A lo largo de años, la promesa de la inteligencia artificial se veía nítida; automatizar labores repetitivas para que los individuos trabajen menos y con mejor calidad. No obstante, investigaciones académicas recientes indican que la realidad podría ser bastante diferente. Una investigación de Harvard Business Review, publicada recientemente, alerta que estas herramientas no necesariamente disminuyen la carga de trabajo; en numerosa ocasiones, la aumentan.
Más rapidez, pero también más tareas
El estudio se enfocó en el comportamiento de aproximadamente 200 trabajadores de una compañía tecnológica que implementó herramientas de inteligencia artificial generativa durante varios meses. El resultado fue inesperado; en vez de disminuir su jornada laboral, un gran número de empleados aceptó más responsabilidades y aumentó el alcance de sus obligaciones.
La razón por la cual este fenómeno es que la inteligencia artificial permite llevar a cabo tareas que, anteriormente, necesitaban de la intervención de otros expertos o de conocimientos especializados. Algunos ejemplos de esta ampliación de funciones son los diseñadores que empiezan a programar, los gestores que crean prototipos técnicos y los analistas que trabajan en proyectos complicados.
Por lo tanto, el tiempo ahorrado en una tarea no siempre significa descanso. En realidad, se interviene en proyectos nuevos, lo que genera la impresión de una carga de trabajo más alta.
El efecto expansión del trabajo
Los investigadores relatan un procedimiento al que llamaron “expansión de tareas”. De acuerdo con la información, el 41% de los empleados que hacen uso de la inteligencia artificial asumen nuevos deberes, en tanto que únicamente un 30% consigue reemplazar tareas previas.
Las expectativas de la organización también tienen relación con esta modificación. Las empresas tienen la capacidad de incrementar el ritmo y las metas cuando la productividad se eleva. La velocidad se vuelve el nuevo estándar, y lo que antes era considerado una mejora ahora es un requerimiento.
Por lo tanto, el trabajo no solo se vuelve más rápido, sino también más amplio y demandante.
Jornadas más largas y límites difusos
Otro de los descubrimientos fundamentales es que la inteligencia artificial tiene el potencial de borrar las divisiones entre la vida personal y la laboral. Los trabajadores suelen extender su actividad más allá del horario laboral al permitir que accedan al trabajo en cualquier lugar y momento.
La investigación indica que numerosos empleados extienden sus horas de trabajo voluntariamente, motivados por la percepción de que pueden progresar más rápidamente o alcanzar más metas. Este patrón puede crear riesgos de agotamiento y fatiga, sobre todo si no hay reglas claras para el uso de estas herramientas.
Asimismo, ciertos sondeos corporativos indican que las personas que emplean estas tecnologías de forma intensiva están experimentando un incremento de burnout.
La paradoja de la productividad
Esta circunstancia ilustra lo que algunos especialistas denominan “la paradoja de la productividad”. A pesar de que la tecnología tiene el potencial de hacer más eficiente el trabajo, el resultado puede ser que este aumente. El procedimiento es cíclico; la inteligencia artificial acelera la tareas, lo que aumenta la expectativas, y estas a su vez crean una dependencia más grande de la tecnología, incrementando la cantidad total de trabajo.
Los investigadores enfatizan que, más allá de ser un asunto únicamente tecnológico, es un desafío de carácter organizativo y cultural. La manera en que se diseñan las políticas de desconexión digital, los modelos laborales y las estrategias de bienestar determinará el impacto de la inteligencia artificial.
¿Un futuro con más tiempo… o más presión?
La inteligencia artificial continúa siendo un instrumento con un potencial enorme para incrementar la productividad y liberar a los individuos de trabajos rutinarios. No obstante, estos descubrimientos sugieren que reflexionemos sobre cómo se está incorporando en la vida laboral cotidiana.
El reto no consiste únicamente en adoptar la tecnología, sino en hacerlo de manera responsable. Si no se fijan límites definidos, el peligro es que la eficiencia no se convierta en más tiempo libre, sino en días de trabajo más extensos, una presión más intensa y un incremento del peso mental.
En definitiva, el futuro del trabajo con la IA no está definido. La innovación solamente contribuirá a la productividad si las instituciones, los trabajadores y las empresas toman decisiones que a favorezcan; de lo contrario, también favorecerá el bienestar.







