Nos pasa a todas. Vemos a una mujer con un moño pulido y damos por hecho que es una persona organizada, que le gusta tener todo bajo control. Vemos una melena suelta y enseguida la asociamos con alguien más relajado o espontáneo. Sacamos conclusiones sobre su forma de ser en apenas unos segundos y de manera casi involuntaria. Pero, ¿de verdad un peinado dice algo sobre nuestra personalidad? La respuesta corta es no. Al menos, no desde un punto de vista científico.
"La forma en que una mujer lleva el pelo no permite deducir rasgos concretos de personalidad", explica la psicóloga clínica Leticia Martín Enjuto. La experta señala que este tipo de asociaciones responden, sobre todo, a estereotipos sociales y culturales más que a datos científicos. Eso no significa que el cabello no comunique. Lo hace. Pero de una manera mucho más compleja. Como explica Leticia Martín Enjuto, "la imagen personal también funciona como una forma de comunicación no verbal y muchas personas utilizan su apariencia para expresar aspectos de su identidad, su estado emocional o incluso su pertenencia a determinados grupos".
Qué transmite tu peinado favorito a los demás
Aunque no existen significados universales, sí compartimos determinadas asociaciones. Según explica Martín Enjuto, el pelo suelto suele relacionarse con una imagen de naturalidad, cercanía, espontaneidad o feminidad. Muchas mujeres lo llevan simplemente porque se sienten ellas mismas así, porque les favorece o porque les resulta cómodo.
Los peinados recogidos, en cambio, suelen asociarse a mensajes de orden, profesionalidad, practicidad o control. Quizá por eso tantas mujeres se hacen una coleta baja o un moño tirante el día de una entrevista, una presentación o una reunión importante. A veces el peinado también funciona como una pequeña armadura, igual que el perfume. Pero una cosa es lo que queremos transmitir y otra muy distinta lo que el de enfrente interpreta. Una misma coleta puede parecer un signo de eficiencia en un entorno laboral o una simple solución para sobrevivir a un día de calor.
El peinado también cambia con el momento vital
Pocas cosas reflejan tan bien un cambio de etapa como una visita a la peluquería. Un nuevo corte, un flequillo inesperado o unas capas más cortas suelen llegar en momentos de transformación personal. "Es relativamente frecuente que las personas modifiquen su imagen, incluido el peinado, en momentos de transición o cambio vital", explica Martín Enjuto.
¿Quién no conoce a alguien que se ha cortado el pelo después de una ruptura o se ha atrevido con un flequillo al empezar una nueva etapa? Un nuevo trabajo, la maternidad o incluso un duelo suelen venir acompañados de pequeños cambios de imagen que, en el fondo, hablan de un momento de transformación. Ni siquiera aquí existen reglas universales. Cortarse el pelo después de una ruptura no significa que exista un conflicto emocional profundo. A veces, simplemente, apetece un cambio.
Por qué nos equivocamos al juzgar a alguien por su peinado
El problema empieza cuando convertimos un peinado en una especie de "test de personalidad exprés". Pensar que una mujer es más seria, más simpática o más segura de sí misma solo porque lleva una coleta o una melena XXL suele decir más de nuestros prejuicios que de su personalidad. Además, el contexto importa. Mucho. La misma persona puede llevar un moño impecable de lunes a viernes y una melena despeinada el fin de semana sin que eso signifique que se ha convertido en otra persona. Como explica Leticia Martín Enjuto, el cabello también puede convertirse en una herramienta para expresar la identidad, reforzar la autoestima o proyectar una determinada imagen de nosotros mismos.
Muchas veces llevamos el pelo de una determinada manera por puro sentido práctico. El trabajo, el tiempo que tenemos por las mañanas, un pelo que se encrespa con la humedad o una ola de calor de cuarenta grados pesan mucho más en la decisión que cualquier rasgo de personalidad.
También está todo lo que aprendemos sin darnos cuenta. Leticia Martín Enjuto recuerda que cada sociedad atribuye significados diferentes al cabello y establece, de forma más o menos explícita, qué peinados parecen más apropiados en determinados contextos. Al final crecemos viendo que ciertos recogidos se asocian con la profesionalidad o que determinadas melenas transmiten una imagen más relajada y terminamos reproduciendo esos códigos casi sin pensarlo.
Detrás de un moño perfecto puede esconderse una reunión importante. Y detrás de una coleta alta, simplemente un día de muchísimo calor. "Conocer realmente a una persona requiere observar sus comportamientos, valores, formas de relacionarse y experiencias vitales, más allá de la imagen que proyecta externamente", resume la experta.
Por eso el pelo fascina tanto. Cuenta cosas de nosotros, pero casi nunca las que los demás creen leer a primera vista. Al final, una coleta, un moño o una melena al viento hablan menos de nuestra personalidad que del momento en el que estamos y de cómo queremos salir al mundo ese día. A veces es una cuestión de identidad. Y otras, simplemente, de comodidad.









