El detalle que transforma el look de Mariló Montero: el accesorio con siglos de historia que domina esta primavera


La presentadora apuesta por un traje negro de inspiración esmoquin y tres broches simbólicos, mariposa, estrella y flor, confirmando el regreso del accesorio más aristocrático de la temporada


Mariló Montero con traje negro y broches en la solapa.© @marilo_montero
24 de febrero de 2026 a las 15:24 CET

En la entrega de los premios Las Majas de Goya, la periodista Mariló Montero apostó por un look total black impecable: un traje de inspiración esmoquin y un accesorio que conecta directamente con la tendencia más sofisticada de 2026: los broches. En un contexto cargado de simbolismo —que la propia Mariló describió como un homenaje al valor, la belleza y el arte—, su elección se convirtió en un ejemplo perfecto de cómo reinterpretar la sastrería clásica con un toque personal y actual. Un guiño a la tradición con una pieza que regresa del joyero de la aristocracia para convertirse en protagonista del presente. Y no es casualidad: los broches están viviendo su gran renacimiento esta temporada, tras conquistar las pasarelas de otoño/invierno 2025 y consolidarse en las colecciones primavera/verano 2026 como el nuevo símbolo del lujo.

Mariló Montero con traje negro y broche.© @marilo_montero

Un traje negro impecable con espíritu esmoquin

El look de Mariló Montero se construye sobre una base atemporal: un traje negro de corte clásico, elegante y favorecedor, que recuerda al esmoquin masculino reinterpretado en clave femenina.

Mariló Montero con traje negro y broche.© @marilo_montero

La blazer de doble botonadura, con botones forrados y solapas satinadas, aporta estructura y sofisticación. Es una pieza que dialoga con la tradición de la sastrería masculina pero que, en su versión femenina, se convierte en una de las fórmulas más elegantes del armario contemporáneo. Los pantalones rectos, de caída limpia y corte clásico, refuerzan esa estética depurada, mientras que los zapatos negros de tacón completan el conjunto con elegancia. El resultado es un look que funciona como un lienzo minimalista sobre el que el accesorio adquiere todo el protagonismo.

Mariló Montero con traje negro y broche.© @marilo_montero

Tres broches, tres símbolos: mariposa, estrella y flor

Lo que eleva el conjunto es la elección de tres broches colocados sobre la solapa de la blazer: una mariposa, una estrella y una flor silvestre de pétalo fino. 

La mariposa ha sido históricamente símbolo de transformación y libertad; la estrella, de guía y aspiración; y las flores, desde la era victoriana, han comunicado emociones, afectos y mensajes codificados. Este lenguaje simbólico, que durante siglos estuvo reservado a la joyería aristocrática, vuelve hoy como parte del storytelling personal que define el lujo contemporáneo.

Mariló Montero con traje negro y broche.© @marilo_montero / Clara Carrasco

Una fórmula que repite: el broche como sello personal

No es la primera vez que Mariló Montero apuesta por esta combinación. En noviembre del año pasado ya lució un traje negro —en aquella ocasión más oversize y de corte estructurado— acompañado de un broche único, confirmando que este accesorio se ha convertido en una de sus elecciones favoritas.

Repetir fórmula no es casualidad, el traje negro funciona como uniforme sofisticado, mientras que el broche permite reinterpretarlo sin perder elegancia. Es una estrategia estilística que recuerda a los códigos del power dressing.

Mariló Montero con traje negro y broche.© @marilo_montero

La historia del broche: del poder aristocrático al lujo contemporáneo

Mucho antes de convertirse en una joya decorativa, el broche fue un objeto funcional. En la Antigüedad y la Edad Media, las fíbulas y alfileres sujetaban túnicas y capas, y señalaban estatus social y pertenencia cultural. Su visibilidad era consecuencia de su función: estaban en el centro del cuerpo porque tenían que estarlo.

En el siglo XIX, el broche alcanzó su edad de oro como objeto simbólico. Las joyas victorianas comunicaban mensajes codificados: corazones para el amor, manos entrelazadas para la amistad, flores con significados específicos y broches de luto con cabello o inscripciones para recordar a los seres queridos. Era una joya narrativa, una forma pública de expresar emociones privadas.

En el siglo XX, su protagonismo disminuyó con la aparición de nuevos sistemas de cierre y el auge de collares y pendientes. Pero nunca desapareció del todo: figuras como Madeleine Albright lo recuperaron como herramienta de comunicación política, acuñando el concepto de statement brooch y utilizando motivos simbólicos —desde serpientes hasta globos— para enviar mensajes diplomáticos.

Mariló Montero con traje negro y broche.© @marilo_montero / Clara Carrasco

El gran regreso en 2026

Hoy, los broches regresan con fuerza como parte de una tendencia más amplia: el abandono del minimalismo impersonal y el regreso a la joyería con identidad. Casas como Miu Miu, Carolina Herrera, Prada, Dior o Balenciaga los han convertido en protagonistas, desde versiones florales XXL hasta combinaciones múltiples en solapas, hombros, sombreros o bolsos.

Celebridades como Julia Roberts o Khaby Lame han reforzado esta tendencia en alfombras rojas recientes, confirmando que el broche ha dejado de ser un objeto del joyero de la abuela para convertirse en el accesorio más sofisticado del momento. En 2026, el broche no se lleva como un adorno aislado, sino como parte de un relato personal. Se acumula, se mezcla, se hereda. Se elige.