Lola Flores dejó una huella imborrable. Su personalidad, su carácter, su arte innato y ese duende que ha pasado a la posteridad marcaron un antes y un después y hoy, 16 de mayo, cuando se cumplen 31 años de su fallecimiento, su legado es imborrable. Con una de las discografías más extensas del siglo XX de nuestro país —publicó aproximadamente 50 discos— y con 35 películas en su trayectoria en el cine, su profesionalidad es intachable. Pero su historia sigue viva a través de su familia y de sus innumerables recuerdos. Ejemplo de ello es EL Lerele, la vivienda que La Faraona compró en la década de los 80 y que más que su casa fue un hogar cálido para ella y todos los que la rodeaban. Escenario de las grandes fiestas de esa edad dorada, suelo que vio cómo las grandes estrellas del flamenco y el folclore pisaban fuerte, pero también refugio en los peores momentos. Allí murió la venerada artista y también, quince días después, su querido hijo, Antonio Flores.
© IdealistaUn santuario de arte, música y esplendor
El Lerele estaba situado en la exclusiva zona de La Moraleja (Madrid). Tras el fallecimiento en 1994 de Lola Flores, pasó a manos de su hija pequeña, Rosario, que la vendió en 1998 por 1.995.000 euros.
La icónica vivienda contaba con 626 metros cuadrados construidos, distribuidos en dos plantas, y una parcela de 2.000 metros cuadrados de jardín. En la imponente fachada se apreciaba cómo tradición y vanguardia convivían en perfecta armonía. Una arquitectura tradicional, que se rompía con pequeños toques mediterráneos, donde los pilares de madera robusta añadían cierto encanto rústico. El tejado a dos aguas con tejas oscuras aportaba ese aire clásico y sólido a la vivienda.
El estilo de El Lerele, en claves:
- Ubicación: La Moraleja, una de las zonas residenciales más exclusivas de Madrid
- Superficie vivienda: 626 metros cuadrados construidos distribuidos en dos plantas
- Jardín: una parcela de 2.000 metros cuadrados con piscina, porche y zonas pensadas para disfrutar al aire libre
- Estilo arquitectónico: chalet de aire tradicional con tejado a dos aguas, pilares de madera y guiños mediterráneos
- Materiales: madera tallada, mármol, seda, latón envejecido, cerámica decorativa y tejidos de damasco
- El sello de Lola: retratos, fotografías familiares, recuerdos personales y objetos con historia que daban a la casa un carácter único
- Estancias: 5 habitaciones y 7 baños, salón palaciego, cocina moderna con vistas al jardín, vestidor con detalles ochenteros, comedores integradoas y la cabaña bohemia de Antonio Flores.
© IdealistaMuebles icónicos
Lola Flores, "El Pescailla" y sus tres hijos llegaron a esta casa en los 80 después de que la artista fuese acusada de fraude por Hacienda y tras despedirse de la que había sido la casa familiar en la céntrica calle María de Molina. Poco a poco, cada rincón se llenó de magia, historia y ese alma que solo La Faraona podía transmitir.
El Lerele fue reformado dos años antes de venderlo, por lo que, aunque conserva algunas notas de la época, los revestimientos, el pavimento, la carpintería y las escalinatas respiran un aire moderno. El recibidor se presenta como un diseño de líneas puras y colores neutros, donde se deja claro que es un refugio. Destaca la opulenta cómoda que, más allá de recargar el ambiente, crea un escenario digno de cualquier obra escultórica.
© GTRESAura palaciega
En este retrato de la artista irrepetible e 'influencer' precursora podemos apreciar el uso de los materiales clásicos (oro, seda y madera tallada) en el salón. Una técnica que ayuda a construir una fuerte identidad. Lo que más llama la atención es la tapicería en tejido de damasco con motivos florales en gran tamaño, un tejido bastante típico en las casas de lujo de la época. El apoyabrazos presenta un diseño inspirado en el mobiliario francés, una pieza de madera noble con una talla fluida que termina en espiral.
La unión de la tela con la madera se realiza mediante tachuelas de latón envejecido colocadas una a una, un detalle de ebanistería que refuerza el carácter artesanal de la pieza.
© GTRESMaximalismo ornamental
Este es sin duda uno de los rincones con más encanto del Lerele, donde se respira ese aire de casa vivida con una estantería expuesta a modo de galería de arte, donde conviven metales nobles, cerámicas y arte sacro/profano. En las baldas superiores observamos una colección de trofeos, quizás de la época deportista del recordado Antonio. Sobre la repisa principal preside un reloj de sobremesa estilo Luis XV, con incrustaciones de esmalte azul cobalto y detalles en bronce. Es la pieza que funciona como foco visual del conjunto. Joyeros, medallas y algunos objetos de escritorio aparecen perfectamente dispuestos, casi como un bodegón de recuerdos personales.
El retrato de la propia artista preside la composición. Una auténtica obra de arte que añade impacto visual a la escena, dejando claro quién vive ahí. Además, aporta esa calidez necesaria para romper con el frío blanco de la estantería. Para dar más potencia a su imagen, se apuesta por un marco fino que no resta protagonismo a ninguna de las piezas.
A los pies, una llamativa alfombra de estilo persa con motivos geométricos en tonos granates y ocres. A su lado, una pieza de gran tamaño de cerámica y forma de copa con asas ornamentadas, pintada a mano con motivos florales en tonos amarillos y verdes.
© GTRESEl salón: donde la tradición y los recuerdos conviven
La inspiración en el mobiliario francés cobra mucho más protagonismo en este pequeño espacio del salón, donde los estilos Luis XV y Chippendale, caracterizados por sus líneas curvas y elegancia atemporal, están muy presentes. La cómoda robusta es una de las grandes joyas de los muebles antiguos, gracias a su material, madera robusta, los herrajes de bronce y la encimera de mármol vetado. Al igual que las sillas, que en algunas tendencias de decoración son lo más deseado, donde el tapizado se presenta a juego del sofá anteriormente visto.
Como punto focal, las fotografías en blanco y negro que representan el lado más íntimo de la familia Flores, ese punto personal que da vida a la sala.
© IdealistaCocina moderna e integrada
Antes de vender la propiedad Rosario, pudimos ver cómo había quedado la gran cocina, a la que se le había dado un toque más moderno. El blanco de los muebles hace que la sensación de amplitud y luminosidad se magnifique; además, se da relevancia al orden visual, quedando los electrodomésticos integrados a la perfección.
Dos aspectos que llaman la atención son, por un lado, la lámpara de techo, seguramente original por el diseño que presenta, y después las preciosas vistas al jardín que coronan el espacio y que hacen que interior y exterior se den la mano, en cuanto al interiorismo se refiere.
© IdealistaCinco habitaciones y siete baños
Si algo tenía de especial la casa de Lola Flores es que todo el mundo era bienvenido. Así pues, además de las amplias estancias comunes como el salón y la cocina, que presentaban dentro otros espacios para comedor de grandes dimensiones, destinados a una familia numerosa, pero también para dar cabida a los invitados, la vivienda contaba en total con cinco dormitorios y siete cuartos de baño, todo un despliegue en aquella época.
© GTRESUn vestidor a la altura de los 80
¿Quién no ha sido niño para forrar su armario con los póster más preciados? En este posado de Lola con sus dos hijos, Antonio y Rosario Flores, se acerca a la gran artista a las casas de todos, gracias a su cotidianidad a la hora de mostrar el armario de sus dos niños. No hay grandes sistemas, no se esconde nada y todo, seguramente, estaba en orden.
Destaca el papel pintado con el que la habitación fue decorada, un papel infantil muy propio de esos años y que hoy ha vuelto a sumarse al interiorismo más puntero.
© IdealistaPaisajismo cuidado y piscina imponente
No hay duda de que el Lerele era un espectáculo, por dentro y por fuera, una auténtica vivienda hecha por y para disfrutarla. El chalet tiene una salida al jardín en la planta baja, directamente a la zona en la que se encuentra la piscina. En ese porche se escuchan aún los ecos de las tertulias que hacían los Flores con otros nombres de la música como las Chamorro o Antonio Carmona. El exterior convivía perfectamente con el interior, creando una atmósfera acogedora y cálida con una vegetación cuidada y donde los árboles de gran tamaño cobran relevancia. Con 2.000 metros cuadrados de jardín, cuesta imaginar cómo lucía en los años dorados en los que Lola convocaba en su casa a las estrellas más punteras.
© GTRESLa cabaña de Antonio Flores
La propia artista mandó construir dentro de la parcela y muy cerca de la vivienda principal, una pequeña casa de madera, de unos 70 metros cuadrados aproximadamente, para que fuera el refugio de su hijo, Antonio Flores. Un hogar que, a través de Flores para Antonio, el documental que su hija Alba ha dirigido, hemos podido conocer más de cerca.
Allí construyó su estudio, donde todas las notas formaban esas canciones que a día de hoy nos siguen tocando el corazón. La cabaña contaba con un salón, dormitorio y aseo, todo al gusto del propio cantautor, que decoró con un estilo propio, que hoy podría llamarse boho, donde su espíritu libre estaba representado. En las paredes, de madera, collages y fotos creadas por él mismo, que eran motivo de inspiración. Un lugar que ya forma parte de la historia.




