Mucha gente puso en el mapa este pequeño municipio leonés de algo más de 800 habitantes el pasado 22 de diciembre. Cuando los niños de San Ildefonso cantaron el 79.432, la suerte pareció bendecir a Villamanín.
Lo que empezó como una explosión de alegría colectiva y gritos de "no me lo creo" se convirtió, en cuestión de días, en una historia tan insólita como polémica. La euforia tuvo que ponerse en cuarentena cuando se descubrió el problema: la comisión de fiestas, encargada de comprar el número y repartir las participaciones, había vendido más de las que realmente estaban respaldadas por décimos.
El error dejaba un agujero de millones de euros y una pregunta en el aire: cómo repartir un premio que no alcanzaba para todos.
Tres meses después de aquel giro inesperado, y tras acaparar la atención incluso fuera de España, la historia tiene ahora un nuevo capítulo: los premiados han empezado a cobrar… aunque no exactamente lo que esperaban.
Del Gordo al problema: un error de millones
Todo comenzó cuando los vecinos empezaron a comprobar que en sus participaciones aparecía el número del Gordo, el ansiado 79.432. Pero en ese momento aún no imaginaban lo que se les venía encima.
La Comisión de Fiestas de Villamanín llegó a vender 450 participaciones de cinco euros, pero solo había respaldo real para 400.
¿A qué se refiere esto? A que solo tenían décimos oficiales de la Lotería Nacional para cubrir 400 papeletas, ya que una participación es un acuerdo privado que debe estar respaldado por boletos reales comprados previamente en una administración.
En este caso, la comisión vendió más papeletas de las que podía cubrir con esos décimos, por lo que parte del premio existía sobre el papel, pero no en dinero real.
El agujero era de unos cuatro millones de euros.
Había más premiados que dinero disponible. Y el pueblo pasó de la euforia al desconcierto en tiempo récord: ¿quién cobraría y quién se quedaría con un papel sin valor?
La solución: perder un poco para que todos cobren
Para evitar una batalla judicial que podía alargarse años y bloquear el cobro, el pueblo optó por una salida poco habitual.
Aceptar una quita del 10% del premio
Un acuerdo que permitió cubrir el desfase y garantizar que nadie se quedara sin su parte.
Muchos lo resumían con una idea muy clara: "Mejor cobrar un poco menos que no cobrar nada".
Uno de los premiados lo explicaba así: “Cada uno que decida su pensamiento y su forma», comentaba sobre quienes rechazaron el acuerdo, convencido de que “si tengo un dedo mal de la mano, si no lo corto voy a perder el brazo y el cuerpo, así que prefiero cortar el dedo y solucionar el problema lo mejor posible”, tal y como recoge el portal Leonoticias.
Tres meses después, por fin cobran
Tras casi tres meses de incertidumbre, registros y gestiones, el proceso ha entrado en su fase final.
Los premiados han comenzado a acudir a una sucursal bancaria en León, con cita previa, para recibir su dinero.
La cifra definitiva por participación se sitúa en torno a: 59.396 euros, una cantidad inferior a la esperada inicialmente, pero que ha permitido desbloquear una situación que amenazaba con enquistarse.
El giro inesperado de las papeletas que no aparecieron
La historia aún guardaba una última sorpresa.De las 450 participaciones vendidas, tres nunca llegaron a registrarse dentro del plazo establecido.
¿El resultado? Su importe se ha repartido entre el resto de premiados
Esto ha supuesto un pequeño extra de unos 396 euros más por papeleta, un alivio inesperado tras meses de tensión.
¿Qué pasa con quienes no aceptaron el acuerdo?
Un pequeño grupo de participantes rechazó la quita del 10%.
Aun así, cobrarán la cantidad acordada, aunque se reservan el derecho a reclamar la diferencia por vía judicial
Eso sí, estas posibles reclamaciones no frenan el pago al resto.
Sin denuncias y con final pactado
Pese a la magnitud del error, el proceso ha seguido adelante sin bloqueos.
No se ha presentado ninguna denuncia durante el reparto y esto ha permitido que el cobro avance con normalidad y que el conflicto se haya resuelto, en gran medida, mediante acuerdo entre los propios afectados.
La Comisión de Fiestas, que incluso aportó parte de sus propios premios para cubrir el desfase, da por cerrado un proceso que ha durado meses y que ha puesto al límite a todo el pueblo.
De la euforia al susto… y vuelta a la calma
Villamanín ha vivido en pocos meses todas las fases posibles desde la emoción de ganar el Gordo hasta el susto al descubrir el error pasando por la incertidumbre sobre el cobro y finalmente la solución
Hoy con los primeros pagos ya realizados la sensación es de alivio porque aunque el premio haya sido algo menor de lo esperado todos han acabado cobrando







