"¿No es maravilloso? Aquí nada malo podría pasarte", le asegura Holly Golightly a Paul Varjak cuando ambos entran en el local de Tiffany & Co. en la Quinta Avenida de Nueva York en Desayuno con diamantes. Una frase pronunciada en la película de 1961 por Audrey Hepburn que encapsula la fascinación por las joyas, el glamour y el refugio que estas representan, una sensación que John Loring convirtió en realidad durante los 40 años que ejerció como director de diseño en la firma de joyería, desde 1979 hasta el 2009.
Este 9 de junio, el creativo ha fallecido a los 86 años en Palm Beach, dejando tras de sí un importante legado para el sello neoyorquino. Formado en Literatura Inglesa en Yale, su pasión por la narrativa lo llevó a comprender la joyería como un lenguaje cultural y estético, más allá del oficio de joyero, que nunca ejerció. A través de más de 20 libros, documentó la historia de Tiffany & Co., sus gemas y la alta joyería del siglo XX, dejando un testimonio único que mezcla literatura, arte y diseño.
Su mirada estratégica y su amor por la creatividad convirtieron a la empresa en un referente internacional. Fue él quien contribuyó a impulsar la carrera de Paloma Picasso —a quien había conocido en París cuando esta tenía 16 años—, invitándola a colaborar con la firma y dando lugar a su primera colección en 1980, caracterizada por formas atrevidas, colores vivos y gemas poco convencionales.
La hija de los artistas Pablo Picasso y Françoise Gilot fue invitada, en un principio, para diseñar y decorar una mesa con motivo de una exposición un año antes, pero su talento y la estrecha relación con la marca, le llevaron a convertirse en una de sus diseñadoras clave. Su primera presentación revolucionó el mundo de la joyería, siendo a día de hoy su colección más emblemática, con propuestas que se inspiraban en el grafiti, algo que en aquella época se consideraba vandalismo.
"Mientras Schlumberger se inspiraba en el surrealismo, Paloma evitó ese territorio, reservado a su padre. Ella usa marcas simples o garabatos humanos, evitando sobrecargar con carácter artístico. Tiene una presencia vibrante, es chic, con sentido del humor, es tremendamente divertida", llegó a decir Loring de ella.
Durante el mandato de Loring, Tiffany & Co. también vivió otros hitos creativos que marcaron época. En 1987, sus maestros plateros comenzaron a elaborar los trofeos del US Open, un encargo que ha continuado hasta hoy como una de las colaboraciones entre moda y deporte más prestigiosas. Uno de los momentos visualmente más icónicos bajo la influencia de Loring fue en 2001, cuando la firma colaboró con Pantone para crear el 1837 Blue en honor a su azul legendario, también conocido como Tiffany Blue®. Ese tono, que data de mediados del siglo XIX con la primera Blue Box —la famosa cajita azul que acompaña todas las compras—, se estandarizó para garantizar que fuera siempre el mismo en envoltorios, publicidad y presentaciones, reforzando su lugar en la cultura popular y en el imaginario colectivo.
Aunque Loring no fue artesano, sí fue un curador incansable de talentos. Durante su era, diseñadores como Elsa Peretti, cuya llegada a Tiffany en 1974 revolucionó el uso de la plata y las formas orgánicas, siguieron creciendo bajo su supervisión. Y más allá de la joyería, el director de diseño cultivó una vida cultural vibrante que incluyó amistades con miembros de la realeza europea, como la reina Margarita de Dinamarca y su hermana, Ana María de Grecia, así como con figuras destacadas del arte y la sociedad contemporánea.
Su amor por la belleza no se limitó a las vitrinas de joyas, pues fue también un gran coleccionista de muebles y cerámica del siglo XX. Además, sus grabados y sus pinturas —también se formó en la prestigiosa Escuela de Bellas Artes de París— se han llegado a exhibir en el Museo de Arte Moderno (MoMA), el Whitney y el MET. Tras su jubilación, fue nombrado director de diseño emérito de la marca.









