El viaje de Guillermo y Máxima de los Países Bajos a los Estados Unidos, que tiene como objetivo poner de relieve la sólida relación bilateral y los lazos históricos, está dejando momentos para el recuerdo. Desde el 13 de abril hasta el día 15, esta visita de trabajo (no exenta de polémica) incluye tres puntos: Filadelfia, Washington D.C. y Miami, elegidas para subrayar las relaciones económicas. Cada paso que están dando los Reyes por esta hoja de ruta está siendo analizado al detalle, pero hay un curioso secreto que no se ha visto: lo que se sirvió en la histórica cena celebrada en la Casa Blanca con los Trump como anfitriones.
Las manecillas de los relojes de la capital de los Estados Unidos pasaban unos minutos de las siete de la tarde cuando se produjo la llegada a la Casa Blanca de los reyes Guillermo y Máxima, quienes llegaron acompañados del primer ministro neerlandés, Rob Jetten. En la residencia presidencial, además de oficina ejecutiva, los recibieron Donald y Melania Trump. El matrimonio organizó para sus invitados reales una cena que dio mucho que hablar. Incluso fue objeto de bromas que apuntaban a que consistiría en un menú de comida rápida de una de las hamburgueserías más conocidas del todo el mundo.
Tras el saludo inicial y las fotos oficiales, se trasladaron a una de las estancias más populares: el Salón Rojo, que era el preferido de Jackie Kennedy y se usa como comedor de Estado después de que durante años fuese la habitación adyacente a la oficina del presidente. Conserva el estilo Imperio americano, sus muebles son de madera tallada, sus paredes están revestidas con tela de satén y la iluminación procede de una lámpara de araña con 36 bombillas.
A las siete y media comenzó la cena, que fue más larga de lo previsto. Durante más de dos horas y media degustaron un menú dividido en varios pases, como indica la prensa neerlandesa. De entrante tomaron sopa de espinacas con vieiras; de plato principal, se sirvió lenguado del Mar del Norte con puerros y espárragos; y de postre, el Baked Alaska, que contiene bizcocho, helado y merengue.
Esta propuesta gastro dista mucho de la dieta que el exchef de la Casa Blanca confesó que llevaba Trump. Andre Rush, también veterano del ejército, explicó que intentaba añadir alimentos sanos a los platos de forma discreta porque el presidente es amante de la comida rápida y de los refrescos. Muchos de los productos con los que trabajan en la cocina presidencial provienen de su propia huerta, una idea que recuperó Michelle Obama.
Según el primer ministro Jetten, durante la cena también se abordaron temas de interés internacional. Una "conversación abierta y constructiva", en la que abordaron conflictos como la guerra en Oriente Medio y la de Ucrania. "Fue una velada provechosa. Comprendo perfectamente la inquietud que sienten muchos neerlandeses respecto a esta visita y a la situación actual. Pero si uno se mantiene al margen, no puede hablar de estos temas. En ese sentido, creo que hemos cumplido nuestro objetivo", ha indicado.









