No todas las firmas pueden presumir de haber vestido, amueblado y acompañado a tantas generaciones. La Redoute, sí. En 2026, la maison francesa da un paso más en su historia al protagonizar una gran retrospectiva en La Piscine de Roubaix, uno de los museos más singulares de Francia, con la exposición La Redoute; Un temps d’avance. Mode, design, publicité (La Redoute, un paso por delante. Moda, diseño, publicidad), abierta del 7 de marzo al 5 de julio. Recorre cerca de 190 años de historia y lo hace desde un lugar privilegiado: la ciudad donde nació todo, a menos de dos horas de París.
La elección del escenario no podría ser más acertada. La Piscine, antigua piscina municipal Art Déco construida entre 1927 y 1932 y convertida en museo en 2001, aporta el contexto perfecto para contar esta historia. Hablar allí de La Redoute no es solo hablar de moda o de decoración; es hablar de Roubaix, de industria textil y de aquellos años en los que, durante décadas, aprendimos a desear a través de un catálogo.
La retrospectiva está planteada como un recorrido cronológico a lo largo de 600 metros cuadrados, repasando la evolución de la firma desde sus orígenes como hilandería familiar en 1837 hasta su consolidación como una de las marcas lifestyle más emblemáticas. La exposición reúne moda, archivos, campañas, fotografías, catálogos y piezas audiovisuales para contar no solo el crecimiento de una empresa, sino también la manera en la que fue entrando poco a poco en la vida cotidiana de millones de hogares. Porque el estilo ya no terminaba en el armario: pasaba también a la mesa del comedor, a las lámpara o a una butaca. Y así fue como, a partir de los años cincuenta, el mobiliario y la decoración entraron en el catálogo y cambiaron para siempre la relación entre moda y casa.
Comienza en la propia zona de piscina, concretamente en lo que fueron las antiguas duchas y vestuarios, y arranca con cuatro exclusivas cápsulas creadas para 2026. Entre ellas, Blanchemaille, concebida desde la visión creativa de Sylvette Lepers y basada en siete modelos icónicos de la marca de los años veinte y treinta; una colaboración con Kévin Germanier, conocido por su visión colorida y ecorresponsable, que ha reinterpretado piezas icónicas de La Redoute Intérieurs; otra con Charles de Vilmorin, de estética poética, que presenta una línea de camisetas con seis gráficos originales; y una más con MaPoésie, la firma parisina célebre por su universo setentero y onírico.
El apoyo a los jóvenes talentos ha estado siempre muy presente en el ADN de La Redoute. A lo largo de los años, la marca ha jugado un papel clave en su descubrimiento y proyección, algo que, para mí, tiene un valor especialmente importante.
Junto a estas nuevas colaboraciones, la exposición mira también a los grandes nombres que han formado parte del universo creativo de La Redoute a lo largo de las décadas. Podrán verse distintas piezas y muestras de archivo vinculadas a algunos de los grandes nombres que han colaborado con la firma a lo largo de su historia. En moda aparecen diseñadores como Yves Saint Laurent, Azzedine Alaïa, Issey Miyake o Isabel Marant, mientras que en diseño y decoración destacan figuras como Philippe Starck, Jean-Michel Wilmotte, Rena Dumas o Tom Dixon. Precisamente, esa mezcla entre talento creativo y alcance masivo ha sido una de las claves que ha dado a La Redoute un lugar tan singular.
El recorrido dedica también un espacio a las campañas publicitarias, a las portadas de catálogo y a toda esa iconografía que fue construyendo la imagen de La Redoute durante décadas. La selección, pone el foco en aquellas campañas que mejor muestran la libertad de expresión de la marca, especialmente las ligadas a Maïmé Arnodin. A través de grandes fotógrafos y figuras destacadas de la cultura y la moda, La Redoute fue haciéndose con una imagen cada vez más contemporánea y reconocible.
Si tuviera que elegir una sola palabra, sería audacia. Al recorrer sus archivos, lo que más impresiona es esa energía visionaria, esa voluntad constante de anticiparse, atreverse y reinventar la relación con sus clientes.
Más que una retrospectiva como tal de la marca, funciona como un recorrido por la evolución del gusto, el consumo y de la vida doméstica en Francia a través de una firma que ha sabido adelantarse a su tiempo.












