Bajo el cielo infinito de Gran Canaria y con el aroma del Atlántico como testigo, la isla se ha vestido de gala para celebrar uno de los enlaces más esperados de la temporada. Marta Vaca, la creativa y fundadora de la firma Seasons by Macabla, que ha conquistado el armario de las influencers más destacadas, ha contraído matrimonio con el empresario Agustín Manrique de Lara Gómez-Acebo. Una boda marcada por la alegría, el diseño y, sobre todo, por una presencia que no ha pasado desapercibida para nadie: la de Manuela Ochoa.
Para Manuela, esta no era una invitación cualquiera. Han pasado cuatro meses desde aquel fatídico diciembre de 2025 cuando su vida dio un vuelco desgarrador al perder a su prometido, Pedro Cadahía, apenas unos días después de comprometerse frente a la Virgen de Guadalupe. Sin embargo, el profundo lazo que la une a los recién casados —especialmente a Agustín, del cual es íntima y mantienen una amistad inquebrantable— la ha llevado a Gran Canaria en la que ha sido su reaparición más significativa y valiente. “No tengo palabras para lo que fue el día de ayer”, comenzaba describiendo la joven. También confesó que en esta celebración no pudo contener las lágrimas, y que estuvo “llorando de principio a fin”, en este día tan especial.
La conexión entre Manuela y los novios es profunda. Cabe recordar que hace algunos años, las dos parejas realizaron un viaje inolvidable a México, donde forjaron recuerdos que hoy cobran un valor incalculable. Manuela ha querido estar presente para compartir la felicidad de sus amigos, demostrando una vez más que, como ella misma ha expresado recientemente, "al cielo se llega amando". En un día como este, la joven ha querido compartir la enorme emoción que supone para ella ver a sus amigos cumpliendo un sueño: "Lo afortunada que soy". Además, quiso dedicar unas palabras a su gran amiga y la describió como "la novia más guapa del mundo".
La novia, una lección de estilo minimalista
Como experta en tendencias, todas las miradas estaban puestas en el secreto mejor guardado de Marta Vaca. La diseñadora sorprendió con un look de sofisticación minimalista, una pieza de líneas limpias y silueta fluida que abrazaba su figura con delicadeza. El diseño destacaba por un escote cuadrado —o tipo bateau— con tirantes finos que aportaban una estructura etérea. El toque maestro residía en un exquisito drapeado lateral en la cintura, recogido por dos broches en forma de estrella de plata y brillantes, un guiño astral que rompía la sencillez del tejido blanco roto.
Marta compartió con sus allegados momentos de una intimidad sobrecogedora: “Llegaron todas mis testigos a casa a verme antes de ir a la iglesia. Fue tan heavy y especial ese momento”, revelaba con emoción. La presencia de su círculo más cercano fue el mejor bálsamo para los nervios: “Estaba tan emocionada... Me quitó todos los nervios ver a mis amigas”. El ritual de vestirse fue un homenaje a la familia y la amistad: “Con todas mis testigos, mi madre y mi hermana me pusieron el velo”.
Un banquete bajo las estrellas
Si el vestido era una oda a la sencillez, el ramo fue una explosión de vida. De estilo silvestre y desestructurado, las ranúnculos naranjas y los crisantemos en verde claro aportaban un contraste vibrante al conjunto. Esta estética se trasladó al banquete, celebrado bajo una carpa transparente que permitía cenar bajo el firmamento. Las mesas imperiales se decoraron con un lujo orgánico, donde destacaban allium gigantes en tonos lavanda y cristalería en tonos ámbar y verde, creando una armonía perfecta con la vegetación del entorno.
La celebración tuvo como epicentro el exclusivo Club de Maspalomas Golf, un lugar con un significado especial para el novio. Durante toda la semana previa, los invitados se alojaron en el emblemático hotel Costa Meloneras, disfrutando de las bondades del clima canario antes del gran día, cuya preboda tuvo lugar en la intimidad de la casa familiar del novio.
Un baile a la luz de la luna
Al caer la noche, el ambiente se tornó mágico. El primer baile de los recién casados tuvo lugar en el exterior, bajo la luz de la luna, en un escenario iluminado por luces cálidas que envolvían a los invitados en una atmósfera de ensueño. La fiesta posterior, que contó incluso con una bola de discoteca para animar la velada, fue el broche de oro a una jornada donde el amor, en todas sus formas, fue el único protagonista.












