La organización de una boda es una aventura fascinante que implica estructurar lo imprescindible desde que comienza la cuenta atrás. El reto, no obstante, se vuelve todavía mayor cuando el enlace se celebra en un escenario no acostumbrado a albergar eventos, como la casa de campo de la novia. Es el caso de Ana, una sevillana que, con mucho gusto, dio forma a su enlace soñado en un rincón tan simbólico. “Lo más especial fue recibir en casa a todas las personas que más queremos. Organizar una boda en una finca preparada para eventos puede ser más sencillo, pero hacerlo en casa tiene algo irrepetible. Es más complejo, sí, pero también mucho más personal, íntimo y único”, reconoce.
Una unión norte-sur
En la historia de nuestra protagonista con su ya marido, Rafa, todo parece orquestado por el destino. La pareja se conoció en la universidad, cuando ambos estudiaban en Madrid. “Rafa es de Bilbao y yo soy de Sevilla”, nos cuenta. Todo comenzó con una bonita amistad que se tornó en amor. “Lo bonito es que sigue siendo exactamente eso: mi mejor amigo”, apostilla Ana.
Cuando ambos decidieron casarse llevaban juntos casi cinco años. “Nos prometimos en enero de 2025. Era algo que habíamos hablado mucho y los dos teníamos muy claro que queríamos pasar el resto de nuestra vida juntos, así que el paso llegó de una forma muy natural”, revela. Entonces empezaron a prepara su boda soñada, que tuvo lugar el pasado 23 de mayo en Sevilla.
La ceremonia se desarrolló en la histórica Real Parroquia de Santa Ana, en pleno barrio de Triana. “Elegimos esta iglesia porque mis padres se casaron allí hace más de treinta años y nos hacía muchísima ilusión continuar esa historia familiar”, apunta. Desde la capital andaluza se trasladaron con sus invitados hasta Carmona, pueblo de la campiña sevillana, donde se ubicaba la casa familiar de Ana, Hacienda Fuente de la Higuera, que acondicionaron desde cero. “Casarse en casa implica mucho más trabajo y coordinación, pero sin duda volvería a hacerlo mil veces”, alega.
Escenarios cuidados al detalle
Para la organización de su gran día, estos recién casados se pusieron en manos del equipo de A-Típica Global, a quienes agradecen con creces su trabajo. Quedaron fascinados con su filosofía de menos es más y su acompañamiento en decisiones estratégicas. “Fue Paola de Herrera quien dirigió toda la organización. Ella y su equipo nos acompañaron en cada momento del proceso y conseguimos disfrutar muchísimo de los preparativos. Queríamos rodearnos de grandes profesionales y apostar por la calidad en cada detalle y Paola consiguió exactamente eso”, comparte.
Confiesa Ana que no quería que pareciera un día cualquiera, sino que todos los espacios debían estar vestidos para la ocasión. “Paola nos dio un consejo que marcó todo el planteamiento de la boda: pensar que simplemente estábamos invitando a nuestros amigos y familiares a comer en casa. Con esa idea en mente construimos todo el proyecto”, agrega.
“Uno de los grandes retos fueron los espacios. El aperitivo se celebró en el jardín, el almuerzo en el gran patio central —donde se instaló una estructura a medida con velas para proteger del sol— y la fiesta tuvo lugar en una nave completamente transformada para la ocasión con enormes telas suspendidas del techo. Comenzamos con un aperitivo largo y después pasamos al almuerzo. Más tarde volvimos al jardín para las copas, donde sorprendimos a todos con un sommelier de puros, que los cortaba y preparaba al momento (Puro Humo Spain). Fue un auténtico éxito”
"Durante ese rato estuvimos bailando al ritmo de Los Alpresa y, ya por la noche, llegó otro de los grandes aciertos de la boda: Xite & Co. La música fue espectacular y la nave decorada con telas resultó absolutamente mágica".
Colores en la decoración de la hacienda
Los novios se decidieron por el naranja y el terracota como tonos para vehicular toda la decoración de los espacios. “El naranja estaba inspirado en el naranjal junto al jardín donde celebramos el aperitivo y el terracota conectaba perfectamente con la estética y los materiales de la hacienda”, describe. La pareja tenía claro que quería una gran inversión en flor, con el fin de lograr un resultado espectacular. “Las flores no podían estar en mejores manos que las de mi prima, Elena Suárez, y todo su equipo”, nos cuenta.
El cóctel presentaba tonos amarillos y naranjas, mientras que en el acceso al convite destacaban unos bodegones a todo color. "En las mesas colocaron centros muy variados y coloridos y la fuente central del patio se convirtió en uno de los ejes visuales del banquete gracias a una decoración compuesta por flores y naranjas. Para las barras diseñaron unas enormes copas florales que quedaron impresionantes”, recuerda.
Otra prima suya, Andrea Suárez, se ocupó de la cerámica, pilar fundamental en los diferentes escenarios. “Diseñó piezas para el seating plan, copas en tonos naranjas y diferentes elementos decorativos que aportaban mucha personalidad. Además, regalamos a los invitados una vela con forma de media naranja como recuerdo de la boda”, señala. Para dar con la pieza elegida a modo de obsequio, estuvieron haciendo distintas pruebas hasta decidirse por una. Las naranjas fueron, sin duda, el hilo conductor en todo el montaje decorativo. “Tanto Elena como Andrea me ayudaron muchísimo durante todo el proceso. Siempre digo que fueron mis asesoras creativas, porque estuvieron presentes en infinidad de decisiones”, defiende Ana.
Una papelería con doble ilusión
El hermano de la novia se ocupó de la papelería del gran día, a modo de sorpresa para ella. Logró darle un aire original y moderno a las minutas y al seating plan: “es una persona muy creativa y la desarrolló junto al estudio WAX Departamento”. Una forma de realzar el menú, servido por Alda & Terry, que constó de un aperitivo de dos horas en el jardín y unos platos en mesa que fascinaron a los invitados: servimos una crema de espárragos blancos con crujiente de jamón y picatostes, seguida de una calamarata con bogavante, como plato principal”.
En el cóctel también sumaron una deliciosa propuesta con guiño japonés, una barra de temakis de Kappo. "Nos encanta este restaurante madrileño y habíamos visto la idea en la boda de unos amigos. Fue un auténtico éxito, hubo cola durante todo el aperitivo", puntualiza.
“Las estructuras fueron obra de Grupo EJ Eventos, que se desplazó desde Benalmádena. Para las barras contamos con Atelier Bars. Me enamoré especialmente de las barras redondas del aperitivo porque aportaban algo distinto y muy especial al conjunto”.
Dos anécdotas memorables
Uno de los grandes recuerdos que nuestros protagonistas guardan de los preparativos de su boda fue la elección del champán. Vivieron toda una experiencia para seleccionar el más apropiado para su gran día, junto a sus padres. Un bonito viaje por la región de Reims fue el proceso para escoger una referencia entre seis bodegas familiares. "Terminamos enamorándonos de una en particular: Laherte Frères. Nos encantó su historia, su personalidad y, para qué negarlo, yo también me enamoré de la etiqueta. Fue un fin de semana precioso que recordamos con muchísimo cariño. Creo que es importante buscar estos momentos de disfrute durante la organización de una boda”, desvela Ana.
La otra anécdota fue un pequeño susto que tuvo solución. Dos días antes de la boda, se rompió parte de las estructuras de las lonas que cubrían el área dedicada al banquete, a causa del viento. Pero el equipo estuvo preparado para buscar una alternativa. “Bajaron un poco la altura de la instalación y consiguieron solucionarlo sin ningún problema. Ahí fue cuando realmente entendimos la importancia de rodearte de buenos profesionales”.
Un vestido de novia con detalles bordados
Además de una fascinante decoración, en la historia de Ana también hay espacio para exponer el proceso de creación de su vestido de novia. Ella siempre tuvo claro el tipo de diseño que quería y para ello no dudó en acudir al atelier de Flor Fuertes: “Cuando la conocí, sentí que tenía que ser ella. Me enamoraron sus telas, su estilo y sus bocetos. Además, había una razón muy especial: no podía ser otra que una gallega quien hiciera mi vestido. Mi familia paterna es de Galicia y tengo un vínculo muy especial con esa tierra”.
Su idea era encontrar el equilibrio entre un look rústico y elegante. Era importante que fuera una propuesta fresca y ligera, porque el calor era previsible. "Además, para una boda en el campo no me apetecía un blanco puro; prefería moverme en tonos más neutros o crema, que encajaban mejor con el entorno”, relata.
La pieza constaba de un lino rústico que se combinaba con organzas. El elemento más especial se añadió en las últimas citas: “unas flores bordadas realizadas con retales de telas antiguas que terminaron convirtiéndose en uno de mis detalles favoritos”.
La mantilla más simbólica
Nuestra protagonista siempre soñó con casarse velada, pero cambió esa primera opción tan clásica por una que no se resistió a probar. La mantilla de su abuela materna era la aliada más espectacular para completar su estilismo. “Era una pieza tan especial y con tanta historia que no podía imaginarme entrando a la iglesia de otra manera”, argumenta. Un complemento de principios del siglo XX que “tenía un enorme valor sentimental para mí”.
"Las niñas de arras eran tres de mis sobrinas y una de Rafa, que era muy pequeñita y la pobre ni siquiera llegó a entrar. Diseñamos los vestidos en La Casita de Mitos Roca, en Madrid, donde tienen unos patrones preciosos. Les añadimos cofias a juego con los delantales y decidimos que no llevaran cestos. En su lugar, Elena les preparó unos mini ramos ideales".
Complementos por los que no pasa el tiempo
Esta novia sevillana escogió unas sandalias de Jimmy Choo clásicas para acompañar su vestido, pero las cambió al concluir el banquete, para el baile, por unas alpargatas de Castañer. Aparte, también se decantó por un precioso abanico que le hicieron a medida en la reconocida firma de la capital andaluza Olivier Bernoux. "Hicimos varias pruebas e incluso incorporaron un retal de tela, para poder llevarlo cómodamente en la mano, en lugar de una correa metálica convencional. Son encantadores y se adaptan a cualquier estilo".
Las joyas también gozaron de un papel relevante. Por un lado, en el pelo y sobre un recogido, esta estilosa novia lució un antiguo collar de su abuela paterna, que hacía las veces de tocado. Para lograrlo, lo desmontaron y “Joyería Suarez creó una estructura completamente a medida para transformarlo en el aderezo perfecto para el pelo y complemento a la mantilla”, apunta. A esta obra de artesanía se sumaron los pendientes y otras piezas, todas firmadas por Suarez.
Por último, el ramo era el accesorio más bucólico que completaba todo. El punto de partida era un diseño floral romántico, con caída y un gran protagonismo de la esparraguera, a juego con las flores de la iglesia, en blanco y verde. “Mi ramo no podía hacerlo otra persona que no fuera mi prima Elena, fundadora de Elena Suárez & Co. Es la mejor, sin ninguna duda”, señala.
El look de belleza
Ana se describe a sí misma como una persona verdaderamente exigente. Para ella, un maquillaje natural, con una piel fresca y unos ojos algo marcados, era la clave. Para lograrlo, revela, “tenía clarísimo que quería a Eva Escolano porque me encanta su trabajo”. Ella llegó desde Madrid, al igual que su peluquero de confianza, “Samuel Gallego, de R'Difusión, mi peluquería de referencia desde que vivo en la capital”.
El resultado se tradujo en un rostro iluminado, sin capas y capas de producto y en un peinado desmontable. En la ceremonia llevó un moño relajado, con algunos mechones sueltos, que le permitía sujetar su tocado. En el banquete, “Samuel me soltó el pelo y creó un semirrecogido con ondas mucho más relajado para la fiesta”.
Ana reconoce que de esta aventura ha aprendido a disfrutar del proceso y aconseja a otras parejas que se pongan en manos de buenos profesionales y se dejen asesorar por ellos. “Muchas veces llegamos con ideas muy cerradas porque hemos visto algo en redes sociales o en otras bodas, pero es importante escuchar a quienes se dedican a esto cada día”. La experiencia es un grado, advierte, y sus recomendaciones siempre son buenas.
Para concluir, anima a futuros recién casados a involucrar a los padres y las familias en la organización de la boda. “En nuestro caso, contamos con el apoyo de ambas familias y, de hecho, la misma semana de la boda íbamos todos a la finca juntos a ver cómo avanzaba todo. Fue muy especial compartir el proceso con ambas familias”, concluye.




































