instituciones más prestigiosas de Estados Unidos. Un hito que la sitúa aún más cerca de las funciones institucionales que desempeñará algún día como reina de los belgas, aunque con un futuro todavía amplio por delante que continuará construyendo con el paso del tiempo.

Elisabeth de Bélgica, junto a sus compañeros, en la procesión de los graduados.© Getty
Elisabeth de Bélgica, junto a sus compañeros, en la procesión de los graduados.

Es por ello que su debut en un banquete de Estado supone un nuevo paso en su trayectoria pública, abrazando el legado que sus propios padres continúan consolidando a través de su reinado y reafirmando el papel que la heredera al trono está llamada a desempeñar en las próximas décadas. Porque si algo ha dejado claro esta visita de Estado es que la futura reina de los belgas ya ha comenzado a ocupar su lugar en la primera línea de la institución, aunque esta vez de la forma más simbólica posible de la mano de sus hermanos, los jóvenes príncipes que ya se posicionan como el futuro más próximo de la dinastía.