Eliza Arcaya, la empresaria venezolana propietaria de Café Murillo, uno de los bistró más conocidos en Madrid, ha vivido este fin de semana uno de esos momentos que se le quedan grabados a una madre en la memoria: ver a su hija mayor, Camila Chumaceiro, caminar hacia el altar.
La joven, que dejó Madrid para estudiar en la prestigiosa universidad de Saint Andrews —la misma en la que se conocieron el príncipe Guillermo y Kate Middleton—, encontró el amor en Londres, donde trabaja en una consultoría. Su prometido, Tareq Fontane, empleado de la cadena Four Seasons, tiene raíces austríacas, y por eso la pareja eligió Viena como escenario para sellar su historia de amor, tal y como adelantó la revista Vanitatis.
Una boda que duró tres días y reunió a rostros conocidos, entre ellos a Mar Flores y Carolina Herrera, grandes amigas de la empresaria, que viajaron a la ciudad austriaca para ser testigos de la felicidad de los novios. Mar Flores, con un diseño de Alexander McQueen y un collar de Teresa De la Pisa, deslumbró en este enlace civil: "Celebrando el amor y la vida", señaló.
La amistad entre Carolina Herrera y Eliza Arcaya viene además de tiempo atrás. Ambas fueron socias de Baby Deli, el recordado espacio dedicado al universo infantil que combinaba tienda y café en pleno barrio de Salamanca de Madrid.
La novia partió del histórico hotel Sacher, uno de los establecimientos más emblemáticos de Viena, inaugurado en 1876 y célebre también por la famosa tarta que lleva su nombre. El prestigioso hotel de cinco estrellas quiso sumarse a un fin de semana tan especial con dos detalles inolvidables: una tarta personalizada con una fotografía de Eliza y su hija y unas almohadas bordadas con el nombre de la empresaria.
Para el gran día, Camila eligió un elegante diseño de crepé de seda firmado por Victoria Beckham, que acompañó con unos pendientes de diamantes y un ramo de . Tareq, por su parte, optó por un traje negro con corbata en tonos grises. También Eliza cuidó especialmente su elección para acompañar a Camila en un día tan importante. La orgullosa madre de la novia lució un conjunto en tono ocre con una blusa confeccionada en el mismo tejido que el vestido de la novia, mientras que Lara, la hermana menor, optó por un modelo asimétrico en punto de seda negro para el gran día.
La ceremonia civil se celebró en el museo Albertina, uno de los grandes referentes culturales de Viena y antiguo palacio residencial de los Habsburgo que alberga auténticas obras de arte. Después del "sí, quiero", la celebración continuó en uno de sus salones imperiales, con una cena y unas privilegiadas vistas de la ciudad desde la terraza antes de que los invitados alargaran la fiesta y el baile hasta bien entrada la madrugada.
Al día siguiente, los invitados se trasladaron al Pfarrwirt, un mesón histórico del siglo XI, donde se pidió a los invitados que lucieran vestimenta típica austríaca y se disfrutó de cocina vienesa y vinos de la casa. Después de tres días inolvidables, llegó el momento de las despedidas. Mar Flores regresaba a casa con la feliz noticia de que su hijo Carlo Costanzia había sido padre por segunda vez; Eliza y su familia emprendían el regreso a Madrid y los recién casados ponían rumbo a una nueva vida juntos.













