Este marmitako de salmón es una versión más suave y actual del clásico guiso marinero vasco. Mantiene la base tradicional de patatas, pimiento y buen sofrito, pero sustituye el bonito por salmón, un pescado más meloso y fácil de encontrar todo el año. El resultado es un plato de cuchara reconfortante, sabroso y perfecto para el día a día.
La clave está en los detalles: un sofrito bien pochado, el pimentón añadido sin que se queme y, sobre todo, las patatas “chascadas”, que liberan su almidón y dan al caldo esa textura ligada y envolvente tan característica del marmitako. El salmón se incorpora al final, con el fuego suave o ya apagado, para que quede jugoso y se cocine solo con el calor del guiso.
Un plato sencillo, aromático y con sabor a cocina de siempre, ideal para cuando apetece comer caliente, bien y sin complicaciones.
Trucos que mejoran la receta
- Añade el pimentón fuera del fuego para que no amargue.
- No remuevas las patatas con cuchara: mueve la cazuela para que no se rompan.
- Incorpora el salmón al final y deja reposar: se cocina solo con el calor residual.
Sabías que...
- “Chascar” las patatas no es un capricho: Al romperlas en lugar de cortarlas limpio, liberan almidón y el caldo se espesa de forma natural, sin harinas ni espesantes.
- El salmón se cocina casi solo: Es un pescado graso, así que con el calor residual del guiso termina de hacerse y queda jugoso. Si hierve fuerte, se seca.
- El sabor del marmitako nace en el sofrito: Cuanto más tiempo y suavidad en el pochado de cebolla y pimiento, más profundidad tendrá el caldo.
- El pimentón puede arruinar el guiso: Si se quema, amarga todo el plato. Siempre se añade fuera del fuego o con líquido inmediatamente después.
- Al día siguiente está aún mejor: Como muchos guisos tradicionales, los sabores se asientan y el caldo se vuelve más ligado.
Errores comunes al hacer marmitako de salmón
Cocer demasiado el salmón: Es el fallo más habitual. El salmón necesita muy poco tiempo; si hierve varios minutos, se reseca y pierde su textura melosa.
👉 Solución: añádelo al final, con el fuego suave o apagado, y deja que se cocine con el calor del guiso.
Cortar las patatas en lugar de “cascarlas”:Si se cortan limpio, el caldo queda más líquido y el guiso pierde su textura característica.
👉 Solución: introduce el cuchillo y gira la muñeca para romper el trozo. Ese gesto espesa el marmitako de forma natural.
Sofrito poco trabajado: Un sofrito rápido deja el guiso plano y acuoso. El sabor profundo del marmitako nace ahí.
👉 Solución: pocha cebolla y pimiento a fuego suave, sin prisas, hasta que estén muy tiernos y ligeramente caramelizados.
Quemar el pimentón: Si se añade con el fuego fuerte, amarga todo el plato.
👉 Solución: retira la cazuela del fuego al incorporarlo o añade líquido enseguida.
Remover con cuchara como si fuera un arroz Las patatas se rompen y el guiso se enturbia.
👉 Solución: mueve la cazuela con pequeños vaivenes para ligar el caldo sin deshacer los trozos.
Usar demasiado caldo: El marmitako no es una sopa. Debe quedar jugoso, pero con cuerpo.
👉 Solución: cubre justo las patatas y controla durante la cocción.



