Patricia Olmedilla cumplió 49 años el pasado domingo 7 de junio y lo celebró, como ella dice, a lo grande, reuniendo a un gran grupo de familiares y amigos en su casa de campo del norte de Madrid. Su marido, Gonzalo de la Cierva, duque de Terranova, y la mayor de sus tres hijas, María, cumplieron 65 y 18, respectivamente, el pasado 27 de abril. Patricia, que además de duquesa posee un árbol genealógico lleno de títulos —hija de los condes de Cerrajería, nieta de la marquesa de la Puebla de Rocamora, descendiente de Fernando III el Santo e Isabel de Suabia…—, soñaba con organizar para su primogénita una puesta de largo con motivo de su mayoría de edad. Pero María ha preferido algo más sencillo e íntimo.
Eso sí, madre e hija protagonizan un espectacular posado para celebrar el paso a la edad adulta de la joven y, de paso, la supernota con la que ha terminado el bachillerato internacional (IB). Aunque Patricia y Gonzalo se mueren de amor por sus tres niñas —además de María, son padres de Sofía, de quince años, y de Alejandra, de ocho—, no pueden sentirse más orgullosos de su hija mayor, que ha hecho frente a su timidez y, de la mano de su madre, nos concede su primera entrevista.
María, tuviste que aplazar la fiesta de tu 18 cumpleaños por los exámenes finales, pero ya has podido celebrarla, ¿verdad?
Sí. Lo celebré el fin de semana anterior, con mis amigos más cercanos, y estuvo muy bien. Todo muy bien organizado y con la gente que más me importa.
Patricia, en tu caso, los cumpliste el pasado domingo… ¿Tú también hiciste algo sencillo?
(Risas). No, yo soy menos sencilla: lo celebré a lo grande, en el campo. María es mucho más discreta que yo, que soy de celebrarlo todo con mucha gente, con mucho ruido. No es una fecha redonda, porque he cumplido 49, pero es la despedida de los cuarenta, o sea que es importante porque es la anterior a los 50.
"Al ver a la joven en la que se ha convertido María, siento un orgullo máximo. Es una bellísima persona, una niña que es un diez"
El año que viene, entonces, tirarás la casa por la ventana…
Todavía no sé lo que haré, pero será algo muy grande, seguro.
Cuando ves a la joven en la que se ha convertido María, ¿qué sientes?
Orgullo máximo… tanto que me hace llorar. O sea, me hace tan feliz ver en lo que se ha convertido. Pensar que ha cumplido 18 años me ha conmovido mucho porque me ha hecho mirar hacia atrás, cosa que nunca hacemos porque no tenemos tiempo, ¿no? Sus 18 años y la graduación me han hecho recordar a mi bebé y ver que se ha convertido en una bellísima persona, en una niña que es un diez... No le falta nada ni le sobra.
"Para mí, mi madre es mi mejor amiga. Tengo muy buena relación con ella. Le cuento todo, cada duda que tengo, porque confío mucho en sus consejos", nos dice María
Y además saca notazas.
Sí, y también es divertida y tiene su "pandi" maravillosa y además... es que me quedaría corta intentando explicarlo. Embarga mi corazón.
Vuestra complicidad salta a la vista, pero ¿cómo es vuestra relación?, ¿os consideráis las mejores amigas, además de madre e hija?
MARÍA.—Sí, para mí, mi madre es mi mejor amiga. Vino a mi fiesta, estuvo ahí con todos mis amigos. Tengo muy buena relación con ella. Le cuento todo, cada duda que tengo, porque confío mucho en sus consejos.
PATRICIA.—Pasamos mucho tiempo juntas desde siempre. Nos conocemos bien ya (risas). Pero tampoco soy una madre amiga, ¿eh? Soy las dos cosas, también ejerzo de madre. Pero es verdad que tenemos una relación muy muy bonita.
Transmitir bien
¿Eres una madre estricta?
P.—Ah, bueno, depende de para qué (risas).
M.—Sí (risas), depende de para qué. Lo más importante es que siempre le cuente todo y que sepa lo que voy a hacer.
P.—Yo no castigo. Al final, las madres queremos el bienestar de nuestros hijos y, a veces, transmitirlo mal provoca el efecto contrario, o sea, el distanciamiento. Entonces, insisto mucho en transmitir bien, que, aunque lo hayan hecho mal, estoy aquí para ellas. Eso te une. No sé, creo que soy muy estricta en algunas cosas, muy "petarda", y en otras soy bastante abierta, más flexible. Mi baremo es muy largo.
¿Qué valores has querido inculcar a tus hijas?
La bondad ante todo, porque creo que siendo buena persona se es feliz, se llega más lejos, o no, pero si eres buena persona, estás bien contigo misma; la honestidad, y, luego, un poco lo que hacemos todas las madres en el día a día: educación, amistad… Y también la empatía, que creo que es muy importante.
"Insisto mucho en transmitir bien, que, aunque lo hayan hecho mal, estoy aquí para ellas. Eso te une"
¿No os peleáis por la ropa?
M.—Bueno, me quita bastante ropa, pero yo también se la quito a ella (risas).
P.—No, la que se pelea soy yo, la que no encuentra su ropa nunca soy yo... Digo: "Esta noche me voy a poner esto", y cuando voy a cogerlo no se sabe dónde está, y cuando lo encuentro está arrugado en el cajón de una, pero se lo puso la otra y no lo lavó.
M.—Estamos las tres compartiendo ropa todo el rato (risas).








