El interminable conflicto por los enseres personales del legendario torero Francisco Rivera 'Paquirri' ha sumado un nuevo e inesperado capítulo. Tras años de batallas legales, cruces de declaraciones y un distanciamiento familiar que parecía insalvable, un reciente movimiento en la finca Cantora ha vuelto a poner el foco mediático sobre los hermanos Rivera. En esta ocasión, ha sido Cayetano Rivera quien ha roto su habitual hermetismo para valorar los últimos acontecimientos, dejando una frase que resuena con fuerza por su profunda carga emocional.
Fiel a su estilo discreto el torero ha intentado mantener un perfil bajo en relación al gesto que su hermano pequeño, Kiko Rivera, ha tenido con sus hermanos. Fue el mayor de los tres, Francisco Rivera quien, visiblemente emocionado, desvelaba hace unos días el "detallazo", después de tantos años de espera y frustración, que su hermano menor había tenido con él y con Cayetano al entregarles las míticas cabezas de toro que pertenecieron a su padre.
Rompe su silencio
Cayetano, al ser cuestionado sobre si compartía la alegría de su hermano Fran por esta recuperación, ha preferido mantener la cautela inicial, limitándose a dar las gracias con una sonrisa tensa. Sin embargo tras la insistencia del reportero, se ha producido su confesión más sincera. El periodista le ha planteado a Cayetano si no hubiera sido preferible recuperar un traje de luces en lugar de las cabezas de toro que adornaban los muros de Cantora. En ese instante la coraza de Cayetano se ha resquebrajado para dejar paso al sentimiento del hijo y del torero. "Bueno, mejor sería, ¿no? Creo yo, pero bueno, yo no entro. Gracias", ha sentenciado el menor de los Rivera Ordóñez.
Su opinión como hijo y como torero
Para Cayetano es probable que las cabezas de los astados lidiados representen trofeos y recuerdos de tardes de gloria. Sin embargo, un traje de luces de su padre es para él una reliquia sagrada. Es la armadura con la que Paquirri se jugaba la vida, una prenda impregnada de sudor y esfuerzo. Que Cayetano, quien heredó la misma profesión y vocación que su progenitor, prefiera un traje de luces no es una cuestión de valor económico, sino de una herencia espiritual y emocional que, hasta el día de hoy, se le ha negado.
El peso de una herencia envenenada
Para comprender la magnitud de las palabras de Cayetano, es imprescindible recordar el contexto histórico. Desde el trágico fallecimiento de Paquirri en la plaza de toros de Pozoblanco en 1984, los enseres personales del diestro se han convertido en el epicentro de una guerra encarnizada. Isabel Pantoja, viuda del torero, argumentó durante años que dichas pertenencias habían sido robadas.
Tres posturas diferentes ante un mismo conflicto
El mayor de los hermanos Rivera siempre mostró con pesar su frustración. Ha sido el más vocal y beligerante a la hora de reclamar públicamente lo que consideraba legítimamente suyo y no dejó de expresar lo injusto que le parecía esta situación. Kiko optó por elegir una postura de mediador. Su papel ha pasado de defender a su madre, Isabel Pantoja, a enfrentarse a ella, descubriendo (según sus propias declaraciones) que los objetos seguían ocultos en Cantora. Cayetano, que eligió la discreción, ha optado casi siempre por la vía judicial y el silencio mediático, lo que hace que sus recientes palabras cobren una relevancia aún mayor.
Un mensaje entre líneas
El hecho de que Cayetano Rivera haya pronunciado la frase "yo no entro" tras admitir su preferencia por el traje de luces es una muestra más de su deseo de evitar el circo mediático, sin renunciar a su verdad. Aunque Fran celebre la recuperación de las cabezas de toro como una pequeña victoria moral frente a Isabel Pantoja, Cayetano nos recuerda que la verdadera deuda sigue sin saldarse.
El tesoro sentimental que los hermanos Rivera Ordóñez llevan reclamando casi cuatro décadas no se compone de cabezas de toros, sino de capotes, estoques y, sobre todo, de esos trajes de luces que encierran el alma de Paquirri. Hasta que esas piezas no descansen en las manos de sus hijos, la herida de Cantora seguirá, irremediablemente, abierta.









