Cada 30 de enero tiene lugar su Día Internacional. Y como nos gustan los retos y celebrarlo de la mejor manera que sabemos hacerlo, te proponemos aprender a preparar este delicioso dulce francés (que, en realidad, nos llega de Viena). Desde el amasado hasta el horneado final. ¿Te atreves?

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Es una de las piezas de repostería que más nos gustan. El cruasán es el rey de la pastelería, con su masa hojaldrada en capas, alveolada y crujiente y su sabor inconfundible a mantequilla. Para nosotros, muchas veces la calidad de un bar, cafetería o confitería se mide por cómo sea este bollo francés, cuyo origen en realidad es austriaco. Es tal su popularidad que también cada año, además de su Día Internacional, se celebran varios concursos para elegir el mejor.

En España somos muy fans del cruasán, que en realidad gusta en todo el mundo, y que en otros lugares recibe nombres como 'cachito', 'medialuna', 'cangrejito' o 'cuernito'. Y nos encanta ir en busca de los mejores en nuestra ciudad y allá donde viajamos cada vez que salimos de ella para deleitarnos con ellos en el desayuno o en la merienda.

En busca del mejor cruasán (para llevar) en Madrid

Origen del croissant

Pese a que la creencia general es la de que tiene origen francés, el cruasán nació en Viena en el siglo XVII y fue creado por los panaderos vieneses para inmortalizar la victoria contra los otomanos en forma de unos bollos -de masa fermentada más cercana a la del brioche- en forma de media luna, la que lucía en la bandera turca. Y así se simbolizó la manera de ‘comerse a un turco’ como una forma de venganza. Hacia 1838, un oficial austriaco abrió una panadería en París y empezó a popularizarse este bollo que finalmente los franceses convertirían en suyo y aportarían la masa hojaldrada, hoy lo más característico del cruasán.

Está hecho con una masa de hojaldre específica que contiene levadura y mantequilla. Y a partir de ahí, se puede abrir y rellenar tanto en dulce como en salado o, incluso, bañarlo con diferentes coberturas. Nos liamos la manta a la cabeza y aunque aparentemente su elaboración es sencilla, tiene su técnica, y queremos atrevernos con ella. Te advertimos, eso sí, de que conseguir un croissant realmente bueno implica que te armes de paciencia. Por eso también es importante que tengas las siguientes consideraciones en cuenta.

¿Qué debe tener un buen croissant?

Hablando con pasteleros, más que con panaderos, que les concederemos a ellos el savoir-faire de este delicado bollo, un buen croissant ha de contar con la mejor de las mantequillas y un tratamiento elaborado que respete, sobre todo, los tiempos de reposo para su fermentación -además de sus minutos y temperatura de horneado-. Además, ha de ser bastante ligero, pero siempre crujiente y destacando todas sus capas, con gran aroma a mantequilla y un sabor equilibrado entre lo dulce y lo salado.

El mejor croissant artesano de mantequilla de España está en Barcelona

La elaboración del croissant paso a paso

Este proceso, que tiene su complejidad como verás, se divide en 5 etapas.

  1. Primero se elabora la masa inicial del croissant, denominada en francés détrempe.
  2. Para obtener el hojaldrado característico se añade la mantequilla a la primera masa inicial.
  3. El proceso de levado debe ser lento y a baja temperatura, y a la masa hay que darle varias vueltas antes de volver a dejarla reposar para conseguir finura y mucha elasticidad.
  4. Se estira la masa, se corta, se le da la forma de triángulos y se enrollan.
  5. Se vuelven a dejar reposar para cocerse en el horno.

El tiempo de reposo y fermentación es el responsable del éxito de nuestra receta -junto a la selección de unos ingredientes de calidad, de poner las proporciones justas y, especialmente de la temperatura de todo el proceso-. Aquí las prisas son peores consejeras que nunca, ¡ármate de paciencia porque el proceso implica bastantes horas!

Trucos de experto para conseguir un croissant perfecto

Todos los croissants suelen llevar los mismos ingredientes, aunque hay quienes se animan y los pintan con huevo o los cubren de chocolate, pero la diferencia fundamental entre unos y otros radica en las proporciones y en la calidad de la materia prima, además de en otras cuestiones importantes como son la temperatura ambiente, la humedad de tu cocina, la potencia de tu horno y respetar el paso a paso. Mientras algunas de ellas no están del todo en tu mano, al menos, fíjate en las que sí puedes controlar:

  • Cubre o envuelve bien con papel film la primera masa inicial, para evitar que pierda humedad.
  • Guarda previamente en el congelador la bandeja donde vas a depositar los cruasanes para asegurarte de que se mantienen fríos.
  • Es de vital importancia controlar la temperatura en todo momento: tanto de la masa como de la superficie sobre la que trabajas o el lugar en el que lo haces y, en este caso, más vale frío que calor.
  • La elección de los ingredientes es también muy importante:
    • La harina ha de ser de fuerza, con gran elasticidad, para facilitar el laminado, y con un alto contenido proteico. Aunque bien es verdad que cada vez verás otros tipos de cruasanes hechos a partir de harina integral y de otros cereales.
    • La levadura que se usa ha de ser de panadería, tanto seca como fresca, pero preferiremos siempre la segunda. Fíjate, sobre todo, en la fecha de caducidad y, si te sobra, envuélvela siempre en papel transparente, dentro de un bote de cristal, pero ni se te ocurra congelarla, sus bacterias (las responsables de la fermentación) acabarán muriendo.
    • El azúcar es responsable del sabor, la textura y ¡hasta del color del cruasán!, además de contribuir a la fermentación. Y nos vale cualquier azúcar -desde el blanco hasta el moreno o la panela-, pero nunca otros edulcorantes.
    • El agua mejor si es embotellada y la leche, en realidad, es a gusto del consumidor, aunque es recomendable que, al menos, sea semidesnatada y mucho mejor si es entera.
    • Y, por supuesto, lo más importante es la mantequilla. Si no es de buena calidad, ya puedes ser un maestro pastelero, que no conseguirás un buen croissant. Aunque lo ideal está en conseguir la que los profesionales llaman mantequilla seca especial para hojaldrar, con un porcentaje de grasa superior al normal, nos vale cualquiera que sea buena. Y no escatimes en esto porque esencial.
    • Antes de meterlo en el horno, se suele pintar con huevo batido -en ocasiones, mezclado con un poco de leche- para darle ese doradito tan característico y apetecible.
  • Además, tenemos que intentar que la mantequilla y la masa tengan la misma temperatura y plasticidad, evitando que la primera se nos deshaga en medio del proceso. En ese caso, es mejor meterla de nuevo a la nevera y vuelta a empezar.
  • La fuerza que utilicemos para estirar la masa, ayudándonos con un rodillo, que sea siempre uniforme, cambiando de lado: una vez en vertical, otra vez en horizontal, consiguiendo que se reparta la mantequilla en cada pliegue.

La receta más clásica de croissant

Una vez que sigas atentamente estos consejos previos, nos ponemos manos a la obra. Con mucha paciencia y muy buenos ingredientes puedes conseguir disfrutar de unos deliciosos croissants caseros como los que te proponemos en esta receta, en la que los tiempos de reposo parecen eternos, pero son fundamentales para el éxito. Pincha en el link o en la imagen y sigue atentamente todos los pasos.

Paso a paso: croissants de mantequilla caseros

La primera vez es posible que se te hagan eternas las esperas y que dudes sobre el resultado. Pero cuando veas tus cruasanes terminados, con ese color doradito e irresistible y su textura crujiente y jugosa a la vez, la satisfacción será inmensa y seguro que repites la experiencia. Y no te apetece invertir el tiempo, necesario, 'tira de hojaldre ya preparado', estíralo, corta en forma de triángulos, enrolla ¡y al horno!