Para celebrar por todo lo alto el 45 aniversario de la firma, el director creativo Wes Gordon convirtió la presentación de la colección Primavera/Verano 2027 en un majestuoso homenaje a los orígenes de Carolina Herrera y a la vibrante estética de los años ochenta. El imponente David H. Koch Theater se transformó para la ocasión en una recreación onírica de Park Avenue, adornado con una pasarela flanqueada por una espectacular alfombra floral de 28.798 tulipanes amarillos. Como el propio diseñador confesó con ternura, originalmente eran 28.800, pero sus dos hijos pequeños decidieron llevarse una flor cada uno durante los ensayos. En primera fila, compartiendo espacio con personalidades como Tory Burch, Pamela Anderson, Olympia de Grecia o Gabriela Hearst, se encontraba la mismísima Carolina Herrera, acompañada de sus nietas, Olimpia Báez y Carolina Lansing. Demostrando que su estatus como icono absoluto de la moda sigue intacto, la fundadora, de 87 años, observó el desfile vestida con una blusa cubierta de cristales perteneciente a una de sus colecciones originales.
Gordon logró traducir el glamour de las famosas "Ladies Who Lunch" de la alta sociedad neoyorquina a un lenguaje sumamente moderno y divertido. La colección se orquestó como un viaje cromático y de texturas que captura la esencia del ADN de la casa: siluetas gráficas y potentes en blanco, negro y un llamativo amarillo taxi se suavizaban con notas de verde pistacho, rosas empolvados, salmón y azul bebé, culminando en un dramatismo de volúmenes y volantes de organza.
No faltaron sus innegociables señas de identidad, como los estampados de lunares y la mítica camisa blanca combinada con pantalones entallados y fajines o faldas de gala transparentes y, encima de todo, unas chaquetas bordadas con broches de cebra o de ranas doradas, un guiño directo a La Grenouille, el legendario restaurante favorito de la diseñadora.
El clímax de esta emotiva carta de amor a Nueva York llegó de la mano de unas alianzas únicas que capturaron a la perfección la cultura pop de 1981, el año en que comenzó todo. En colaboración con la Fundación Warhol, Gordon diseñó un vestido recto que reproducía la icónica serigrafía que Andy Warhol le hizo a Carolina Herrera partiendo de una Polaroid. Asimismo, una asociación con The New Yorker dio vida a prendas de organza bordadas con el diseño de la portada de la revista de la misma semana en que se celebró su primer desfile hace más de cuatro décadas.
Entre bambalinas, un reflexivo Wes Gordon recordó lo difícil que era abrirse paso en una industria dominada por hombres cuando Carolina Herrera, madre de cuatro hijos, decidió lanzar su marca. Hoy, ocho años después de haber recibido las llaves de la casa, el actual director creativo ha logrado preservar y amplificar el legado de la venezolana, la única firma capaz de reclamar el trono de la elegancia clásica y cosmopolita, vistiendo a madres, hijas y nietas por igual.



































































