Las casas pasivas o passivhaus se han convertido en uno de los modelos más avanzados de eficiencia energética en edificación. Pero también arrastran mitos, simplificaciones y dudas sobre su funcionamiento real, especialmente en climas como el español. Para entender qué hay de cierto y qué no, y cómo se comportan en el día a día, conversamos con Ander Echevarria, director técnico comercial de BioPasiva-Construcción Sostenible (biopasiva.com), quien insiste en una idea clave: “no se trata solo de ahorrar energía (que se ahorra, ¡y mucha!), sino de vivir mejor, con un confort térmico inigualable”.
© BioPasiva-Construcción SostenibleCasas pasivas: el secreto para vivir con el mínimo gasto energético
El gran mito es pensar que se puede vivir sin calefacción o refrigeración y mantener el confort. No es así. “Una casa pasiva no elimina la climatización, pero sí reduce su necesidad al mínimo”, aclara Ander.
Se trata de un estándar constructivo que optimiza la envolvente del edificio para mantener una temperatura interior estable con un consumo energético muy bajo. En condiciones normales, la demanda de energía para climatización puede reducirse entre un 80% y un 90% respecto a una vivienda convencional.
Se pueden lograr ahorros energéticos con placas solares en una casa muy deficiente energéticamente, pero los sistemas pasivos aportan mucho confort. Para el experto esa es la verdadera clave: no solo gastar menos, sino vivir en un entorno térmicamente estable.
La cocina que vemos sobre estas líneas forma parte de una vivienda passivhaus certificada ‘Premium’: el hogar y showroom de BioPasiva–Construcción Sostenible. Esta es la categoría más alta dentro del estándar, ya que no solo minimiza el consumo energético, sino que además genera más energía de la que gasta.
© Javier Bravo para Grupo AyusoOlas de calor y frío: así las neutraliza una casa pasiva
El comportamiento térmico de una casa pasiva se basa en lo que muchos técnicos llaman ‘efecto bodega’: una temperatura interior estable, ajena a las oscilaciones exteriores.
Esto se consigue mediante aislamiento continuo, ventanas de altas prestaciones, eliminación de puentes térmicos y una envolvente completamente hermética. El resultado es que el calor o el frío exterior apenas penetran en el interior.
Aun así, existen cargas internas (personas, electrodomésticos, cocinar) que generan calor. En una vivienda convencional esto se pierde; en una passivhaus se aprovecha y se gestiona, contribuyendo al equilibrio térmico.
© BioPasiva-Construcción Sostenible‘Passivhaus’ en España: por qué sí funciona en cualquier clima
Aunque el estándar passivhaus nació en Alemania, su aplicación es global. En España, se ha demostrado viable en todos los climas: continental, mediterráneo, atlántico e incluso subtropical.
El secreto está en adaptar el diseño: más aislamiento donde hace frío, mayor control solar donde el problema es el calor. Y es que, como nos cuenta Ander, “lejos de ser un modelo rígido, el estándar es una metodología que se ajusta a cada contexto climático para maximizar eficiencia y confort”.
Esta vivienda de 330 m² en gran Canaria proyectada por el estudio de arquitectura Moba Showroom y construida por BioPasiva-Construcción Sostenible, destaca por el uso de estructura de madera (una seña de identidad de la constructora) y por sus reducidos tiempos de ejecución. Se trata de la primera passivhaus de las Islas Canarias y finalizada en tan solo 8 meses.
© Imagen Subliminal para Estudio AlbarPor qué una casa pasiva sí necesita climatización (aunque mínima)
Aunque el consumo en climatización es mínimo, no desaparece. La diferencia está en cómo se realiza. En una passivhaus, la temperatura suele mantenerse en torno a 21,5º C en invierno y 25º C en verano con muy poca aportación energética. “El sistema más eficiente es la climatización por aire a través de los conductos de ventilación, porque permite una respuesta rápida y un control preciso”, detalla Ander.
El experto añade: “en viviendas con más pérdidas puede tener sentido instalar climatización radiante, pero en una casa pasiva no merece la pena, por su baja demanda energética”.
Estamos viendo la zona de día de una vivienda a media hora del centro de Madrid, proyectada por Estudio Albar. Los arquitectos apenas añaden radiadores, porque la eficiencia energética lo permite.
© David Frutos para EcoproyectaLos 7 principios que definen una casa pasiva en España
Los cinco principios que marca el estándar alemán son: aislamiento térmico continuo, ausencia de puentes térmicos, hermeticidad, carpinterías de altas prestaciones y ventilación mecánica con recuperador de calor.
En climas como el español, se añaden dos fundamentales:
- Arquitectura bioclimática, que diseña la vivienda teniendo en cuenta el sol, el viento o la vegetación. Ander subraya que “trata de disminuir los impactos medioambientales y reducir el consumo energético, siempre aportando confort”.
- Control solar, esencial para evitar sobrecalentamientos en verano y aprovechar la radiación en invierno. No se trata de reducir ventanas, sino de gestionarlas estratégicamente.
A esto se suma la calidad del aire interior, el uso de materiales saludables y un diseño que tenga en cuenta el bienestar fisiológico y sensorial.
En la propuesta una vivienda con jardín en San Javier (Murcia) concebida por el estudio Ecoproyecta en la que se evitan las persianas y se apuesta por un control solar mediante contraventanas tipo mallorquina.
© Pol Viladoms para EnergiehausEl mito de las casas cerradas: así respira una ‘passivhaus’
Las ventanas en una casa pasiva se pueden abrir, pero no es necesario. La ventilación está garantizada las 24 horas mediante un sistema mecánico con recuperador de calor.
Esta tecnología extrae el aire viciado del interior y lo sustituye por aire exterior filtrado, que se introduce ya atemperado gracias a un intercambiador térmico. Así se ventila sin perder energía.
Ander destaca que “muchas personas confunden ventilación con climatización y, lo cierto es que, en las estaciones suaves, este sistema de ventilación por sí solo puede mantener el confort térmico”.
Dormitorio juvenil en una unifamiliar proyectada por Energiehaus y construida por Papik Group.
© Silvia Paredes para Freehand ArquitecturaAsí se vive en una casa pasiva: confort real en el día a día
La experiencia cotidiana es uno de los argumentos más sólidos. No hay corrientes, no hay zonas frías ni sobrecalentadas, y la temperatura apenas fluctúa.
Ander lo resume en una imagen clara: vestir con ropa ligera en cualquier época del año y sin notar cambios de temperatura bruscos entre estancias. “Ese confort constante es lo que más valoran los clientes de BioPasiva-Construcción Sostenible”.
Vemos el amplio dormitorio de una vivienda proyectada por Freehand Arquitectura en colaboración con el arquitecto Ángel Santorial. Una casa pasiva que se abre al paisaje de Saiáns (Vigo).
© TerravitaDe la inversión inicial al ahorro energético: números claros
Se suele asociar una casa pasiva a un lujo, no obstante, el sobrecoste de una passivhaus respecto a una vivienda convencional con calificación energética A se sitúa en torno al 7%-8%, dependiendo del sistema constructivo.
Ese incremento se debe al mayor cuidado en la envolvente y a las instalaciones específicas. Sin embargo, el ahorro energético permite amortizar la inversión en unos 7 u 8 años. Además, “la vivienda se revaloriza y reduce de forma significativa las facturas y la huella ambiental”, remarca Ander.
Esta toma cenital muestra una passivhaus ‘Premium’ en Ibiza proyectada y construida por Terravita.
© Salva López para Slow StudioUna frase para entenderlo: por qué construir una casa pasiva hoy
El estándar passivhaus desarrollado por Wolfgang Feist no es una moda, sino una forma de construir con lógica energética. Ander lo resume con contundencia: “Hay que apostar por estas pautas porque eso es construir bien”.
Más allá del ahorro energético, las ventajas son estructurales: reducción de emisiones (en un sector que genera cerca del 40% del CO₂), mejora de la calidad del aire interior, estabilidad térmica y menor dependencia energética. Estamos viendo el comedor de una vivienda pasiva y bioclimática en Pedrezuela (Madrid), una casa que ha ideado Slow Studio y que apuesta por los biomateriales, es decir, materiales de siempre que son saludables y cuidan del medio ambiente.
Una casa que apenas necesita energía no solo reduce costes, también disminuye su impacto ambiental y mejora la salud de quienes la habitan. En ese equilibrio entre eficiencia, sostenibilidad y confort está el verdadero valor de la arquitectura pasiva.




