Tania Llasera ha sido la última en pasar por A solas con, el podcast de Vicky Martín Berrocal, donde se ha sincerado sobre algunos aspectos de su vida tanto a nivel profesional como de su esfera más íntima. "Tengo la conciencia limpia, soy buena gente y me gusta como soy", comienza diciendo cuando le preguntan por cómo se ve a sí misma. "El secreto de mi éxito es estar lejos de mi madre y de mi suegra", bromea al respecto.
No hace tanto tiempo que la presentadora era uno de los rostros más solicitados de la televisión, algo que se fue apagando poco a poco para ella. "El teléfono dejó de sonar cuando fui madre, estaba más gorda y ya no era sexy", señala al respecto. "No era ya esa chica joven de horario golfo con faldas imposibles", apostilla. Cabe recordar que Llasera está casada con el empresario catalán Gonzalo Villar y es madre de dos niños: José, nacido el 11 de enero de 2016, y Lucía, quien vino al mundo el 5 de septiembre de 2017.
Sobre sus problemas con el sobrepeso, la que fuera conductora de programas como Fama ¡A bailar! o Vuélveme loca asegura que "me cambió el cuerpo porque dejé de fumar y comía compulsivamente para matar muchas emociones feas". Además, explica que necesitó ir a terapia durante más de una década, necesitando la ayuda profesional de un psicóloga para asimilar cuál era su nueva realidad alejada de los focos y la purpurina. "Te vuelves invisible y dejan de ofrecerte cosas", se lamenta.
Pese a ello, a día de hoy, Llasera se quiere a sí misma como es y lo hace con un frase muy significativa: "Estoy superbuena y me abrazo con todas mis cosas", sentencia. Por otro lado, al recordar sus orígenes en la profesión, revela que le hubiera gustado "ser actriz hasta que me di cuenta de que no tenía talento". Tras ello, empezó en la industria "organizando castings y vi que se ganaba más dinero delante de las cámaras". Fue entonces cuando "me lancé" y, ya por entonces, "me pidieron que adelgazara. Así funcionaba esto".
También ha hecho referencia a la agria polémica en redes sociales en la que se vio envuelta el pasado verano, reconociendo que "soy una bocachancla, la cagué y pedí perdón". Fue cuando mostró su empatía hacia Lindsay Clancy, la enfermera estadounidense acusada de matar a sus tres hijos. "Todas las madres", decía Tania, han vivido algún "momento horrible en el cual te sientes superada". Tras el aluvión de críticas que recibió por esas palabras, aclaró que "empatizar no es justificar. Intentar comprender el sufrimiento, la desesperación o la oscuridad en la que pudo encontrarse no borra el daño ni la tragedia de los niños", puntualizaba.






