9 plantas con flores que parecen mariposas y son perfectas para decorar tu casa, terraza o jardín


No vuelan, pero lo parece. Desde orquídeas hasta arbustos tropicales, estas plantas conquistan por su capacidad de sugerir mariposas en reposo o en pleno vuelo. Realizamos un recorrido detallado por especies que convierten el jardín (o los interiores) en un escenario vivo.


Hermosas flores del arbusto de mariposas azules (‘Rotheca myricoides’)© Cheung Yin / Unsplash
25 de mayo de 2026 a las 13:21 CEST

Hay plantas que parecen haber tomado prestadas las alas a las mariposas. Sus flores, con pétalos que se despliegan en formas imposibles, provocan ese instante de duda: ¿es una flor o ese bello insecto a punto de alzar el vuelo? 

Orquídeas mariposa, tigridias, pensamientos, ciclámenes… nombres distintos, mismo efecto: la ilusión de estar ante una de las criaturas más hermosas de la naturaleza. Ya sea en una maceta en el salón o en un rincón del jardín, estas especies atrapan por completo la mirada

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La variedad de orquídea ‘Phalaenopsis’ se denomina popularmente ‘orquídea mariposa’ porque sus flores recuerdan a este espectacular insecto © Adobe Stock

La reina del interior: orquídeas que parecen volar

Si hay una planta que merece encabezar esta selección, es la orquídea. Concretamente la Phalaenopsis, conocida precisamente como 'orquídea mariposa': ninguna otra flor reproduce con tanta fidelidad la imagen de unas alas abiertas. Sus pétalos amplios y simétricos, junto con el pétalo modificado central (labelo), crean una figura casi literal del insecto en pleno vuelo. Los colores van desde el blanco más puro hasta el púrpura intenso, a menudo con patrones moteados que añaden una sofisticación extra. Las hojas, grandes y carnosas, completan una planta de una elegancia difícil de igualar

Y aquí viene la buena noticia: su fama de planta difícil es, en gran parte, injusta. Esta planta tropical es resistente y adaptable, perfecta incluso para jardineros principiantes. Necesita luz abundante pero indirecta y debes situarla lejos de radiadores y corrientes de aire. El riego debe ser moderado y preferiblemente por inmersión. Es todo, con eso ya es feliz y puede florecer entre el invierno y la primavera, y hasta repetir floración.

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Detalle de las pequeñas y perfumadas flores de la violeta rastrera (‘Viola odorata’), una flor silvestre ideal para diseñar un jardín fragante© Kristina Kutleša / Unsplash

La discreta elegancia de la violeta silvestre

La violeta rastrera (Viola odorata) es una de esas plantas que la naturaleza ha diseñado con discreción, pero sin escatimar en detalles. De origen silvestre europeo y asiático, crece de forma espontánea en bordes de bosque y claros sombreados, y ese instinto natural se nota: una vez en el jardín, se expande sola formando tapices de hojas redondeadas y verdes. 

Su porte es rastrero y raramente supera los 10-15 cm de altura, con flores de apenas 2 cm que, sin embargo, compensan su tamaño con una asimetría elegante de cinco pétalos que evoca unas alas plegadas. Pero su gran argumento es el olfato: desprende un perfume dulce e intenso, desproporcionada para una flor tan pequeña, que la convierte en protagonista de cualquier jardín fragante

Sus flores aparecen a finales del invierno, en esa época en que la primavera todavía no acaba de llegar. La violeta rastrera prefiere semisombra y que se la cultive en un suelo húmedo y rico en materia orgánica. Rústica y generosa, pide poco y devuelve mucho.

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La tigridia (‘Tigridia pavonia’) es una bulbosa que cautiva por el moteado de sus flores que recuerdan a la piel de un tigre© Adobe Stock

Tigridia: un espectáculo fugaz en tus exteriores

La tigridia (Tigridia pavonia), conocida también como flor tigre o lirio tigre, produce flores de gran impacto visual: tres pétalos principales que forman una estructura triangular, como unas alas abiertas en pleno vuelo con un centro moteado que recuerda al pelaje de un felino. La flor hay que disfrutarla rápido, porque apenas dura un día, aunque la planta produce varias en sucesión, prolongando el espectáculo durante semanas. 

Se cultiva en exterior, florece en verano y requiere pleno sol, ama recibir al menos seis horas diarias de luz directa. 

En climas mediterráneos la tigridia puede dejarse en tierra todo el año, siempre que el suelo tenga buen drenaje; en zonas más frías, conviene extraer los bulbos en otoño y guardarlos hasta la primavera siguiente.

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Hermosas flores del arbusto de mariposas azules (‘Rotheca myricoides’)© Cheung Yin / Unsplash

El azul más singular del jardín gracias el arbusto de las mariposas

El azul intenso es uno de los colores más escasos en el reino vegetal, y el arbusto de las mariposas azules (Rotheca myricoides) se tiñe de él logrando atraer miradas. Esta planta de hoja perenne, nativa de África, debe su nombre popular a algo que se ve a primera vista: sus flores reproducen con una fidelidad asombrosa la silueta de una mariposa en pleno vuelo. Cada una presenta pétalos en azul pálido y un pétalo inferior en tono violeta algo más oscuro, con largos estambres que se arquean hacia afuera, creando esa ilusión de alas abiertas y antenas que la hace inconfundible. 

Un dato curioso: la planta atrae a mariposas, abejas y abejorros, gracias a su sutil perfume y a esa tonalidad que actúa como un imán para los polinizadores. Florece sin descanso desde principios de verano hasta el otoño, convirtiéndose en uno de los arbustos más generosos de cualquier jardín. Puede alcanzar entre 90 cm y 3 metros de altura y funciona igual de bien como ejemplar aislado, formando un seto libre o en maceta. Necesita sol o semisombra, riego moderado y protección frente a heladas. 

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Flor blanca del lirio mariposa (‘Hedychium coronarium’)© DEZALB / Pixabay

El lirio mariposa, la flor que huele a jazmín y parece volar en tu jardín

Nuestra selección prosigue con el lirio mariposa (Hedychium coronarium), cuyo nombre popular se corresponde perfectamente a su estética. Su corola de tres pétalos, junto con los estambres y el pistilo largos, le dan una apariencia inequívoca de mariposa en vuelo, reforzada por unas flores blancas y delicadas que parecen flotar sobre un porte robusto de hasta metro y medio de altura. Florece todo el verano hasta octubre.

Su nombre genérico, Hedychium, significa literalmente "fragante nieve", y el olor que desprende justifica cada palabra, es una mezcla dulce de jazmín, gardenia y vainilla, con notas cítricas. El lirio mariposa es originario del sudeste asiático, sin embargo, se adaptó tan bien al clima tropical de Cuba que fue declarada flor nacional en 1936. 

Crece feliz en zonas húmedas y cálidas, con buena iluminación pero sin sol directo intenso. Comienza a sufrir por debajo de los 5° C, así que en España requiere protección en invierno salvo en climas muy suaves. 

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La polígala (‘Polygala myrtifolia’) florece desde finales del invierno hasta el otoño© Plantpool images / Pexels

Polígala: el arbusto con flores que parecen el más lindo insecto

La polígala (Polygala myrtifolia) destaca por unas flores pequeñas pero muy singulares: dos sépalos grandes y coloreados actúan como ‘alas’, mientras que el centro, con forma de cresta, sugiere el cuerpo de una mariposa. El conjunto, en tonos violetas, púrpuras o rosados, crea una ilusión clara de este insecto en reposo. Es un arbusto perenne de hojas verdes, ovaladas y densas, muy atractivo.

Florece durante largos periodos: desde finales del invierno hasta el otoño, especialmente en climas suaves como el mediterráneo. Se cultiva en exterior, tanto en suelo como en maceta. Prefiere sol o semisombra, riego moderado y buen drenaje. Tolera bien el calor y la sequía ligera, pero es sensible a heladas intensas. Es una planta resistente y agradecida, ideal para aportar ese ‘efecto mariposa’ de forma continua.

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Los pensamientos (‘Viola × wittrockiana’) florecen de otoño a primavera© Manfred Richter / Pixabay

Los pensamientos, la planta que sobrevive a las temperaturas invernales

Los pensamientos (Viola × wittrockiana) tienen flores planas y de cinco pétalos que evocan las alas abiertas de una mariposa, reforzadas por una textura aterciopelada que invita a tocarlas. Su paleta cromática es extraordinaria: combinaciones de morado, amarillo, blanco y negro generan patrones que parecen pintados a mano, con esa característica mancha oscura central que les da carácter propio. 

Se cultivan principalmente en exterior, en jardineras, borduras o macetas, aunque su rusticidad las convierte en plantas de manejo sencillo tanto en jardín como en balcones y terrazas. Una de sus grandes virtudes es precisamente su momento: florecen desde el otoño hasta la primavera, aportando color justo cuando la mayoría de las plantas permanecen inactivas. 

Toleran temperaturas que van desde heladas puntuales hasta los 30° C, aunque se desarrollan mejor en un rango fresco y estable de entre 15 y 25° C. El calor intenso las agota; el frío, en cambio, las estimula. Prefieren exposición solar moderada o semisombra, y un riego regular sin encharcamiento. 

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La flor del ciclamen (‘Cyclamen’) tiene aspecto de mariposa© Adobe Stock

Ciclamen: la planta de interior que llena de color tu casa en los meses más fríos

El ciclamen (Cyclamen) tiene una morfología singular: sus pétalos se repliegan hacia atrás creando una silueta que recuerda a unas alas de mariposa en tensión, con ese dinamismo elegante que lo hace inconfundible. Además de las inflorescencias rosas, rojas o en blancos intensos, las hojas en forma de corazón con vetas plateadas añaden valor ornamental incluso cuando no florece

Es una planta pensada para el invierno en interiores. En maceta, se siente cómoda en rincones luminosos y frescos, lejos de la calefacción directa. Con esas condiciones, puede florecer de forma continua desde el otoño hasta finales de invierno. ¿Su gran enemigo? El calor, y detrás de él, el riego excesivo.

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El oxalis (‘Oxalis triangularis’) destaca porque son sus hojas (y no las flores) las que presentan una estética de mariposa© Aritha / Pixabay

Oxalis: la planta mariposa que no necesita flores para ser la más llamativa de tu casa

Cerramos este recorrido por las plantas que recuerdan a mariposas con el oxalis (Oxalis triangularis) pero, en este caso, no enamora por sus flores, sino por sus hojas. Es el único caso de nuestra selección donde son ellas las protagonistas absolutas. Cada hoja está formada por tres folíolos triangulares de un púrpura intenso que, lejos de ser estáticos, se abren y se cierran en función de la cantidad de luz que reciben, dando la sensación de ser livianas mariposas que aletean. 

Como vemos en la imagen, también produce pequeñas flores (entre la primavera y el otoño), pero es el follaje lo más ornamental en esta variedad, hasta el punto de que algunos jardineros retiran los botones antes de que se abran para que la planta concentre toda su energía en las hojas.