Así es la casa gallega donde Mario Casas rodó 'Zeta': entre viñedos, con vistas al río y perfecta como refugio de verano por 290 euros la noche


Casa Morriña, situada junto al río Miño en plena Ribeira Sacra, combina arquitectura tradicional gallega, grandes superficies acristaladas y una estrecha conexión con la naturaleza. El alojamiento, elegido como escenario de la película 'Zeta', protagonizada por Mario Casas, se ha convertido también en una inspiración para quienes buscan interiores serenos y atemporales


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28 de junio de 2026 a las 18:02 CEST

Algunas viviendas son notables por su arquitectura. Otras, por su ubicación. Y unas pocas, muy escasas, logran que ambas características se mezclen de manera natural. Ejemplo de esto es Casa Morriña, una casa ubicada en Chantada, junto al río Miño, en el centro mismo de la Ribeira Sacra. Este lugar ha adquirido recientemente fama porque sirvió como escenario para varias escenas de Zeta, la película más reciente del director Dani de la Torre y con Mario Casas como actor principal.

No obstante, más allá de su aspecto cinematográfico, esta casa invita a pensar en una tendencia que se vuelve cada vez más común en la decoración: la búsqueda de espacios que establezcan un diálogo con el paisaje en vez de competir con él.

Casa Morriña, en claves:

  • El imán cinematográfico: refugio gallego donde Mario Casas ha rodado Zeta
  • El escondite: suspendida sobre el río Miño, en plena Ribeira Sacra, entre viñedos milenarios
  • Lección de interiorismo: una brillante rehabilitación que combina piedra rústica original con madera cálida 
  • Efecto 'Wow': paredes de cristal que eliminan los tabiques tradicionales e integran el paisaje dentro 
  • Filosofía slow: salón con chimenea, porche panorámico y el lujo del silencio
Casa Morriña a pie de río en Ribeira Sacra© Airbnb

Cuando la naturaleza se convierte en protagonista 

Una de las zonas más peculiares de Galicia es la Ribeira Sacra. Sus ríos, viñedos en laderas empinadas y monasterios históricos crean un panorama que parece estar hecho para forzarnos a desacelerar. Esa sensación de tranquilidad es precisamente uno de los factores que explican el encanto de Casa Morriña.

La vivienda, situada casi al borde del Miño, utiliza su ambiente como si fuera una habitación más de la casa. La experiencia de vivir en ella cambia radicalmente debido a la relación visual que se establece entre sus espacios interiores y el agua, así como con el paisaje que la rodea. 

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Piedra y madera: la fórmula que nunca falla

La armonía entre lo contemporáneo y lo tradicional es uno de los elementos más fascinantes de esta vivienda.

La rehabilitación de 2019, aunque usó materiales que tienen una conexión profunda con la arquitectura gallega, como la piedra y la madera, también incluyó componentes contemporáneos que brindan luminosidad y amplitud visual.

El proyecto parece optar por la simplicidad, lejos de caer en excesos decorativos. Las estructuras de madera brindan calidez, mientras que los muros de piedra mantienen la identidad inicial del inmueble. El resultado es un interior tranquilo, en el que cada elemento encuentra su lugar sin la necesidad de artificios. 

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El poder transformador de las grandes cristaleras

Las superficies acristaladas son el rasgo distintivo de la personalidad de Casa Morriña.

Las paredes de cristal posibilitan que la luz natural llene los cuartos y proporcionan una conexión continua con el paisaje exterior. Esta táctica arquitectónica se ha vuelto una de las más apreciadas en las casas modernas, sobre todo en ambientes naturales privilegiados.

Más que embellecer, estas aperturas tienen un objetivo más ambicioso: transformar el paisaje en parte de la decoración propia. 

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Una casa pensada para vivir despacio

La casa tiene dos dormitorios exteriores con baño privado, una cocina-comedor, un salón con chimenea, un aseo y una galería que ofrece vistas panorámicas de la Ribeira Sacra y del río. Además, tiene acceso directo al porche y al patio, que son de las áreas más sobresalientes del total.

Y tal vez sea justo ahí, en ese porche con vista al Miño, donde mejor se sintetiza la filosofía de la casa. No se trata solamente de mirar el paisaje, sino también de incorporarlo en la vida diaria. 

En un momento en el que la decoración gira cada vez más hacia conceptos como bienestar, conexión emocional y sostenibilidad, viviendas como esta recuerdan que el verdadero lujo no siempre está en acumular piezas exclusivas, sino en disfrutar de la luz, el silencio y las vistas.

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Del cine a la inspiración decorativa

No parece que la selección de Casa Morriña como ambiente para Zeta sea accidental. La atmósfera de calma que irradia, su cercanía con el entorno y su arquitectura hacen de ella un escenario de gran potencia visual.

No obstante, la importante lección decorativa que ofrece esta casa va más allá de la pantalla grande. Lo atractivo de una casa revela que las más memorables son aquellas que logran reflejar el lugar en el cual están ubicadas.

Porque cuando la arquitectura escucha al paisaje, la decoración deja de ser una cuestión estética para convertirse en una forma de vivir.