Foresta es la palabra italiana para referirse al bosque. “Representa profundidad, calma y continuidad”, explican la princesa Cleo zu Oettingen-Spielberg y Farina Pavel sobre el significado del nombre que han elegido para su recién estrenada firma de ropa. “Un bosque -añaden- crece lentamente, moldeado por el tiempo y no por la urgencia”. Establecen este paralelismo con las piezas de su firma, pero bien podrían estar hablando de su amistad, que surgió en las cumbres y se ha ido afianzando con el tiempo a base de experiencias compartidas, sintonía y confianza. “Nuestro primer recuerdo juntas es un viaje por carretera a las montañas. Estuvo lleno de risas y conversaciones sobre arte, libros y películas, y los valores que compartimos. Hubo una sensación inmediata de afinidad”, rememoran las empresarias acerca de su primer encuentro.
El nuevo emprendimiento FASHION de Cleo zu Oettingen-Spielberg
Detectaron un gusto equivalente y Farina, que llevaba años desarrollando diseños en privado pero se mostraba recelosa a emprender, vio en Cleo a una socia ideal. “Sentí instintivamente que debía proponerle la idea”, explica la alemana. Y con el mismo ímpetu, la princesa Zu Oettingen-Spielberg dijo que sí.
El resto es historia y el presente, La Foresta, su proyecto compartido, que acaba de ver la luz y que encuentra en la nostalgia la piedra angular de su identidad. “Farina aporta una sólida formación empresarial, una visión estratégica y un enfoque decidido y directo. Es muy perseverante y sabe lo que quiere y cómo conseguirlo”.
“Cleo suma creatividad, un encanto natural y una intuición social excepcional”, se piropean la una a la otra. “Compartimos una sensibilidad estética alineada, los mismos estándares, la misma paciencia y la misma visión a largo plazo, por lo que las decisiones son rápidas y eficientes. Hay una dinámica disciplinada y creativa a la vez”, comentan.
¿Cuál ha sido el mayor desafío en la creación de la marca? Ambas coinciden: resistirse a los atajos. “Construir algo con integridad requiere paciencia. Encontrar a los socios adecuados, perfeccionar cada detalle y permitir que el proceso se tome su tiempo. Esa disciplina ha sido nuestro mayor reto y nuestro compromiso más firme”, alegan. El esfuerzo ha valido la pena y son la marca de lujo que querían ser, una de moda lenta. Ahora mismo buscan afianzarse y cimentar una base sólida y coherente. A largo plazo, quieren que La Foresta evolucione hasta convertirse en un universo completo. “Uno que inspire a las personas a vestirse de manera consciente para el campo, las montañas y la naturaleza”, añaden.
Las prendas beben inevitablemente del estilo personal de las dos. “El mío es sobrio pero expresivo. Valoro las piezas que parecen ‘sin esfuerzo’, pero que revelan su calidad a través del corte, el tejido y los detalles. Esta sensibilidad se refleja en prendas ideadas para ser usadas y vividas, no para ser exhibidas. Pensamos muy deliberadamente en los colores y las combinaciones, y cada modelo que creamos juntas es algo que nos encantaría llevar personalmente”, cuenta Cleo. La esencia de la marca se construye sobre la femineidad, la confianza y la durabilidad y tiene en el janker -una chaqueta típica de estilo alpino similar a la austríaca- a su mejor representante. “Es nuestro punto de partida: una prenda tradicional reinterpretada con juego y precisión”, subrayan ambas.
La primera colección está plagada de piezas refinadas, elegantes, sofisticadas y embajadoras de ese “lujo silencioso” que tanto peso tiene en las tendencias presentes. “La calidad no es negociable”, zanjan las fundadoras de La Foresta, cuya labor se orienta hacia mujeres cultivadas y curiosas, con un encanto innato y una sensibilidad especial hacia la moda más atemporal.








