"Hace dos semanas le pedí a mi alma gemela que se casara conmigo y dijo que sí. Soy el hombre más afortunado del mundo. Prometo ser el mejor esposo y, algún día, el mejor papá", aseguraba Brooklyn Beckham durante el verano de 2020, mientras el mundo se adentraba en una 'nueva normalidad' tras meses de confinamiento. El hijo del exfutbolista y la diseñadora británica apenas llevaba un año saliendo con Nicola Peltz, actriz y heredera de un millonario imperio financiero, pero tuvo claro que quería casarse con ella.
De aquella pedida de mano han pasado ya seis años, como ha recordado ella en sus redes sociales: "No puedo creer que nos comprometiésemos hace hoy seis años. Siento que te conozco de toda la vida, eres mi mejor amigo y mi amor eterno, todo en uno. Te amo con todo mi corazón. Eres el hombre más amable que he conocido y estoy muy feliz de poder compartir mi vida contigo". Unas bonitas palabras que ha dedicado al mayor de la familia Beckham, acompañadas de una foto en la que posan juntos mientras lo celebran en casa.
El vestido de Nicola Peltz para su fiesta de compromiso, un diseño amarillo de Victoria Beckham
Mucho ha cambiado en la vida de la pareja durante este tiempo en el que les ha dado tiempo a casarse en dos ocasiones: la primera vez fue en 2022, con una boda en la mansión que la familia de la novia posee en Florida, a la que asistieron 500 invitados y donde Nicola lució un vestido de Alta Costura firmado por Valentino . La segunda ocasión en la que pronunciaron el 'sí, quiero' tuvo lugar en 2025, con una ceremonia íntima de renovación de votos a la que ni David ni Victoria Beckham habían sido invitados.
Y es que después de meses de tensiones, Brooklyn ha decidido cortar todos los lazos con su familia, asegurando que no tiene interés en reconciliarse con sus padres, quienes "intentaron arruinar mi relación desde antes de la boda", como llegó a confesar. Resulta curioso ya que, precisamente, fue su madre quien se encargó de diseñar el vestido que lució Nicola Peltz en su fiesta de compromiso en 2020.
La intérprete escogió para la ocasión un diseño de la colección Primavera/Verano 2020 de Victoria Beckham, una creación confeccionada en crepé de China de seda que se había presentado sobre la pasarela londinense y que había cedido a Nicola Peltz en exclusiva para que fuese de las primeras en estrenarlo. Se trataba de una creación de corte midi y asimétrico, con un profundo escote en V, que destacaba por sus volantes y pliegues.
Pero más allá de ser su suegra quien firmó el estilismo, hubo otra anécdota que llamó especialmente la atención: el color. Nicola Peltz escogió un vestido amarillo, una elección poco habitual en este tipo de celebraciones, donde muchas prometidas suelen inclinarse por el blanco o por tonos muy cercanos al imaginario nupcial. Una asociación que se reforzó especialmente tras la boda de la reina Victoria con el príncipe Alberto, en 1840, cuando su vestido blanco ayudó a popularizar esta tonalidad entre las novias occidentales.
La elección de Nicola Peltz resulta aún más curiosa si tenemos en cuenta la carga supersticiosa que ha acompañado al amarillo. En el folclore nupcial anglosajón circula una antigua rima victoriana sobre los colores del vestido de novia que asigna un presagio a cada tono: Married in white, you have chosen all right (casada de blanco has elegido bien) o Married in blue, you will always be true (casada de azul siempre serás fiel). En el caso del amarillo, el verso dice: Married in yellow, ashamed of the fellow, algo así como "casada de amarillo, avergonzada del compañero". No es una norma ni una creencia con base real, sino una superstición popular, pero ayuda a entender por qué este color no siempre se ha leído como una elección convencional para una novia.
En España, además, el amarillo también ha tenido fama de color de mala suerte, especialmente en ámbitos como el teatro o la tauromaquia. Con todo, el amarillo admite en moda una lectura mucho más positiva, asociado a la energía, el optimismo y los nuevos comienzos, una interpretación que encaja mejor con una fiesta de compromiso. Y recordando aquella cita no podemos pasar por alto el anillo que Brooklyn Beckham eligió para pedirle matrimonio a Nicola Peltz, con un diamante de corte esmeralda y valorado entonces en más de 280.000 euros.









