Cada vez conocemos más casos de estafas en los que los delincuentes se aprovechan de las personas más vulnerables, especialmente los ancianos. La Policía Nacional ha desarticulado una de las tramas más crueles detectadas recientemente en nuestro país. Bajo la técnica conocida como la "urgencia hospitalaria", un hombre ha sido detenido como presunto autor de, al menos, 13 delitos de estafa. El método era tan efectivo como macabro: el estafador contactaba con personas vulnerables de avanzada edad, entre 85 y 100 años, haciéndose pasar por un médico de urgencias. Tocaba la parte más emocional, y para quebrar la resistencia de sus víctimas, intercalaba audios de supuestos hijos llorando desesperadamente y pedir auxilio para evitar que tuvieran que amputarles miembros o incluso morir.
Los estafadores siempre trataban de elegir el perfil de una persona anciana por su mayor vulnerabilidad
El 'modus operandi' de los delincuentes
El engaño telefónico giraba en torno a un falso accidente. El supuesto médico informaba a la víctima de que su hijo estaba en la mesa de operaciones y necesitaba urgentemente unos "clavos de oro" de altísimo coste para evitar la muerte o la amputación de un miembro. Con una frialdad extrema, el delincuente exigía el pago inmediato en efectivo o joyas. Para asegurar el éxito, solicitaba todos los números de teléfono de la víctima con el fin de mantener las líneas ocupadas y aislarla de cualquier comunicación exterior, impidiendo así que pudiera verificar la información con otros familiares. Las pesquisas policiales permitieron comprobar que cuando la víctima intentaba contactar con algún familiar para constatar los hechos, el supuesto médico le instaba a no hacerlo, alegando la urgencia vital en la que se encontraba su hijo.
Ataques de ansiedad en algunos ancianos
La sofisticación de la estafa incluía instrucciones para que las víctimas introdujeran sus pertenencias y ahorros en bolsas de plástico y las lanzaran por la ventana, donde un supuesto miembro del equipo médico las recogería. En los casos en los que la arquitectura del edificio no lo permitía, el estafador llegaba a presentarse en el domicilio completamente cubierto para no ser identificado. Las llamadas podían prolongarse hasta cinco horas, un tiempo de tortura psicológica que, en algunos casos, derivó en cuadros clínicos cardíacos graves y ataques de ansiedad cuando los ancianos descubrían que habían perdido el patrimonio de toda una vida.
La Policía insiste en que es fundamental desconfiar de este tipo de llamadas
Así se dio con el delincuente
La investigación, que sigue abierta ante la posibilidad de que aparezcan nuevas víctimas en toda España, dio un giro decisivo el pasado 29 de abril. La rápida intervención policial permitió interceptar al sospechoso justo después de que una mujer, totalmente engañada, se dirigiera en coche hacia un hospital de Toledo creyendo que su hija estaba al borde de la muerte. En el registro del domicilio del detenido se hallaron joyas, dinero, teléfonos y un vehículo de alta gama, rastro del lucro obtenido mediante la explotación de la vulnerabilidad y las emociones.
Desconfiar de este tipo de llamadas
Ante el incremento de esta variante de la "estafa del hijo en apuros", las autoridades insisten en la prevención. Es vital desconfiar de llamadas desde números ocultos y, bajo ninguna circunstancia, facilitar información personal o realizar pagos bajo presión. La recomendación más efectiva es mantener la calma y contactar directamente con el familiar afectado a través de otro canal. Establecer una "pregunta clave" en el seno de la familia, es decir, algo que solo los miembros reales conozcan, puede ser ser también útil ante estos casos.






