Cuando uno se asoma a películas sobre reformatorios o correccionales, sabe perfectamente que no será algo fácil de digerir. Un escenario así viene asociado a un drama personal o familiar que, en último término, suele recaer en los más débiles y vulnerables. De la hollywoodiense y mítica Sleepers (1996) a la irlandesa y aclamada Las hermanas de la Magdalena (2002), sus terribles historias reales y silenciadas nos adentran en lugares oscuros que esconden secretos inconfesables. En Ruega por nosotras, que llega este viernes a las salas, lo que ocurre dentro de esos muros no iba a ser menos.
Nos vamos a 1974, a una España que vive los últimos coletazos del franquismo, donde una joven algo rebelde llamada Ana disfruta de una vida acomodada gracias a la posición económica más que desahogada de sus padres.
Es ella quien, de la noche a la mañana, verá como todo esa situación de privilegio se desploma como un castillo de naipes, sin imaginar por un momento que lo que está a punto de experimentar será la mayor de sus pesadillas.
Será un inesperado giro de 180 grados a su existencia el que la llevará a ser recluida en uno de los centros del llamado Patronato de Protección a la Mujer, institución represora e implacable que funcionó y campó a sus anchas en nuestro país durante más de cuatro décadas, hasta mediados de los ochenta.
Por este sitio liderado por religiosas y que era lo más parecido a una cárcel, pasaban chicas a las que, en la época, se las consideraba "inmorales". Desde las que fumaban o eran desobedientes a las normas establecidas, a las que participaban en manifestaciones o se quedaban embarazadas fuera del matrimonio.
Era por tanto un espacio de rectitud absoluta que pretendía enderezarlas y redimirlas de sus "pecados", dentro de un régimen brutal de disciplina en el que se veían sometidas a trabajos forzados, explotación, abusos y torturas bajo la excusa de "salvar su alma". Con este panorama, sin duda pone los pelos de punta escuchar los durísimos testimonios que tiempo después afloraron por parte de quienes lo sufrieron.
Tan estremecedora como 'La bola negra'
Dicho lo cual, uno se puede hacer ya a la idea de que lo que veremos en Ruega por nosotras son escenas realmente atroces y angustiosas, tan estremecedoras e impactantes como las que se contemplan en la reciente y aclamada La bola negra.
Cada uno en lo suyo, ambos largometrajes exploran periodos negros de nuestra historia y el resultado es similar: el que deja al espectador planchado en la butaca y con algo más que un nudo en la garganta.
En cuanto a las jóvenes actrices, que prometen dar mucho que hablar sobresaliente el trabajo de sus dos protagonistas: Zoe Bonafonte (El 47) y Manuela Calle (Marbella), de 22 y 19 años respectivamente, así como de la veterana Adelfa Calvo (El autor).
A los mandos está el siempre brillante Daniel Monzón, responsables de títulos tan reconocidos y que han destacado en los Goya como Celda 211 (2009), El Niño (2014) o Las leyes de la frontera (2021). El guion, desarrollado con maestría, lo firma el mismo director junto a uno de sus socios habituales, el prolífico Jorge Guerricaechevarría.










