El Teatro Real de Madrid reabrió sus puertas con el comienzo de la nueva temporada lírica, una cita que, como cada mes de septiembre, congregó a numerosas personalidades de diferentes esferas. La tradicional inauguración, que tuvo lugar este miércoles 23 por la tarde, contó con la asistencia de distintas celebridades y figuras públicas, desde el rey Felipe VI, Sofía Palazuelo y Fernando Fitz-James Stuart y Solís hasta Amparo Corsini o Carmen Lomana, que se desplazaron hasta el majestuoso recinto en el centro de la capital. En definitiva, fue un encuentro que nos deja varios titulares, aunque ninguno tan llamativo como el que involucra a Tamara Falcó: vestida de rojo para impresionar, pero también enfrentada a un pequeño percance estilístico.
El vestido de invitada que diseñó Tamara para la gran noche del Teatro Real
La marquesa de Griñón acudió de la mano de su marido, Íñigo Onieva, enfundada en un vestido midi de tejidos combinados (abambulado y satinado, ambos en tonalidad vino), que pertenece a su firma TFP by Tamara Falcó, concretamente a la colección The Occasion Edit que presentó para la temporada Otoño/Invierno 2026.
Es un diseño de escote 'V', manga larga en tejido abambulado y acabada con micro volantito con goma, cuerpo satinado y un bajo de falda ligeramente acampanado, cuya silueta abraza la figura y resalta las áreas correctas del cuerpo: alarga el torso, estrecha los hombros y suaviza el abdomen.
En los complementos, sin embargo, es donde radica la verdadera clave del look, y no porque el vestido sea "demasiado sencillo", que no es, sino porque los accesorios de Tamara dieron mucho de qué hablar. Para empezar, para el bolso, se decantó por un bolso de saco fruncido, de Aquazzura, que está realizado en grogrén azul marino, se remata con ribetes de piel a tono, está adornado por dijes celestiales y destaca por sus originales asas metálicas en forma circular. El golpe de efecto perfecto para cualquier invitada en vestido, conjunto o traje liso. Pero, ¿y los zapatos?
Un percance estilístico con los adoquines de Madrid
Por fabuloso que nos parezca, el look de Tamara no estuvo exento de percances de vestuario. Y es que una de las cosas que más pavor da cuando te has esforzado en construir el estilismo perfecto es que este se arruine por causas ajenas: alguien te derrama encima una copa de vino, se deshace una costura del vestido, un viento inesperado te obliga a pedir prestada una chaqueta que no combina solo para sobrevivir a los vaivenes climáticos del otoño... La lista es tan larga como tu imaginación lo permita, pero a la marquesa de Griñón le ha pasado algo que, seguramente, ya tú has vivido también.
Como calzado, la estilosa hija de Isabel Preysler optó por unas sandalias doradas y destalonadas de finas tiras que, si bien encajaban idealmente con el bolso elegido y le daban un extra de luminosidad al conjunto, provocaron (en colaboración con los complicados adoquines del centro de Madrid) que Tamara se tropezara un par de veces en su salida del Teatro Real, mientras era abordada por los reporteros. Por suerte, a su lado estaba su marido para sujetarla, aunque a la tercera va la vencida, y el zapato quedó atrapado entre dos adoquines, por lo que tuvieron que retroceder unos pasos -entre risas- para recogerlo.
La prensa, inmediatamente, acudió a su rescate: "Pero, ¿qué ha pasado?"; "Uy, ¡qué complicado!", exclamaban los presentes, aliviados solo segundos más tarde por la actitud tranquila y elegante de la aristócrata ante el accidente, el cual se quedó en un mero susto.








