En la obra de Celia Gallego (Valladolid, 1997) resuena con fuerza una pregunta: ¿Quién soy? Sus cuadros simbólicos y coloristas ilustran el viaje de la heroína hacia una comprensión más profunda de sí misma. Inspirada por el surrealismo de René Magritte, Leonora Carrington y Remedios Varo, la artista plástica traduce su inquietud por la pluralidad del ser en retratos de mil caras, ojos que se derriten -y recuerdan a los “relojes blandos” de Dalí- y composiciones oníricas que nos acercan al proceso de autodescubrimiento en el que está inmersa y que ha plasmado en su nueva exposición Más allá del jardín, comisariada por Álvaro Talarewitz en Canal Gallery Madrid.
A raíz de una conversación con su psicóloga sobre la incapacidad de acceder a su interior de forma lúcida, la vallisoletana encuentra en los sueños y las pesadillas todo lo que está esperando a ser revelado y todavía no es capaz de expresar. Arquetipos y referencias que se descuelgan de la psique de Gallego en un acto de integración del que nos hace partícipes a través de sus lienzos. “Sus escenarios no pertenecen completamente al mundo exterior ni al puramente imaginario. Son representaciones donde la realidad consciente y el inconsciente se entrelazan”, apunta Talarewitz, a cargo de la muestra.
La española convierte la pintura en un ejercicio de autobservación donde lo íntimo, lo fantástico y lo cotidiano se dan la mano. De aprender a mirar sus recuerdos, temores, deseos y heridas emerge una belleza sugerente, que apela al propio paisaje personal del espectador. “Yo no me veo. Aprendí a mirar hacia los lados”, escribe la artista en sus diarios. “El alma se escondió detrás del cuerpo y el cuerpo se volvió escudo”. Ahora, con el pecho abierto, flores frescas en la entrada y una luz que cobija, nos invita al hogar que habita y siempre lleva a cuestas. “Todo es un poco ruinoso si lo piensas, pero puedo volar”.
Sin necesidad de sentarla en el diván y con Rigoberta Bandini sonando de fondo -“Y es que yo siempre intentando entender cosas que tienen que ver con el ser... Y al final todo reside en mirar, que dentro yo tengo un palacio real lleno de cuartos donde patinar”-, hablamos con este talento de veintinueve años cuya carrera está en estado de gracia. Así es su propio país de las maravillas.
¿Siempre supiste que querías ser artista?
A mis padres les encanta contar que cuando era muy pequeña, con 2 o 3 años, y me llevaban por ahí, acababa dibujando en cualquier servilleta, ticket o papel que encontraba, hasta el punto de que mi padre se acostumbró a meter un boli en el bolsillo de su camisa. Creo que pintar ha sido siempre una parte esencial de mí.
¿Qué encuentras en la pintura que no te da otra disciplina artística?
La siento como un reflejo de todas esas capas que tengo dentro y, poco a poco, voy conociendo. En cada una dedicas un tiempo, descubres cosas, cometes errores y tapas grietas.
¿Cómo describirías tu obra a quien no la conozca?
Trabajo mucho con el mundo onírico: todo cuanto sucede entre la vigilia y el sueño. Me atrae ese territorio que no es real ni tampoco falso al cien por cien. También me gusta experimentar con la multiplicidad de las personas y las diferentes versiones de nosotros mismos, lo que me lleva a crear personajes con muchos ojos, narices, manos u orejas.
¿Cuáles son tus principales referentes de ayer y de hoy?
Cuando me inicié en el arte surrealista fue René Magritte. Vi una exposición suya en el museo Thyssen y me voló la cabeza; sentí que por fin pertenecía a algún lugar y que yo era exactamente eso. Después comencé a indagar hasta dar con Leonora Carrington y Remedios Varo, las dos pintoras que, a día de hoy, son mi fuente de inspiración absoluta.
¿En qué otros lugares encuentras la inspiración?
Últimamente, sobre todo leyendo, especialmente novelas y libros que hablan de otros artistas. También en vivencias propias que comento con mi psicóloga: quién soy por dentro, cómo funciona mi subconsciente y de qué manera reacciona a diferentes situaciones. Ahora mismo estoy inmersa en tratar de comprenderme a mí misma y eso ha hecho que mis cuadros se hayan tornado más oníricos. ¡Está siendo un viaje increíble!
- ¿De dónde viene este empeño por comprender la psique y la identidad humana?
Hace unos años empecé a preguntarme por qué somos de una manera u otra en función de con quién estamos. Hay quien habla de mí como una persona dulce y quien, por el contrario, diría que soy borde y testaruda. Yo me considero muy extrovertida, pero no siempre soy así. Cuando me cuestioné por qué soy distinta según la situación, me surgió la pregunta de cuál era la Celia verdadera. Entendí que soy una mezcla de muchas mujeres y que, quizá no tenemos un libre albedrío, sino que estamos condicionadas por lo externo. Todo un agobio en ese momento, pero me interesó tantísimo el tema que me obsesioné y he intentado representarlo en mi trabajo desde entonces. Luego llegó el subconsciente y fue otra explosión.
¿Con lo que la pintura se ha convertido en tu forma de expresión y terapia?
¡Totalmente! De hecho, algo que he charlado con mi psicóloga es que, en ocasiones, no entiendo el porqué de algunas de mis elecciones dentro del proceso creativo. Mi pintura tiene un punto muy inconsciente y es como si quisiera decirme algo que no comprendo hasta que la pieza está terminada. Se manifiesta sin darme cuenta. Es una locura, pero preciosa.
Hablando de tu proceso ¿cómo es desde que tienes la idea hasta que la materializas?
Suele comenzar con un concepto, una conversación o un texto. Me gusta mucho escribir antes de ponerme a dibujar, porque las palabras me ayudan a dar forma a las ideas. Cuando ya las he verbalizado, voy al iPAD y empiezo con el boceto. Hasta que no está perfecto no doy el paso de pintarlo. A veces tardo poquísimo y otras días, incluso tengo bocetos esperando a que llegue su momento, cuando por fin dé con la composición perfecta para lo que quiero transmitir.
Ahora estrenas ‘Más allá del jardín’ en Canal Gallery Madrid, háblanos de ella
Todo nace, para variar, de una sesión con mi psicóloga en la que me di cuenta de lo difícil que es para mí dar con mi niña interior. Una que ha pasado cosas difíciles y ha sufrido, como mucha gente por supuesto, pero que en mi caso se tradujo en enterrar ese dolor de manera inconsciente. De modo que hay partes de mí que tengo escondidas, y ahora me encuentro abriendo puertas y descubriendo senderos que me van llevando hasta ellas. Muchas de las cosas que he guardado se han manifestado recurrentemente en mis sueños, por eso esta exposición es tan ensoñadora, repleta de escenarios que recuerdan a las backrooms o a lugares entre el sueño y la pesadilla.
¿Qué es lo que más disfrutas de esta exploración?
No saber hasta dónde llegará. Aunque suelo controlar lo que pinto y soy de ideas claras, cada vez disfruto más de esa incertidumbre y creo que es ahí donde reside la magia de la pintura.
¿Has averiguado qué dicen estas construcciones mentales sobre ti?
Que soy una persona que ha crecido en los márgenes de lo que está bien. De donde yo vengo tienes que ser ingeniera, médica o arquitecta, y desde muy pequeña tuve claro que eso no era lo mío. Que he abrazado mi inseguridad y sigo avanzando hacia delante sin que esta se interponga en mi camino. La frase “Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes”, de Star Wars, para mí es una especie de mantra. Y que perder a mis seres queridos es uno de mis mayores temores.
Instagram te ha servido de carta de presentación, ¿crees que las redes sociales han ayudado a romper con el elitismo de las galerías de arte?
Considero que están haciendo una gran labor en este sentido y que, paulatinamente, el arte se está democratizando y llegando a públicos más amplios. Al final, los artistas somos esas mismas personas que no se pueden permitir los cuadros que pintamos y, gracias a Internet, veo que nuestro sector se va volviendo más cercano y accesible.
¿Cuál dirías que es el error más común de una artista joven que intenta dar el salto al mercado profesional?
Encerrarse a pintar sin parar y no salir al mundo exterior. El mercado del arte es como una familia con muchos primos: nos tenemos que conocer, cuidar y apoyar. Alguien que se parapeta en su estudio y no visita a otros compañeros, va de galerías o se deja caer por las inauguraciones, es invisible a los demás y pierde muchas oportunidades de crecimiento.
Para terminar, cuéntanos qué te gustaría despertar en el público
Lo que busco es que sienta algo. No una idea fija de lo que está mirando, sino que se deje llevar y entre en la obra a ver qué pasa.











