Con la llegada del otoño, las alfombras rojas recuperan su máximo esplendor y el circuito cultural angelino ha dado el pistoletazo de salida a su temporada de ópera. Este fin de semana, la ciudad de las estrellas se vistió de gala para acoger el esperado estreno de una nueva y vibrante producción de Carmen, la incombustible obra maestra de Georges Bizet. Como era de esperar, la posterior cena y fiesta de celebración nos dejaron unos cuantos posados para el recuerdo, aunque hubo una invitada que eclipsó por completo al resto de los asistentes: Jennifer Lopez. La artista neoyorquina volvió a demostrar que domina como nadie el arte de crear impacto escénico, y como elemento principal de su look encontramos un detalle tradicional español que ya se puede considerar tendencia global. Hablamos del mantón de Manila.
Guiño a la moda española en una noche de Ópera
Para una cita caracterizada por la teatralidad, la intérprete confió en la exuberancia de Dolce & Gabbana, construyendo un estilismo que es puro espectáculo, aunque distanciado del estilo de gala convencional. La artista se decantó por un abrigo dramático que rendía un bellísimo homenaje al folclore español, evocando de manera directa la riqueza visual de los clásicos mantones de Manila.
El resurgir del mantón de Manila como accesorio estrella para novias e invitadas puede tener mucho que ver en el rotundo éxito de este sector más allá de las ferias o los tablaos. Desde la firma de Ángeles Encinar, fundada en los años 70 en Villamanriquede la Condesa, una pequeña localidad de 5.000 habitantes que puede presumir de su título como la cuna del bordado del mantón de Manila en España, insisten en que, a diferencia de lo que ocurre con otras vestimentas tradicionales, cada vez son más las chicas jóvenes que quieren llevar mantón: "A pesar de ser un atuendo de hace más de 100 años, aparte de ser tradición en nuestra cultura, aporta lujo y distinción a quienes lo llevan, sumando que favorece a todas y cada una de las mujeres".
Un abrigo italiano de pelo con mantón de Manila
El origen de esta pieza tradicional se ubica en China, primer país productor de seda, pero la obsesión orientalista de los europeos en el siglo XIX propició la apropiación del mantón al otro lado del mundo, bautizado por la capital filipina en referencia a la ruta comercial que debía recorrer para llegar a España. Fue protagonista de zarzuelas, letrillas, retratos y obras de arte hasta incorporarse de lleno al folclor andaluz, coincidiendo con la celebración de las primeras ferias.
Dos siglos después, las mujeres más elegantes de España han convertido al mantón en un reclamo internacional hasta llegar a manos de Jennifer Lopez.
Esta pieza de confección italiana acaparó todas las miradas en la Ópera gracias a un minucioso trabajo de bordados florales con lentejuelas en tonos vibrantes sobre un fondo de seda oscuro, rematado por unos larguísimos flecos negros que aportaban dinamismo a cada movimiento de la intérprete. El diseño jugaba con los volúmenes a través de un imponente cuello y unos gruesos puños de pelo en color tierra, escondiendo en su interior un inesperado y delicado forro de satén en tono verde agua. Pertenece a la colección de Alta Moda que la casa presentó el pasado mes de julio en Taormina, un evento exclusivo del que la propia cantante fue testigo.
Consciente de que una prenda exterior tan magnética necesitaba un lienzo sobrio para no saturar la imagen, Lopez construyó la base de su atuendo en torno al negro. Bajo el abrigo, lució un sofisticado vestido largo que esculpía su figura mediante un sutil drapeado y un audaz escote en forma de 'V', similar al que le vimos a Ana de Armas en la Academy Museun Gala este fin de semana. La falda, realizada en un tejido mucho más ligero y de caída vaporosa, mostraba ligeras transparencias que permitían adivinar unas altísimas sandalias oscuras de plataforma.
La actriz apostó por recoger su melena en un elegante moño bajo de acabado trenzado, dejando un par de mechones sueltos con una suave onda cayendo de forma natural para enmarcar sus facciones.
Pero el broche final a este derroche de glamour lo pusieron unos complementos elegidos con precisión milimétrica para la ocasión. En su mano derecha llevaba un pequeño bolso oscuro decorado con detalles colgantes tipo borla, mientras que su escote se iluminaba por el efecto de una espectacular gargantilla estética art déco, de la que pendían delicadas lágrimas brillantes.








