Es ahijada del rey Juan Carlos, por el que siente "una gran admiración y respeto", pero la princesa Eulalia de Orléans-Borbón -hija de los príncipes Álvaro y Antonella de Orléans-Borbón- también guarda una importante conexión con una Infanta de España que rompió todos los moldes.
Se trata de su tatarabuela la infanta Eulalia de Borbón, la séptima hija de la reina Isabel II y Francisco de Asís, considerada, por muchos, como la más transgresora de la historia de nuestro país. Como nos desvela en una reciente entrevista la joven princesa, que estudia Economía Financiera en la Universidad de St. Andrews, "fui la primera en volver a llevar el nombre de Eulalia en nuestra familia", y esta es su fascinante historia.
Quién fue la infanta Eulalia de Borbón: la tatarabuela 'rebelde' que rompió moldes en la corte
La infanta Eulalia nació en el Palacio Real de Madrid en 1864, aunque su bienvenida no fue muy calurosa -puesto que se esperaba que fuera un varón- y, además, en un momento muy turbulento.
Cuatro años más tarde, en 1868, la Revolución -'La Gloriosa'- llamaba a la puerta, dejando a la Reina sin trono -poniendo fin a 25 años de reinado-.
La Familia Real tuvo que hacer las maletas y partir al exilio. La 'Reina de los tristes destinos' recalaba entonces en París, donde su pequeña Eulalia pudo disfrutar de una infancia feliz lejos de las intrigas palaciegas. Estudió en el colegio del Sagrado Corazón, aprendió idiomas -francés, inglés, alemán e italiano- y, en ese ambiente intelectual, comenzó a forjarse su amor por la literatura, pero su felicidad no duraría mucho.
Cuando se restauraba la monarquía en España –en 1974- y su hermano Alfonso XII se convertía en Rey, su hermana, la infanta Isabel, 'la Chata' -mano derecha del monarca-, pasaba a encargarse de dotar a sus hermanas de una estricta educación. Eulalia, acostumbrada a un ambiente mucho más relajado, aborrecía la vida tan protocolaria que se le imponía en palacio.
El divorcio que cambió la historia: por qué fue la primera mujer de la Familia Real española en separarse legalmente
Su destino ya estaba marcado -muy a su pesar-. Se acordó que se casara su primo, Antonio de Orléans, hijo de los duques de Montpensier -siguiendo los deseos de su hermano-, aunque, entre ellos, no había mucho amor.
Nada más comenzar, Eulalia ya dio cuenta de que su marido -con quien tuvo dos hijos, Alfonso y Luis Fernando de Orléans- tenía varias amantes -la más conocida Carmen Giménez Flores, a la que llegarían a llamar 'La Infantona'-, pero no era el único problema. Según confesaría en sus memorias, además, "derrocharía" la fortuna familiar, lo que dinamitó aún más su ya de por sí frágil unión.
Eulalia comenzó a poner 'tierra de por medio', y empaquetó su vida en maletas. Empezó a viajar por el mundo: Londres, Puerto Rico, Cuba… y se comentaba que, también, mantenía relaciones extramatrimoniales.
Sea como fuere, lo cierto es que en 1900, todo cambió y dio un golpe en la mesa, pidiendo el divorcio a Antonio de Orléans. Se instaló en casa de su madre, "dispuesta a arrostrarlo todo: opinión pública española, iracundia de mi familia, calumnias, pleitos, lo que viniera, pero que consideraba necesario para salvar de la ruina a mis hijos".
La separación supuso un escándalo sin precedentes. Era "la primera mujer de la Familia Real española en divorciarse, algo que en su momento le provocó su exilio en Francia", como nos comentaba la princesa Eulalia.
Dos años más tarde, llegaba el acuerdo de separación.
El libro que escandalizó a España
De nuevo, Eulalia dejó Madrid, con la vista siempre puesta en su querida París -"en Francia, parecía natural lo que en mi tierra clamaba al cielo", recordaría-. Recuperó su libertad, volvió a ser "dueña de mí misma", como ella misma aseguraba, y con sus hijos ya fuera del nido, pudo dedicarse a lo que más le gustaba, viajar y, también, escribir.
En 1911, publicaría Au fil de la vie, un libro en el que, entre otras cosas, hablaba de temas como la emancipación de la mujer, algo inusual para su época. Su obra causaría, por supuesto, otro gran revuelo, pese a que ella insistía en que no aspiraba a ser "otra cosa que un índice señalando los caminos que la sociedad tomaba y su único mérito consistía en ser un poco profético" -porque también anticipaba el fin de las monarquías en el viejo continente-, y su sobrino, el rey Alfonso XIII, le prohibía la entrada en España.
Eulalia iría de corte en corte, hasta que, a principios de los años veinte, volvió para emprender de nuevo el vuelo a la ciudad del Sena, en 1930 – cinco años después, se publicaban las Memorias de Doña Eulalia de Borbón-.
Tras la Guerra Civil, llegaba a Irún, donde llevó una vida a la sombra. El general Franco le dio una pensión de por vida y le puso un chófer. En 1957, sin embargo, tras un accidente doméstico, se quedaría en silla de ruedas. Un año más tarde, en 1958, fallecía a los 96 años. Ahora, su tataranieta, con la que comparte nombre, la recuerda como aquella "mujer muy fuerte, original y con una personalidad extraordinaria" y ya ha comenzado a leer su famoso libro. "Si no recuerdo mal, llegó a prohibirse en España en su época", nos comentaba la princesa que, ahora, nos redescubre a uno de los personajes más apasionantes de nuestra historia.









