DEL TACÓN AL CONFORT

De Lady Di a Kate Middleton, la revolución en el calzado 'royal' a lo largo de la historia: "Cada vez cuesta más aceptar que la incomodidad sea el precio de vestir bien"


Durante siglos, los zapatos de la realeza hablaron de jerarquía, riqueza y protocolo; hoy empiezan a contar otra historia, la de una generación que ya no acepta que vestir bien implique caminar incómoda


Kate Middleton, princesa de Gales, en la premiere de "No Time To Die" en Londres, 2021.© Getty Images
26 de septiembre de 2026 a las 17:33 CEST

Durante siglos, el zapato fue una de las formas más discretas de explicar quién mandaba. Un tacón podía decir que su dueño pertenecía a la corte; un material raro, que podía permitirse el lujo de no pensar en la practicidad; una determinada suela o un color reservado, que estaba por encima del resto. Lo curioso es que, después de siglos utilizando el calzado para marcar diferencias, las casas reales están haciendo algo que habría resultado casi subversivo en otro tiempo: elegir zapatos porque resultan cómodos. De las zapatillas deportivas con las que Lady Di convirtió el chándal en una cuestión de estilo a las Veja de Kate Middleton y, ahora, al calzado barefoot que la reina Letizia ha llevado incluso en compromisos oficiales, el zapato royal ha dejado de ser únicamente una cuestión de etiqueta. También habla de bienestar, funcionalidad y de una nueva idea de elegancia.

La reina Letizia con zapatillas blancas 'barefoot' en la premiere de un documental en 2024© Getty Images
La reina Letizia con zapatillas blancas 'barefoot' en la premiere de un documental en 2024

El tacón nació para montar a caballo, no para ser elegante

La historia del tacón tiene una pequeña paradoja que encaja perfectamente con lo que está ocurriendo ahora. Los primeros tacones no nacieron para estilizar la pierna femenina ni para hacer parecer más alta a una mujer. Su origen está relacionado con la equitación y, en particular, con los jinetes de la Persia del siglo X, que utilizaban un pequeño tacón para fijar el pie en el estribo y ganar estabilidad al disparar desde el caballo. Siglos después, aquella solución práctica llegaría a las cortes europeas y adquiriría un significado completamente distinto.

En la Europa de los siglos XVI y XVII, el tacón dejó de ser una herramienta para convertirse en un símbolo. Los hombres de la aristocracia lo adoptaron antes que las mujeres y pronto se convirtió en una forma literal de elevarse sobre los demás. Luis XIV entendió especialmente bien el poder político del zapato: en su corte, los tacones rojos quedaron asociados al privilegio de la nobleza. El calzado había dejado de servir únicamente para caminar; servía para demostrar que quien lo llevaba estaba por encima de quienes tenían que trabajar con los pies en el suelo.

El rey Louis XIV con zapatos de tacón, 1701.© Getty Images
El rey Louis XIV con zapatos de tacón, 1701.

Cuando la incomodidad era precisamente el mensaje

Hay algo especialmente revelador en la historia del zapato aristocrático: durante mucho tiempo, la falta de funcionalidad era parte de su valor. Un zapato difícil de llevar podía ser una demostración de riqueza porque indicaba que su propietario no necesitaba caminar largas distancias, trabajar físicamente o preocuparse por ensuciarlo.

La moda hizo después del tacón un símbolo de feminidad, sofisticación y poder. En el siglo XX llegaron el stiletto, las grandes casas de zapatos y una relación cada vez más estrecha entre altura y elegancia. El zapato femenino podía transformar la postura, alargar visualmente la pierna y modificar incluso la manera de caminar.

Pero aquella asociación entre belleza y sacrificio ha empezado a resquebrajarse.

Kate Middleton con los clásicos stilettos en color rojo, Londres, 2023.© Getty Images
Kate Middleton con los clásicos stilettos en color rojo, Londres, 2023.

La reina Victoria también cambió la historia del zapato sin proponérselo

La realeza británica ofrece un curioso ejemplo de que funcionalidad y prestigio no siempre han estado enfrentados. A la reina Victoria se atribuye la popularización de las botas de elástico que acabarían convirtiéndose en las Chelsea boots. Su zapatero, J. Sparkes-Hall, desarrolló un modelo sin cordones que facilitaba que la reina se las pusiera y quitara, y que resultaba especialmente práctico para montar a caballo. La propia casa que conserva ejemplares de aquella época documenta la relación de Victoria con el modelo.

La historia tiene algo de profecía: una innovación creada para resolver un problema práctico terminó convirtiéndose en un icono de moda. Décadas después, las botas Chelsea pasarían de la realeza al mundo de la música, los mods y el Londres de los años sesenta. El patrón se repite constantemente en la historia del calzado: primero aparece una necesidad; después llega la moda.

Diana de Gales saliendo del Chelsea Harbour Club en Londres, 1995.© Getty Images
Diana de Gales saliendo del Chelsea Harbour Club en Londres, 1995.

Lady Di fue quien hizo posible que una royal llevara zapatillas y siguiera siendo una royal

Si hay una imagen que marca el comienzo de la democratización del zapato royal, es la de Diana de Gales con zapatillas deportivas, sudadera y mallas. No fue la primera persona de la realeza en llevar unas deportivas, pero sí una de las primeras en convertirlas en parte de un lenguaje visual reconocible.

Diana entendió algo que después se convertiría en una de las grandes reglas de la moda contemporánea: la ropa informal también puede construir una imagen pública. Sus looks deportivos de los años ochenta y noventa no eran una renuncia a la elegancia, sino otra forma de ejercerla.

Su armario ayudó a borrar la frontera entre la princesa y la mujer que hacía deporte, llevaba a sus hijos al colegio o salía de casa. 

Y hay un detalle especialmente significativo: en 1988, durante una visita al Royal Hampshire Regiment, Diana llegó a llevar unas Converse de color rosa. El gesto parece banal visto desde 2026. En el contexto de la época, no lo era tanto.

El príncipe Guillermo y Kate Middleton en una visita oficial a Marlow© GTRES
El príncipe Guillermo y Kate Middleton en una visita oficial a Marlow

Después llegó Kate Middleton: la zapatilla dejó de ser una excepción

Kate Middleton no necesitó romper las reglas de forma tan evidente como Diana. Su aportación fue más silenciosa: consiguió que las zapatillas convivieran con la imagen perfectamente reconocible de una futura reina.

La princesa de Gales ha convertido modelos deportivos en parte habitual de su vestuario informal. Ha llevado Superga, Nike, New Balance y, de manera especialmente recurrente, Veja. La diferencia con Diana es importante. En los años ochenta, una princesa con deportivas era una noticia. En el armario de Kate, una zapatilla puede ser simplemente una zapatilla. Eso demuestra hasta qué punto ha cambiado el significado del calzado royal.

La reina Letizia en el Palacio de Marivent en Mallorca, 2023.© GTRES
La reina Letizia en el Palacio de Marivent en Mallorca, 2023.

Y luego están las alpargatas: la otra revolución silenciosa de Letizia

Antes de llegar al barefoot, Letizia ya había contribuido a modificar la idea de qué podía llevar una reina en los pies. Las alpargatas son un buen ejemplo.

No son nuevas ni tecnológicas. Precisamente por eso resultan interesantes. Proceden de una tradición popular y rural y, sin embargo, se han convertido en uno de los elementos más reconocibles del armario estival de la reina y sus hijas.

Letizia, Leonor y Sofía han aparecido juntas con diferentes versiones de alpargatas, desde modelos planos hasta cuñas. En el verano de 2022, por ejemplo, las tres las incorporaron a sus looks de Mallorca.

La paradoja es todavía mayor si se recuerda que la reina Isabel II tenía fama de detestar las cuñas. Una fuente citada durante años por la prensa británica aseguraba que no eran de su agrado y que la antipatía era conocida dentro de la familia. Kate, sin embargo, siguió utilizándolas.

La diferencia entre ambas generaciones resume bastante bien la evolución del calzado royal: lo que para una reina podía resultar poco elegante, para la siguiente podía ser precisamente la manera de adaptar la tradición a una vida más activa.

La princesa de Gales suele llevar faldas y vestidos de largo midi© Getty Images
La princesa de Gales con alpargatas de cuña

Letizia lleva esa evolución un paso más lejos

Si las alpargatas introdujeron comodidad y tradición popular en el armario royal, el barefoot plantea una cuestión diferente: ¿puede un zapato ser elegante precisamente porque está pensado para interferir lo menos posible con el pie?

La respuesta empezó a hacerse visible en 2024, cuando Letizia comenzó a aparecer con zapatillas barefoot después de una lesión en el pie derecho. Entre sus modelos más comentados estuvo la Geo Court III de Vivobarefoot, que llevó en diferentes actos públicos.

La imagen tenía algo de ruptura. No porque una reina llevara zapatillas —Diana había abierto esa puerta décadas antes—, sino porque el modelo elegido pertenecía a una categoría todavía asociada por parte del público con el deporte, el running o comunidades muy específicas.

El barefoot propone otra relación con el pie: una horma más ancha en la zona de los dedos, una suela flexible y plana y, en general, menor interferencia entre el pie y el suelo. No todos los modelos responden exactamente a los mismos criterios, pero esa es la idea que vertebra la categoría.

No se trata de afirmar que unas zapatillas barefoot sean automáticamente más saludables para todo el mundo. La investigación disponible sí apunta a posibles cambios en la fuerza de la musculatura del pie y en determinados parámetros biomecánicos, pero las revisiones recientes señalan también que la certeza de la evidencia es baja o muy baja en varios resultados.

Es decir: el interés está ahí, pero conviene separar la filosofía del barefoot de las promesas comerciales.

La reina Letizia con zapatillas 'barefoot' de Ohne Project.© GTRES
La reina Letizia con zapatillas 'barefoot' de Ohne Project.

El detalle que cambia la historia: Letizia no solo lleva zapatillas

Lo interesante de Letizia es que no ha sustituido un uniforme por otro. Su evolución demuestra que el armario royal contemporáneo ya no funciona mediante una única idea de zapato correcto. Ha llevado stilettos, salones, tacones sensatos, mocasines, botas, alpargatas y zapatillas. En los últimos años, además, ha reducido considerablemente la presencia de tacones muy altos en favor de opciones más cómodas. Por eso el barefoot importa. No porque sea "el nuevo zapato de la reina", sino porque representa el siguiente paso de una evolución que lleva décadas produciéndose.

Las zapatillas 'barefoot' 080 de Ohne Project© GTRES
Las zapatillas 'barefoot' 080 de Ohne Project

Ohne Project: cuando el barefoot llega desde la calle hasta la Zarzuela

En ese recorrido aparece Ohne Project, una de las firmas que mejor permite entender la paradoja actual. Manel García Prats, cofundador de la firma junto a Hanna Buschmann, reconoce que resulta sorprendente que una marca nacida desde una filosofía contemporánea del calzado termine entrando en un entorno tan codificado como una casa real.

Pero su lectura es menos anecdótica de lo que parece. "Este tipo de calzado ya no responde a un perfil concreto." Es una frase importante porque desmonta una de las ideas que todavía acompañan al barefoot: que necesariamente tiene que parecer barefoot.

Para Ohne, la verdadera transformación no consiste en que una reina utilice una zapatilla determinada, sino en que el concepto pueda dejar de ser una categoría para convertirse simplemente en una opción más. "Ojalá llegue un día en el que deje de ser algo excepcional y pase a verse como una opción más dentro del mercado", nos comenta.

La frase explica también por qué Manel no interpreta la relación con Letizia únicamente como una cuestión de prescripción de marca. Para Ohne, la visibilidad de la reina puede ayudar, pero el objetivo final es otro: normalizar una forma diferente de entender el calzado.

La sneakerina barefoot Kima 79 x NWHR de Ohne Project© Ohne Project
La sneakerina barefoot Kima 79 x NWHR de Ohne Project

El efecto Letizia: más que vender una zapatilla, normalizar una idea

Hay una diferencia entre que una royal lleve una marca y que una royal haga visible una categoría. Manel lo resume así: "La visibilidad siempre ayuda, pero lo realmente importante es la normalización".

Y ahí está probablemente el verdadero valor de Letizia para el barefoot. No necesariamente porque vaya a convertir a sus seguidores en consumidores de este tipo de calzado, sino porque introduce una categoría que todavía podía parecer demasiado técnica en un contexto donde todo está sometido a códigos visuales.

Una reina con barefoot plantea una pregunta sencilla: si este zapato puede aparecer en un acto institucional, ¿por qué debería considerarse incompatible con vestir bien?

Las zapatillas 'barefoot' 070 en azul bebé de Ohne Project© Ohne Project
Las zapatillas 'barefoot' 070 en azul bebé de Ohne Project

De demostrar estatus a demostrar que no estás dispuesto a sufrir

Hay otra idea de Manel especialmente reveladora. Durante siglos, los zapatos fueron una forma de demostrar estatus precisamente porque podían ser poco prácticos. Hoy el lujo empieza a funcionar al revés. "Antes el estatus estaba mucho más ligado a lo llamativo o incluso a la incomodidad. Hoy también tiene que ver con la calidad, el diseño, la autenticidad y con cómo te hace sentir un producto".

Es posiblemente una de las mejores claves para entender el fenómeno. El barefoot no pretende competir con un stiletto en espectacularidad. Su argumento es otro: que un producto puede ser bonito sin obligar al cuerpo a adaptarse a él. Y esa es una idea profundamente contemporánea.

La reina Letizia con zapatillas blancas, 2019© GTRES
La reina Letizia con zapatillas blancas, 2019

Koops: cuando el barefoot deja de parecer barefoot

Si Ohne permite entender la normalización del concepto, Koops representa otro movimiento igualmente interesante: la entrada del barefoot en el territorio de la moda.

Sofía Vega-Penichet, cofundadora de la firma, parte de una premisa sencilla: cuando descubrieron el barefoot entendieron que estaba vinculado con la salud y el autocuidado, pero también vieron que había un problema de comunicación.

Había que conseguir que la gente quisiera llevarlo antes incluso de entenderlo. "Para darlo a conocer al mundo era imprescindible que la estética acompañara a la parte funcional", nos cuenta Sofía. Ahí está la diferencia entre una categoría técnica y una categoría de moda.

Si hablamos de las royals con este tipo de calzado, Sofía admite que "ver apariciones públicas con barefoot en las casas reales, con tanta etiqueta de por medio, deja ver que hay necesidades que cubrir que van mucho más allá de lo establecido hasta ahora. Con Lady Di y sus zapatillas deportivas se abrió un nuevo mundo, una nueva categoría que va evolucionando con las tendencias pero nunca pasará de moda. En la era tan acelerada en la que vivimos, cuando hablamos de comodidad y de salud es difícil hacer oídos sordos".

Zapatilla 'barefoot' Zen de Koops, un diseño en cuero 100% natural, desarrollada junto a la podóloga Neus Moya© Koops
Zapatilla 'barefoot' Zen de Koops, un diseño en cuero 100% natural, desarrollada junto a la podóloga Neus Moya

Zen y la nueva puerta de entrada

El modelo Zen de Koops resume perfectamente esta estrategia. Desarrollado junto a la podóloga Neus Moya, utiliza cuero natural sin forro y una construcción pensada para respetar la anatomía del pie, con puntera amplia y suela flexible.

Pero lo verdaderamente interesante no está solo en sus características técnicas. Está en que no parece haber sido diseñado para convencer a alguien de que debe cambiar de filosofía de vida. Está diseñado para gustarle. Sofía lo explica de forma muy clara: "Zen es uno de los iconos de Koops, y podríamos decir que uno de los iconos del barefoot, que efectivamente consiguen dar a conocer este nuevo mundo gracias a un diseño que entra primero por los ojos." Es una estrategia inteligente. La moda puede ser la puerta de entrada a una conversación sobre bienestar.

Zapatilla 'barefoot' Zen de Koops, un diseño en cuero 100% natural, desarrollada junto a la podóloga Neus Moya© Koops
Zapatilla 'barefoot' Zen de Koops, un diseño en cuero 100% natural, desarrollada junto a la podóloga Neus Moya

Primero te gusta el zapato y después preguntas qué hace

Durante décadas, muchas categorías técnicas han intentado convencer al consumidor mediante prestaciones. Koops propone invertir el orden. Primero está la silueta. Después el color, el material, la personalidad. Y solo después aparece la explicación de por qué la puntera es más ancha o por qué la suela permite más movimiento.

La propia Sofía Vega-Penichet identifica ahí uno de los grandes cambios generacionales: "La nueva generación tiene más información que nunca, no quiere que le des más, quiere comprobar por sí misma que el producto realmente vale la pena." Y añade una expresión que resume muy bien el nuevo consumidor: la filosofía de la "no renuncia".

No renunciar a la estética. No renunciar a la comodidad. No renunciar, tampoco, a entender qué se está comprando. 

La reina Letizia con zapatillas blancas en 2024.© Getty Images
La reina Letizia con zapatillas blancas en 2024.

El gran problema del barefoot es también su principal virtud

Hay una contradicción visual que explica por qué el barefoot ha tardado tanto en entrar en la moda.

La anatomía del pie no sigue las tendencias. Las punteras pueden cambiar de forma, los tacones subir y bajar, las siluetas entrar y salir de las pasarelas, pero un principio fundamental del barefoot permanece: el pie necesita espacio para los dedos.

Sofía Vega-Penichet reconoce que ese es precisamente uno de los grandes retos de diseño: "El principio fundamental del barefoot es que el zapato tenga forma de pie." Eso obliga a trabajar de otra manera. Si la puntera tiene que ser más ancha, la creatividad tiene que aparecer en otros lugares: materiales, cortes, color, proporciones, construcción. Es decir, la limitación técnica acaba convirtiéndose en un desafío estético.

La reina Letizia con zapatillas blancas 'barefoot' visitando el Real Patronato de colecciones reales en Madrid, 2024.© GTRES
La reina Letizia con zapatillas blancas 'barefoot' visitando el Real Patronato de colecciones reales en Madrid, 2024.

La realeza como último examen del barefoot

La respuesta de Koops sobre las casas reales resulta especialmente interesante porque no interpreta la presencia del barefoot como una simple cuestión de tendencia.

"Nos sorprendió mucho más ver a la reina Letizia con barefoot, principalmente por los estándares de etiqueta tan estrictos que tienen", nos explica Sofía. 

Si una influencer lleva una zapatilla barefoot, puede ser una elección de estilo. Si la lleva una reina en un acto oficial, se convierte en una conversación sobre lo que entendemos por ropa adecuada.

Diana de Gales con sudadera saliendo del gimnasio en 1996© GTRES
Diana de Gales con sudadera saliendo del gimnasio en 1996.

Diana, Kate, Letizia: tres momentos de una misma historia

Hay una línea bastante clara entre las tres. Diana consiguió que una princesa pudiera aparecer con zapatillas y seguir siendo un icono de elegancia. Kate convirtió las zapatillas en una parte normal del armario informal de una royal contemporánea. Sus modelos deportivos conviven sin conflicto con salones, vestidos de gala y códigos institucionales. Letizia ha introducido una cuestión diferente: ya no se trata solo de llevar una zapatilla, sino de preguntarse qué tipo de zapatilla queremos llevar y qué relación tiene con nuestro cuerpo.

Diana democratizó la zapatilla. Kate la normalizó. Letizia está ayudando a que se discuta qué significa que una zapatilla sea realmente cómoda.

Kate Middleton con zapatillas blancas en Londres, 2021.© Getty Images
Kate Middleton con zapatillas blancas en Londres, 2021.

El barefoot todavía no ha ganado

Aquí conviene escuchar precisamente a Ohne. Manel advierte que desde dentro del sector puede parecer que el movimiento está más extendido de lo que realmente está. "La realidad es que todavía queda recorrido".

Es probablemente una de las observaciones más sensatas de todo el debate. El barefoot ha dejado de ser marginal, pero no es todavía el estándar del mercado. Y tampoco tiene por qué convertirse en él. Su éxito puede consistir precisamente en algo menos espectacular: que deje de ser visto como una categoría extraña.

La reina Letizia con las bailarinas Tikal 2.0 de Cacles Barefoot. © GTRES
La reina Letizia con las bailarinas Tikal 2.0 de Cacles Barefoot.

El nuevo lujo puede ser no tener que elegir

La historia del calzado royal comenzó, en buena medida, con la necesidad de demostrar que uno pertenecía a una clase que podía permitirse ciertas cosas. El tacón, el color, los materiales y la complejidad de determinadas piezas hablaban de poder. Hoy el mensaje se está desplazando. La comodidad ya no es necesariamente lo contrario del lujo. Puede ser una forma de lujo.

El diseño ya no tiene que imponerse al cuerpo. Puede adaptarse a él. Y la zapatilla ya no tiene por qué ser la antítesis de la elegancia. Puede ser su versión más contemporánea.

Manel lo expresa de una forma casi programática: "El verdadero reto está en conseguir que diseño, funcionalidad y confort convivan en un mismo producto".

Sofía Vega-Penichet llega prácticamente al mismo lugar desde un camino distinto: "No querrán tener que elegir entre una u otra, que es la filosofía de la 'no renuncia' que tenemos en Koops."

La reina Letizia con mocasines 'barefoot' de Be Lenka, en Mallorca, 2025.© GTRES
La reina Letizia con mocasines 'barefoot' de Be Lenka, en Mallorca, 2025.

La próxima revolución será menos visible

Quizá por eso el barefoot resulte más interesante que una nueva tendencia de tacones.

Las grandes revoluciones de la moda suelen verse inmediatamente: una minifalda, una plataforma, una zapatilla deportiva, un vaquero. El barefoot es mucho más discreto. Desde fuera, puede parecer simplemente otra zapatilla blanca. Pero debajo hay una discusión mucho mayor sobre qué esperamos de la ropa que llevamos.

Ohne lo llama una revolución discreta: "No busca llamar la atención, sino replantear la forma en la que entendemos el calzado." Y ahí es donde la historia de los zapatos royal vuelve a cerrar el círculo.

Los primeros tacones llegaron a Europa desde una necesidad práctica y acabaron convertidos en símbolos de estatus. Los zapatos de las cortes sirvieron durante siglos para distinguir a quienes podían permitirse el lujo de la incomodidad. Las zapatillas de Diana empezaron a desmontar la frontera entre lo deportivo y lo elegante. Kate hizo de la zapatilla una herramienta cotidiana dentro de la vida royal. Las alpargatas de Letizia y sus hijas acercaron todavía más la tradición popular al armario de la realeza.

Ahora el barefoot plantea la siguiente pregunta.

¿Y si el futuro del zapato royal no consiste en parecer más exclusivo, sino en ser más respetuoso con quien lo lleva?

La respuesta todavía no está escrita. Pero que una reina haya empezado a formularla dice bastante sobre hacia dónde está caminando la moda.